Chile votó por el matrimonio igualitario a siete días de haber rechazado una ley que proponía la despenalización del aborto hasta las 14 semanas de gestación, en los últimos estertores de una campaña presidencial llamada a ser histórica. Y como suele suceder en estos trances, los dos candidatos de este ballotaje tejen alianzas de última hora en una estrategia se diría que desesperada por sumar matemáticamente apoyos con electores. Una quimera que no siempre se cumple.

Por eso, para el ultraderechista José Antonio Kast resulta esencial el aval de Franco Parisi, un economista radicado en Estados Unidos que además tiene cuentas pendientes en Chile por no pagar una pensión alimentaria tras un juicio de divorcio. Gabriel Boric, a su vez, si ben marcha primero en las encuestas, sabe que en el mundo de los sondeos nada es como parece y tiende lazos en el espacio progresista y la intelectualidad.

Será interesante saber como repercutirá en el electorado la ley aprobada este martes en el Congreso y que deberá refrendar el presidente Sebastián Piñera.

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El 30 de noviembre el Legislativo había rechazado una ley de aborto que ninguno de los dos candidatos se mostraba dispuesto a aceptar, aunque en el caso del postulante centroizquierdista, recibió muchas críticas porque se limitó a estar ausente en el día de la votación. Kast, en cambio, siempre se presentó como un adalid del antiabortismo y si bien dijo que aceptaba la decisión legislativa de permitir el casamiento entre parejas del mismo sexo, aclaró que para él, “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”.

De todas maneras, Kast aceptó reformular su discurso y su programa original ahora que está verdaderamente camino a la presidencia y sabe que se juega mucho más que una presencia testimonial. Por un lado, ensayó unas disculpas un tanto ambiguas para intentar demostrar que no es el retrógrado machista que trasuntaba en la primera vuelta.

Y cambió hacia un lenguaje más “inclusivo” elaborado en oficinas publiciarias y con resultados de focus group.

También debió aceptar otros condicionamientos para que el candidato oficialista Sebastián Sichel, que quedó cuarto en la primera vuelta, le diera su respaldo. Entre los términos que le exigió figuran respetar irrestrictamente los derechos humanos, no cerrar el INDH y abandonar el proyecto de ley para que el presidente de la Nación “tenga la facultad de interceptar, abrir o registrar documentos y todo tipo de comunicaciones, y arrestar a las personas en sus propias moradas o lugares que no sea cárceles, ni estén destinadas a la detención”.

No es que la derecha instuticionalizada desde el regreso de la democracia sea la pulcritud en el respeto de las personas, pero lo de Kast sonaba a demasiado. Sichel -que en esto hasta se puede dar el lujo de quedar como un progresista, porque no tiene nada que perder- también le pidió el respeto a las minorías y condenar el discurso del odio que se esparce por las redes sociales.

Los estrategas de Kast, en tanto, recomendaron morigerar el discurso para ganar indecisos de la ancha avenida del medio y del primer programa, de 204 páginas, solo quedaron 55 carillas donde usa el mismo argumento para reconocer supuestos errores en cuanto al Ministerio de la Mujer para rectificarse sobre el medio ambiente. “Se nos acusó de ser negacionista o no creer en el cambio climático y es evidente que nosotros hemos planteado que existe cambio climático. No lo supimos explicar bien en algunos de los puntos de nuestro programa y eso ha quedado aclarado”, dijo en una entrevista televisiva.

Donde tiene algo más que explicar es en el deseo de captar votantes de Parisi, el increíble personaje que logró un 12,8% de los votos sin pisar suelo chileno, desde las redes sociales y sin poder evitar que salieran a la luz sus serias cuentas pendientes por falsificación de firmas cuando anotó su candidatura en 2013, irregularidades en gastos de campaña de ese año, una denuncia por acoso sexual y la ya contada de deuda por pensión alimentarias de sus dios hijos.

Así explicó su apoyo a Kast, con un ¿error de tipeo? Incluido.

Kast, por su parte, recibió estos días el respaldo de la extrema derecha antichavista, de la mano de Leopoldo López, el prófugo dirigente del parido Voluntad Popular exiliado en España y con causas por violencia política en Venezuela.

Y desde ese lugar interpreta los incidentes xenófobos en el norte de Chile contra migrantes venezolanos que intentaban ingresar al país transndino.

Boric, en tanto, profundiza su mensaje de cambio sin mostrarlo como demasiado disruptivo hacia posiciones de izquierda.

Boric cuenta con el apoyo de intelectuales y capas medias politizadas, aunque, por cierto, que no ostentan los galardones del premio Nobel de Literatura peruano-español Mario Vargas Llosa.

Pero si se destaca este spot de campaña de, cantautor y multiinstrumentista Nano Stern en favor del joven que busca representar la aspiración de cambios expresada en las movilizaciones de 2019.