El mundo quiere convencerse de que Donald Trump no hará lo que dijo que iba a hacer. Con más ganas que datos, se sostiene que «el sistema no le va a permitir» aplicar sus promesas racistas, misóginas, xenófobas y homofóbicas. Se dice, también, que no tendrá margen para ejecutar su declamado programa ultraproteccionista, que la mentada «guerra comercial» a China no pasará del exabrupto retórico y que la salida de los Estados Unidos de la Organización Mundial de Comercio –y de los tratados de libre comercio- fueron apenas brulotes de campaña.

Quizá ocurra eso. Quizá no. En estos tiempos huracanados, conviene desconfiar de los que ofrecen pronósticos cerrados. Encuestadores y analistas vienen errando parejo. Los cisnes negros, parece, ya son una plaga. Mejor ser precavido y leer con atención el informe que Tiempo Argentino publica en su edición de hoy, donde se desmenuzan las promesas de Trump y se anticipa qué impacto podrían tener esas decisiones sobre la Argentina. Una pista: el gobierno debiera ir contemplando dar un drástico volantazo en su política de hiper endeudamiento y «apertura al mundo».

Es razonable que se especule con lo que Trump podría o no hacer, pero también resulta útil observar lo que la elección ya destapó. Por ejemplo, que buena parte de estadounidenses votaron a un multimillonario de discurso neo fascista para que le devuelva «la grandeza a América». No es poca cosa corroborar que en la principal potencia militar, económica y cultural del planeta hay un montón de gente que cree que sus problemas se solucionan masacrando extranjeros, suprimiendo derechos civiles, aplicando la supremacía racial y armándose hasta los dientes.

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La novedad no es que esa mayoría exista –Matt Groening lo advierte y refleja desde hace décadas con Los Simpson-, sino que haya arribado a la cúspide del poder. El maldito Charles Bukowski anticipó que este día llegaría, y con aires de revancha. «Nuestro hombre blanco norteamericano nunca protesta», escribió el genial borrachín de prosa procaz y filosa. «Giving thanks» (En gratitud) se titula el largo y provocativo poema donde Bukowski despotrica contra la corrección política y lanza loas al que hoy se describe como el votante promedio de Trump: Me descubro ante el hombre blanco norteamericano de clase media./ el hazmerreír/ de todos,/ el payaso,/ el bruto,/ el espectador de tv,/ el bribón,/ el bebedor de cerveza,/ el cerdo sexista,/ el marido inepto,/ el bobo,/ barrigón/ descerebrado/ capaz de aguantar cualquier/ maltrato posible/ sin decir/ nada/ limitándose a encender otro puro,/ repatingarse en el sillón e intentar/ sonreír./ ¡brindo por este héroe olvidado!

Bukowski murió en 1994 y el poema se publicó en 2002. Su «héroe olvidado», ahora, gobernará el mundo. Queda saber qué hará con él.