El discurso de Vladimir Putin el 17 de Junio en el Foro Económico de San Petersburgo fue enfático en señalar que el momento de la historia en que algún país de occidente se sintió el mensajero de Dios en la tierra, por haber ganado la guerra fría, era parte del pasado. Y que el nuevo orden multipolar tenía existencia real en lo  militar, tecnológico, económico, diplomático y geopolítico.

Gracias a que ese nuevo orden internacional no imponía determinadas cosmovisiones,  ni instituciones políticas, sino que respetaba la diversidad civilizatoria que la historia había creado desde que el ser humano existe en el planeta.

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En esos mismos días Rusia anunció que el  cohete hipersónico Sarmat, capaz de alcanzar objetivos a 18.000 kilómetros, con maniobrabilidad suficiente para que ningún enemigo lo pueda repeler, sería incorporado masivamente a su arsenal. Confirmaba lo que había anunciado desde 2018, que Rusia era la primera potencia estratégico-militar del orbe. Y que su aliado China es la primera potencia comercial y financiera del planeta, que en un futuro cercano será la primera economía mundial.

El nuevo polo de poder de China y Rusia se integra en asociaciones internacionales de carácter económico y geo estratégico como la Ruta de la Seda, el Convenio Euroasiático, la Organización de Shangai, el Acuerdo de Seguridad de los países del Asia Central, los Brics, para mencionar algunos.

En los Brics, en el que se encuentra Brasil y es candidato a ingresar Argentina, están China, Rusia, Brasil, India, Sudáfrica. Representan el 42% de la población mundial y el 25% del PBI. Tienen un Banco de Desarrollo y estudian la creación de una cesta de divisas nacionales que pueda funcionar como moneda de reserva en sus intercambios económicos.

La Unión Europea había nacido como la utopía de un estado transnacional que hiciera realidad el sueño de Aldous Huxley en El mundo feliz: un estado de bienestar en estados nacionales soberanos.  Esto se ha transformado por la miopía de élites europeas en la utopía orwellian de 1984, por la existencia de un Gran Hermano, que del otro lado del océano les dicta la política internacional contra China, Rusia, y diversos países no obedientes a los dictados de la Casa Blanca

San Petersburgo permitió constatar también la asistencia de personalidades oficiales de 40 países y de múltiples empresas, incluso de países no amigos de Rusia, que las casi 11000 sanciones económicas contra Rusia se habían convertido en un boomerang para Occidente expresado en inflación y reducción del bienestar de sus ciudadanos.

La locura extremista de algunos que quieren prohibir la difusión de la obra de genios de la cultura universal, como Tolstoi y Dostoievski, para citar solo dos, ha fracasado. Ese intento de la cancelación de la cultura obedecía a la exacerbación de la rusofobia de larguísima data. Porque en “La guerra y la paz” Tolstoi retrata el fracaso de un genio europeo como Napoleón Bonaparte en su objetivo de someter a Rusia y Dostoievski, en su literatura psicológica, ofrece elementos para analizar la esquizofrenia de la política exterior occidental que relaja las sanciones a Venezuela para comprarle petróleo que necesitan para sustituir el petróleo de la sancionada Rusia, principal aliado de Venezuela.

En Francia, Emmanuel Macron fracasó electoralmente al perder la mayoría absoluta en el parlamento. Ahora está ante la disyuntiva de cohabitar con  Jean-Luc Mélechon de la Francia Insumisa o mal gobernar con frágiles alianzas de centroderecha para terminar su período.

Desde su tumba, Víctor Hugo le dice a Macron que  los actores de su genial obra Los miserables quieren y pueden cogobernar Francia. Macron decidirá.

En América Latina y el Caribe el presidente argentino Alberto Fernández a nombre de la CELAC expresó el malestar del continente latinoamericano y caribeño por la discriminación de países que no se han caído del mapa de las Américas y no habían sido invitados a la Cumbre de las Américas, por Joe Biden, presidente de Estados Unidos y anfitrión ocasional sin derecho a decidir quienes debían o no ser invitados.

El presidente argentino le manifestó a su colega de EE UU que la OEA no puede seguir encabezada por Luis Almagro, cómplice de golpes de estado y encubridor de masacres populares por parte de un gobierno de facto boliviano que se encumbró ayudado por las oscuras maniobras de Almagro.

En Colombia, el senador Gustavo Petro arrancó la joya de la corona a una oligarquía que ha gobernado dos siglos (con el corto interregno diferente de Ernesto Samper) con el apoyo irrestricto de EE UU que tiene siete bases militares en ese territorio. Es el país primer exportador de cocaína en Latinoamérica y segundo en el mundo después del Congo. Tiene una bicentenaria  desigualdad y centenaria violencia política y delincuencial, que es un socio honorario de la OTAN.

