Carlos Fuentes, en una novela cuya argumentación y trama ocurre en base a cartas, en el estilo de la famosa Relaciones Peligrosas de la literatura francesa del siglo XIX, recreó un conflicto entre México y Estados Unidos en el siglo XXI.

En la novela de Fuentes México amenaza ser agredido, bloqueado y aislado digitalmente por una controversia con EE UU.

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México es un país de gran diversidad étnica, social, cultural, que tiene una singularidad geográfica e histórica. Está en el mapa dentro de América del Norte. Económica y comercialmente también es parte de Norteamérica, porque más de dos tercios de sus intercambios económicos se dan con EE UU y Canadá. Sin embargo, el idioma, la religión, la filosofía, la historia, la política, son culturalmente es parte de América Latina.  Eso lo analizó agudamente el periodista Alain Riding en su libro Vecinos Distantes.

México ha sido el gran animador y revitalizador de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos) que ahora preside el presidente Alberto Fernández de la Argentina.

Tiene un Tratado de Libre Comercio con EE UU y Canadá e integra todos los Acuerdos de Integración Latinoamericana y Caribeña que existen. Junto a Chile es el país latinoamericano que tiene más tratados de libre comercio con distintas regiones del mundo.

Ahora está ad-portas de un conflicto con sus socios de EE UU  y Canadá, cuyos gobiernos defienden los intereses de sus empresas en un área sensible como es la energía, en la cual México tiene mandatos constitucionales claros sobre el carácter rector del Estado mexicano en el manejo de todos los recursos del subsuelo. Además hay una consagración jurídica internacional en un capítulo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que reconoce ese mandato constitucional de México.

La amenaza de un conflicto económico y diplomático surge porque Estados Unidos, apoyado por Canadá, cuestiona el capítulo ocho del Tratado que le da a México la potestad de manejar los temas del petróleo y la electricidad.

La argumentación estadounidense es que las empresas públicas mexicanas violan el principio de la competitividad en esas áreas, contrariando uno de los capítulos del Tratado que la garantizan. La controversia tiene varias aristas. Y plantea diversos problemas en distintas áreas. Ya EE UU lo ha sometido a la instancia de Consulta dentro de la normatividad jurídica del Tratado. Si a ese nivel no se consigue un acuerdo, será elevado al nivel de panel donde se toman resoluciones de cumplimiento obligatorio

Hay juristas  mexicanos como José Luis Romero Apis que sostiene que las resoluciones del panel pueden tener las siguientes consecuencias: a) que México acepte el planteamiento norteamericano b) que no lo acepte y sufra multas por alrededor de 100 mil millones de dólares (la mitad de su Reserva Monetaria) o c) que México sufra un bloqueo semejante al que ejerce EE UU sobre Cuba hace más de seis décadas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador  ha elevado las notas políticas de la sinfonía del conflicto amenazando con sacar a México del Tratado, expresando que México no puede tener un presidente títere de gobiernos extranjeros y  ha señalado que el 16 de septiembre hará una declaración solemne sobre la controversia en las celebraciones de la independencia del país, lo que agrega musical dramatismo,  como la famosa sinfonía Júpiter de Bethoven.

Hay varias consideraciones que hacer sobre este espinoso tema.

La soberanía energética junto a la seguridad alimentaria son hoy los temas fundamentales en la agenda internacional para los ciudadanos del mundo.

EE UU y Canadá son miembros de la OTAN, cuyos países integrantes tienen un historial non santo en la defensa de sus intereses geo estratégicos a costa de otros países, violando el derecho internacional público.

Inglaterra acaba de negarle a Venezuela su oro guardado en el Banco Central inglés. Esa ilegal retención es parte de las sanciones contra el realmente existente gobierno de Nicolás Maduro, a  pesar de que el autoproclamado presidente Juan Guaidó es ya un globo  pinchado que explotó en el aire.

George W. Bush engañó al mundo para invadir Irak, porque éste país supuestamente tenía armas de destrucción masiva.

Ronald Reagan y James Baker le ofrecieron a Mijail Gorvachov que la OTAN no se expandiría hacia el Este, a las fronteras con Rusia. La realidad es que duplicó su número de miembros con países que integraban el antiguo Pacto de Varsovia, poniendo en riesgo la seguridad estratégica de Rusia y rompiendo el principio de la indivisibilidad de la seguridad europea y mundial.

Ese es origen de la operación militar especial de Rusia en Ucrania,  que  se preparaba a ingresar  a la OTAN, entidad que apoyaría a Ucrania en el genocidio de la población ruso-parlante del Donbass, hoy en ya manos de tropas rusas y de las milicias de las regiones ruso-parlantes.

Y en lo relativo a la sacrosanta e independiente justicia anglo-sajona (su simil es el panel del Tratado)  México hace poco vivió la  experiencia de un general en retiro apresado por la DEA acusándolo sin pruebas de asociación con el narcotráfico.

Cuando el Gobierno de México, a pedido de su Ejército, exigió su liberación, el entonces presidente Donald Trump le impuso a la “independiente” justicia norteamericana la liberación sin cargos del general, por razones de “seguridad nacional”.

Lo esperanzador en medio de esta controversia es que la instancia de consulta puede prolongarse hasta el próximo año. Para entonces, el panorama político de Estados Unidos estará más claro y la consolidación del nuevo orden internacional multipolar se habrá robustecido. Y tal vez México hará realidad  una de las  frases del gran Octavio Paz: “El mexicano puede doblarse, humillarse, agacharse pero no rajarse, esto es, permitir que el mundo externo penetre en su interior”.

En Washington los estudiosos de México meditarán esa frase del premio Nobel de literatura y estudioso de la identidad del mexicano.