La falta de combustible trastorna la vida de los británicos: los productos apenas llegan a los supermercados, no es fácil acudir a los trabajos y los servicios esenciales, desde la salud hasta la recolección de basura, se encuentran al borde de la parálisis. Y aunque Boris Johnson minimice los efectos, el Brexit explica buena parte de esta crisis. 

En concreto, el divorcio con la Unión Europea detuvo el libre flujo de trabajadores hacia el Reino Unido y en pocos meses la isla quedó sin los miles de camioneros europeos que resultaban clave para su funcionamiento. El gobierno creyó que podía manejar la situación. Pensaba entrenar a choferes británicos, pero las restricciones por la pandemia frenaron los planes. Para rematar, algunos conductores locales adelantaron su retiro y otros extranjeros volvieron a sus países de origen, dejando en jaque a las redes de abastecimiento.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

La logística tambaleó y las filas de autos en las estaciones de servicio se tornaron inusualmente largas. Johnson confió en que la histeria colectiva iría bajando en intensidad. Pero las imágenes de peleas a trompadas frente a los surtidores y las denuncias contra playeros por agresiones e insultos en distintos puntos del país desmintieron las ilusiones del primer ministro, que terminó aprobando unas 5000 visas para conductores extranjeros.

“Muchos trabajadores se fueron porque se requiere visa para trabajar en Reino Unido, cuando antes no era necesario. Todo esto genera una especie de agujero negro en el mercado laboral. Esto no solo afecta la logística, sino que se replica en otras industrias y servicios. Las visas temporales no resuelven el problema de fondo porque no son tan atractivas como la posibilidad de mudarse y armar un plan de vida”, sostiene Ezequiel González Ocantos, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Oxford.

Además, la cantidad de permisos concedidos es bastante baja y Europa logró “reabsorber a los choferes, que volvieron a raíz de la pandemia y del Brexit”. Si bien el secretario de Transporte británico Grant Shapps culpa al virus por la “escasez global de conductores de vehículos pesados a nivel mundial”, lo cierto es que solo en el Reino Unido el ejército tuvo que salir con camiones cisterna a llevar combustible a las estaciones de servicio.

Para Johnson, un entusiasta defensor del Brexit que llegó al poder a mitad de 2019, significa otro revés que se suma a los cuestionamientos a la gestión de la crisis sanitaria. El gobierno ha gastado demasiada energía en las negociaciones con sus exsocios de la UE y la promesa de nivelar los ingresos en todas las regiones del país se hace esperar.

El analista considera que “Johnson necesita revalidar su vínculo con los exvotantes laboristas que le dieron el triunfo en algunas circunscripciones en el norte de Inglaterra”, y para eso debe demostrar “que es capaz de dar un empujón económico, social y de desarrollo a las regiones postergadas”. Quizás esa necesidad lo impulsó a reformar el Gabinete hace dos semanas.

Pero a comienzos de septiembre anunció un aumento impositivo para financiar la atención médica y de cuidados a adultos mayores, aunque sabía que estaba rompiendo una promesa de campaña y transgrediendo un tabú entre los conservadores. “Eso le produjo una baja en las encuestas. No sería una buena idea rifar una mayoría sumamente holgada en el Parlamento con un llamado anticipado a elecciones” como se rumorea, señala González Ocantos.

Una reciente encuesta de YouGov le da al Partido Conservador un 39% de intención de voto frente al 32% de los laboristas. Dos meses atrás, la misma encuestadora registraba una diferencia de diez puntos. La buena noticia para los conservadores es que ni siquiera los votantes laboristas están convencidos del liderazgo opositor.

Pero las alianzas del primer ministro también se resquebrajan. Los unionistas norirlandeses le exigen suspender el protocolo con la UE que le reserva un trato preferencial que, a sus ojos, distancia a la región del país.

Con el objetivo de mantener inalterada la frontera con la República de Irlanda, Irlanda del Norte continuó dentro del mercado único europeo. El Brexit también cargó de controles aduaneros y demoras burocráticas a la economía norirlandesa. Una respuesta implicaría seguir negociando con la UE. “Mientras no se resuelva el tema, la relación va a ser muy tensa”, explica González Ocantos. “Eso genera incertidumbre para inversores e impide una agenda positiva entre Londres y Bruselas”.  «

Laboristas desorientados

Esta semana se celebró en Brighton, al sur de Inglaterra, el congreso del Partido Laborista, donde el líder de esa fuerza, Keir Starmer, aprovechó para responsabilizar al primer ministro Boris Johnson de los daños colaterales del Brexit y de la crisis de abastecimiento que sufre el Reino Unido. “¿Qué nos dice todo esto sobre el gobierno? Ignorar el problema, culpar a alguien más y luego pensar en una solución a medias”, disparó. Pese a la fuerza del discurso, Starmer apenas puede aglutinar al partido alrededor de su figura.

“El gobierno tiene enfrente una oposición con muchos problemas. El laborismo sigue dividido entre la izquierda de Jeremy Corbyn y el centro de Stamer. Las divisiones quedaron expuestas durante el congreso. La asamblea del partido ha votado iniciativas con las que Stamer no está de acuerdo. Todo eso complica la idea de que el laborismo esté condiciones de hacerse cargo del gobierno”, afirma el profesor de Oxford.

En un escenario menos desafiante, Johnson podría capitalizar fácilmente los desacuerdos dentro del laborismo. Pero tiene sus propios problemas entre las filas conservadoras y sus aliados naturales.