La justicia tarda y, a veces, llega por los vericuetos menos imaginados. En tiempos de plataformas de streaming no debería llamar la atención que un documental de Netflix haya desempolvado viejas demandas de dos condenados por el crimen del líder activista negro Malcolm X. El caso es que finalmente, a pesar de que pasaron 55 años y uno de los inocentes que pagaron por un asesinato que no habían cometido ya murió, puedan ver sus nombres limpios por el mismo sistema que los había condenado – a las apuradas – en 1966.

En febrero del año pasado, fue presentado ¿Quién mató a Malcolm X?, un trabajo de investigación dirigido y producido por Phil Bertelsen y Rachel Dretzin. Bertelsen ya había dirigido la serie Blacklist. En este tuit recomendaba no perderse los seis capitulos de la serie que investigó “vida y misterios alrededor del asesinato de uno de los más dinámicos líderes de todos los tiempos”.

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Dretzin había producido algunos capítulos Frontline, sobre una ola de casos de abuso infantil a fines de los 80 en EEUU y es una militante antirracista. Acá lo demuestra con un mensaje de solidaridad con las movilizaciones “alrededor del país y el mundo del equipo de ¿Quién mató a Malcolm X?” a Black Lives Matter, la causa tras los crímenes de afrodescendientes a manos de la policía que surgió tras la muerte de George Floyd.

En el documental se demostraba con testimonios y el simple recurso de contrastar evidencias, que dos de los sentenciados a cadena perpetua habían sido chivos expiatorios convenientes para cerrar el magnicidio en una época oscura de la historia de Estados Unidos.

John Kennedy había caído en Dallas el 22 de noviembre de 1963, la guerra de Vietnam generaba protestas masivas en todo el país y la comunidad negra reclamaba por sus derechos, abruptamente eliminados luego del triunfo del Norte en la Guerra Civil, un siglo antes. Y en el FBI sentaba sus reales, como hacía 40 años, el tenebroso Edgard Hoover.

En ese contexto, Malcolm Little comenzó a hacerse conocido como activista de los derechos de los afrodescendientes. Era la época en que muchos de ellos, los más radicalizados, se convertían al Islam y cambiaban sus nombres por otros relacionados con esa fe. Estaban a la izquierda del pastor de la iglesia bautista Martin Luther King -asesinado tres años después -y lo demostraban a cada paso.

Así como el boxeador Classius Clay pasó a ser Muhammad Alí, Malcolm fue El-Hajj Malik El-Shabazz, aunque se hizo conocido como Malcolm X. La X porque quería demostrar que era uno más, un anónimo. Así se explican los apelativos de Thomas Johnson (luego Khalil Islam y entonces Thomas 15X Johnson ) y Norman Buttler (hoy Muhammad Abdul Aziz, en esa época Norman 3X Butler). Khalil y Muhammad estaban en el Audubon Ballroom de Manhattan el 21 de febrero de 1965, cuando tres individuos acribillaron a balazos a Malcolm X durante un discurso ante sus seguidores.

El líder negro había integrado la organización conocida como Nación del Islam, pero luego había profundizado su estudio de la situación mundial y se había ido acercando a movimientos del Tercer Mundo en un momento en que crecían las luchas antiimperalistas en todo el planeta.

Undated picture of Malcolm X (C), the leader of the Organization for the Afro-American unity. (Photo by AFP)

“Escuchar a líderes como (el egipcio Gamal Abdel) Nasser, (el argelino Ahmed) Ben Bella y (el ghanés Kwame) Nkrumah han hecho darme cuenta de los peligros del racismo”, dijo en un reportaje tres días antes de ser eliminado. A esa altura, las luchas por las libertades civiles de las comunidades oprimidas de EEUU eran para él una instancia particular de la lucha de clases internacional.

Por eso Malcolm X era un hombre peligroso para el sistema, en un momento en que el sistema se sentía amenazado en varios frentes externos pero también adentro, con el crecimiento del movimiento antibélico que se oponía a la intervención militar en el sudeste asiático. El distanciamiento de Malcolm X con la Nación del Islam, la organización fundada en 1930 por Wallace Fard Muhammad y por entonces dirigida por Elijah Muhammad, fue un hecho también determinante.

Aquel día de febrero, tres hombres dispararon sobre él. Uno de ellos, Tomas Hagan, luego Mujahid Abdul Halim, terminó por confesar que había participado del homicidio. Siempre dijo que Khalil Islam y Muhammad Abdul Aziz no habían tenido nada que ver, pero se negó a identificar a los cómplices. Los tres terminaron condenados a cadena perpetua. Aziz, que actualmente tiene 83 años, quedó libertad en 1985. Islam salió de la cárcel en 1987 y murió en 2009. Halim, de 80 años, fue liberado en 2010.

Al ver el documental, el estudio de abogados de David Shanies y el fiscal fiscal del distrito de Manhattan, Cyrus Vance Jr profundizan una investigación para determinar cómo fueron los hechos. Este miércoles, vance Jr. dijo en un reportaje a The New York Times que la causa contra Khalil Islam y Muhammad Abdul Aziz había sido poco menos que una maniobra destinada a enterrar el caso a como diera lugar sin importar los hechos.

“Noticias de última hora -dice el texto- Se espera que dos de los hombres declarados culpables del asesinato de Malcolm X tengan sus condenas desestimadas, lo que valida las dudas arraigadas sobre quién mató al líder de los derechos civiles”.

“NOTICIAS: DA Vance, @innocence y Shanies Law Office se moverán para anular las condenas injustas de dos hombres por el asesinato de Malcolm X. Más por venir mañana”, sobre la conferencia de prensa anunciada para hoy.

Cyrus Vance Junior tuvo algunos casos en sus manos de bastante impacto, como denuncias por abuso sexual contra el magnate Jeffrey Epstein, el ex director del FMI Dominique Strauss Khan, y el expresidente Donald Trump, entre otros. Es hijo de otro Cyrus Vance que fuera secretario de Estado durante el gobierno de Jimmy Carter. En ese rol, Vance Senior emplazó al dictador Jorge Rafael Videla con una lista desaparecidos, en 1979.

El hijo ahora encontró que detrás de la condena por el crimen de Malcolm X hubo una trama entre la fiscalía de aquella época, el FBI y la policía local para ocultar y cajonear pruebas concluyentes. Y que desecharon la declaración de Halim con tal de cerrar el caso.

Así, absolvió a dos inocentes por un crimen que no habían cometido y por el que pagaron con años de su vida y limpia sus nombres y honor. La justicia llegó, pero 55 años tarde.