Los vientos de incertidumbre parecen estar cambiando en Italia, lo que no necesariamente es augurio de que se avecinan tiempos de bonanza. Tras la nueva crisis política desatada hace casi un mes por la renuncia del titular del Consejo de MInistros, Giuseppe Conte, el hombre de la hora es Mario Draghi. El expresidente del Banco Central Europeo (BCE) se reunió este sábado con dos de las formaciones que resultan imprescindibles para poder formar gobierno, la derecha de la Liga del Norte, de Matteo Salvini y el algo más impredecible agrupamiento Cinco Estrellas. Contando con la promesa de que los seguidores de Silvio Berlusconi y los de Mateo Renzi le darán el OK, es muy posible que en la semana que comienza la dirigencia le dé mandato a un gabinete de coalición amplia para salir del atolladero. Solo la ultraderechista Giorgia Meloni, de Hermanos de Italia, insiste en reclamar elecciones.

Conseguir 209.000 millones de euros para la recuperación de Italia tras la pandemia fue el gran logro de Conte, que tuvo el respaldo inicial de 5 Estrellas y de Salvini, aunque a mitad de camino se despojó de la derecha xenófoba y se alió con la izquierda de Libres e Iguales. Pero una cosa diferente es cómo administrar esa fortuna que según calculó Renzi, es más que el Plan Marshall, que impulsó la economía europea tras la Segunda Guerra Mundial.

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¿Qué mejor, entonces, que forzar la llegada al Palacio Chigi de alguien que garantice que esos monumentales fondos se utilicen al gusto de los sacrosantos mercados? No debe haber en Europa un personaje más adecuado para cumplir ese rol que Mario Draghi, Super Mario como se mienta a este hombre que, según su CV, salvó al euro tras la crisis del 2008 y que ahora puede que salve a Italia en esta instancia clave de su historia.

La nueva crisis política se produjo a mediados de enero, cuando Renzi forzó la caída del gobierno que habían sostenido su partido Italia Viva junto con EEAla agrupación antisistema creada en torno al cómico y bloguero Beppe Grillo, y la izquierda de Libres e Iguales. La pelea era por la administración de los billetes que la Unión Europea puso a disposición de Italia.

Se sabe que el neoliberalismo avanza ante el descrédito de “los políticos” en general, a los que acusa de despilfarrar el erario público en medidas demagógicas para sostenerse en el poder. Y esa montaña de dinero era una tentación en manos populistas que necesitaba, según este criterio, el freno que solo alguien del mundo financiero podría poner.

Draghi, de 73 años, garantiza la “seriedad” que quienes manejan las finanzas requieren en la tercera economía de la UE. Fue presidente den Banco Central Europeo entre 2011 y 2019. Antes había sido gobernador del Banco de Italia y director Ejecutivo del Banco Mundial, entre otros altos cargos públicos.

Fue autor del plan de privatizaciones de empresas públicas italianas cuando era director General del Tesoro de su país, entre 1991 y 2001, por una suma que en su momento llego a casi 100.000 millones de dólares. Y también de una cabriola que los griegos no podrán olvidar: como vicepresidente de la banca de inversión Goldman Sachs -entre 2002 y 2006- fue responsable de una maniobra que permitió al gobierno del conservador Kostas Karamanlis dibujar presupuestos para obtener préstamos a baja tasa. Cuando se desnudó la verdad, Draghi era el mandamás del BCE y junto con el FMI y la Comisión Europea, la otrora famosa troika, obligó a recortes feroces para pagar los platos rotos en una fiesta griega a la que los ciudadanos no habían sido invitados.

Desde los centros del poder real, la convocatoria a formar gobierno que le hizo el presidente Sergio Mattarella fue recibida como un bálsamo. La UE no tendrá problemas en poner dinero, a condición de que lo administre alguien “del palo” financiero. Draghi, dicen, salvó al euro. Pero cuando la burbuja inmobiliaria estalló, desde el BCE salió a comprar la deuda tóxica y en realidad, salvó a los bancos.

Ahora aparecen presiones contra el gobierno de coalición de centroizquierda de España, que arregló unos 70.000 millones de ayuda de la UE. Los mercados exigen un Draghi español para manejarlos.