No es la primera vez que un informe interno del Banco Santander de Brasil revela intenciones golpistas de la entidad bancaria española. En julio de 2014, cuando se avecinaba la reelección de Dilma Rousseff, un mensaje a sus clientes VIP alertaba que  “si la presidenta se estabiliza o sube en las encuestas, la moneda volvería a desvalorizarse, los intereses retomarían su alza y el índice de la Bovespa (la bolsa de Sao Paulo) caería”.

Ahora, cuando Lula da Silva crece en los sondeos para 2022, otro analista del Santander alarma en un documento para la crema de sus clientes sobre “la perspectiva del retorno al poder de la maquinaria de corrupción del gobierno de Lula”. Y para no quedarse en el apronte, agrega que “si el sistema político y judicial, si el establishment brasileño encuentra cómico al gobierno de Bolsonaro, el retorno de Lula y sus aliados representa una amenaza mucho más seria”. Pero no se trata solo del banco que explica la cuarta parte de sus ganancias globales en sus negocios en Brasil. Grandes empresarios brasileños se muestran dispuestos a movilizar todos sus esfuerzos para evitar el regreso del dos veces presidente. Así lo refleja un artículo de O Estado de Sao Paulo que revela el activismo antiLula de Pedro Passos, dueño de la multinacional de cosméticos Natura, Pedro Wongtschowski, del grupo Ultra -que comenzó como empresa energética y ahora se dedica a las inversiones- y Horácio Lafer Piva, ex-presidente de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo, la poderosa FIESP.

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