Por ello Petro le expresó a la vicepresidenta argentina en una conversación telefónica que su principal tarea sería construir la paz. Los acuerdos de paz que lideró el ex presidente Juan Manuel Santos y los jefes de las FARC contienen no solo un “adiós a las armas” sino un conjunto de medidas ecosociales que pueden ayudar a los sectores de menores ingresos. Esos acuerdos han sido saboteados sistemáticamente por el uribismo paramilitarista.

Petro tiene los records de haber llegado vivo a las elecciones sin dejar de cuestionar a un status quo que asesinó a Jorge Eliécer Gaitán y a Luis Carlos Galán. Y de haber cosechado la mayor votación en el siglo XXI.

Ya hay declaraciones del ELN y de los disidentes de las FARC en favor de negociar con el nuevo gobierno un nuevo “adiós a las armAs”. Esos buenos augurios no  pueden quitar la frialdad analítica para ver que Petro y Francia Márquez solo han ganado una parcele del poder del Estado. No tienen mayoría en el Congreso. Sus adversarios controlan el poder judicial, los grandes medios de comunicación son contrarios al cambio estructural y el jefe de las fuerzas armadas manifestó, violando leyes y normas éticas, su oposición a Petro durante la campaña. Y está el omnipresente narcotráfico cuyo peso en la vida colombiana es tan grande como elusivo.

Francia Márquez ha sentido ya el ataque racista de una periodista de CNN  preguntándole sobre si “vivir sabroso” es residir en la mansión  que le corresponde como vicepresidenta, a lo que la afro colombiana electa le  respondió que vivir sabroso para su pueblo es vivir sin miedo y no en una mansión.

Cuando lo interrogaron desde Madrid sobre las declaraciones del escritor premio Nobel Mario Vargas Llosa, sobre que el pueblo colombiano había votado mal, Petro dijo que el primer deber de un liberal demócrata es respetar al pueblo que emite libremente su pronunciamiento mayoritario en las urnas. Posiblemente pensaba más en la respuesta de Aureliano Buendía, requerido por su mujer acerca de que comerían si el gallo perdía y el coronel que no tenía quien le escriba respondió “mierda”.

Vargas Llosa se quedó una vez más en silencio, como en sus opiniones sobre el triunfo de Boric, en Chile, de AMLO, en México, de Castillo, en Perú. Una vez más había cometido una infortunada incursión en la política latinoamericana reciente, fracasando en su aparente afán de semejarse, careciendo de su genialidad, al gran Jorge Luis Borges, famoso por sus insólitas declaraciones sobre la política argentina e internacional.

En Ecuador un banquero Guillermo Lasso está fracasando estruendosamente en su gestión. Después del éxito con la vacunación masiva no ha sido capaz de atacar y resolver ninguno de los grandes problemas que arrastra un país urgido de soluciones.

No ha reactivado la economía y el empleo. Ha fracasado en frenar la consolidación de un narco-estado surgido en este siglo y su secuela de inseguridad. No ha reformado la matriz jurídica de varios males, que es la Constitución de 2008. Está recientemente  acusado de mentir en su declaración juramentada de bienes por un grupo de diputados del Partido Demócrata de USA, y por la inacción de su gobierno ha vuelto multisectorial étnica , social y políticamente una protesta inicialmente indígena.

En su incapacidad descalificada públicamente por Juan Manuel Fuertes, quien fungió como subsecretario de Gobierno de Lasso, y lo ha señalado como un gobierno fallido por la absoluta incapacidad del presidente y su círculo de gobierno, Lasso recurre a la peor de las armas para un líder democrático responsable, que es el racismo.

Con foto montajes del presidente de la CONAIE, supuestamente alojándose en un hotel de lujo mientras sus bases están protestando en las calles, impulsó pulsiones racistas convertidas en manifestaciones que pretenden desconocer el carácter pluriétnico de las protestas que sacuden al país.

El gobierno ignora que el mestizaje siempre tiene una prevalencia de las etnias de piel morena o negra en el ADN, que el líder indígena que preside la CONAIE no solo muestra capacidad de dirigente social sino político, porque demanda cambios no sectoriales sino nacionales. Y que el más grande valor de la cultura ecuatoriana  ha sido el pintor Osvaldo Guayasamin, de fama mundial, indígena orgulloso de su etnia y patriota de un Ecuador unido en su diversidad. Gigante entre los grandes, universal en su cultura y generoso ser humano, que comparte la tumba con un escritor ecuatoriano consagrado, mestizo de procedencia medio oriental. Su nombre es Jorge Enrique Adoum,  quien solía alabar en Guayasamin la grandeza de la desmesura.