La presión de la derecha y la creciente crisis interna con el sector más radicalizado de Perú Libre llevaron al presidente de Perú, Pedro Castillo, a tomar una determinación extrema: a poco más de dos meses de iniciar su gobierno, cambió a casi todo su Gabinete, amplió el espectro político a sectores moderados y liberales, y desplazó a figuras alineadas con el titular de PL, Vladimir Cerrón, quien cuestionó los cambios. El retiro principal fue el de Guido Bellido, el presidente del Consejo de Ministros, y con él a todo el Gabinete, tal como establecen las normas peruanas, aunque 12 de los 19 ministros fueron ratificados. El jefe de Gabinete, asediado desde el primer día por la extrema derecha, fue reemplazado por la activista ambientalista y de DD HH, Mirtha Vásquez, oriunda de Cajamarca como Castillo y expresidenta del Congreso, durante el gobierno de Francisco Sagasti, por el Frente Amplio, considerado como de izquierda moderada. Su incorporación genera incertidumbre en los espacios que apostaban a cambios de raíz. Sobre todo porque una de sus primeras declaraciones fue que la convocatoria a una Asamblea Constituyente, punta de lanza de a campaña castillista, “no es una prioridad del gobierno”.

Entre los ingresantes, Castillo nombró como ministro de Producción a José Incio Sánchez, del partido Acción Popular. Quienes saludaron los cambios fueron el titular de ese partido, el excandidato presidencial Yonhy Lescano, y la presidenta del congreso, Carmen Prieto.  AP cuenta con 17 bancas en el Parlamento, valor codiciado para un gobierno que enfrenta a una derecha abroquelada y al acecho. En Educación, Castillo nombró a quien formó parte de su equipo técnico electoral, Carlos Ballardo. Betsy Chávez asumió en el ministerio de Trabajo, poniendo fin al dilema con Íber Maraví, a quien la oposición quería destituir a toda costa creando un frente de conflicto al gobierno que había empezado a considerar la “cuestión de confianza”, una medida con alto costo político ya que implica disolver el Parlamento y convocar a elecciones legislativas. Hasta el miércoles, Chávez integraba la banca de Perú Libre y es considerada parte del ala “moderada”. Algunos  legisladores oficialistas apoyaron las nuevas medidas, en contraposición con el ala dura del partido, encabezada por el jefe de bancada Waldemar Cerrón, que las consideró una “traición”. Puso en tuiter: “No debemos olvidar que los Judas se ahorcaron solos”. Su hermano, Vladimir, continuó con las críticas públicas, confirmando lo que varios medios anunciaron –esta vez acertando- como una “grieta” entre Castillo y el partido.

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“Estamos seguros de que con el Gabinete actual ni siquiera se intentarán cumplir las promesas de campaña, será un espacio para defender el status quo, se mantendrán los privilegios de siempre y la discriminación histórica al pueblo. La tarea de cumplir sigue siendo del Partido”, tuiteó el titular de PL. Y ratificó su postura ante la reforma constitucional: “Instaurar la Asamblea Constituyente no depende del presidente, del ministro de Justicia, del Congreso, ni del premier, depende exclusivamente de la decisión del pueblo. Art. 32 de CPP. Consulta popular por referéndum: reforma total o parcial de la Constitución. Está claro”.

Para sectores cercanos, los cambios implican un “respiro” para el gobierno, acosado desde el principio por la ultraderecha y cercado internamente por un frente que busca tener mayor representación en la administración. Aseguran que “el comportamiento de Perú Libre era conflictivo con el propio presidente y no por cuestiones programáticas, en el fondo era el juego de las sillas”. No alcanzó que entre los nuevos funcionarios figure Luis Barranzuela, abogado de Cerrón, Bellido y Perú Libre, como ministro de Interior. Sí para que la oposición encuentre nuevos blancos a quienes dirigir sus pedidos de censura y su “terruqueo”, la consabida acusación de vínculos con el terrorismo.

Otro cambio importante, al menos en lo gestual, fue que el Gabinete pasó a tener cinco mujeres en lugar de las dos del saliente. Esto podría leerse como una respuesta a las acusaciones de misoginia contra Bellido. Así fue leído también el juramento de su reemplazante, quien lo hizo “por este país de mujeres y hombres que todos los días luchan por vivir con dignidad, sin discriminación, y que promueven reales cambio”.

Entre los ministros ratificados está el de Economía, Pedro Franke, lo que da a entender que el plan económico no sufrirá alteraciones. “La nueva etapa en el  Gobierno del Pueblo busca fomentar el diálogo, la gobernabilidad y el trabajo en equipo. Nuestro gran objetivo es luchar por los más vulnerables y vamos a lograrlo”, tuiteó Castillo a modo de conclusión.

Ahora, al parlamento

Los cambios de Gabinete y la crisis interna en el gobierno desconciertan a propios y ajenos. La oposición de derecha mantenía estos días una posición expectante frente a las novedades, y sus medios se encargaron básicamente de reflejar la “grieta” entre el presidente y la línea dura del partido Perú Libre. La próxima prueba será cuando los nuevos ministros deban ser refrendados por el Parlamento, tal como exige la actual Constitución, esa que se pretendía reformar. No hace mucho, ese Congreso había aprobado el primer Gabinete, pese a rechazar al premier y algunos ministros. Envalentonada con algunos avances, la derecha amenaza con decretar la “vacancia” de poder y así destituir al presidente. Ya lo hizo con Pedro Pablo Kuzcinsky. Los partidos de derecha dominan un Congreso fragmentado. Pero ninguno tiene mayoría y el oficialista Perú Libre es la primera minoría con 37 de las 130 bancas. Keiko Fujimori, excandidata que perdió en el balotaje frente a Castillo, aseguró con tono injerencista que “el presidente Castillo no está, no habla, no hace cambios; entonces, si él no se atreve, el Congreso tiene que tomar decisiones, y así se hará”. Este fin de semana, la derecha convocaba a una “firmatón” para oponerse a la Constituyente. Aseguran que en estos días podría sumar unas 500 mil firmas al millón y medio reunido hasta ahora.