La Real Academia dice que la geografía es la “Ciencia que trata de la descripción de la Tierra”.Si vamos a la definición de ciencia, vemos que es un “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”.

Aún sin estilo, esa definición es precisa. Nos sirve para decir que la geografía establece lo que es una península, por ejemplo; un continente y sus montañas; los ríos, mares y océanos existentes en el planeta. Que Eppur si muove, como decía Galileo, pero según sus propias leyes ajenas a los deseos humanos.

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Por ello, no deja de sorprender que en la próxima Cumbre de las Américas –que invoca una legitimidad basada en la unidad geográfica- no sean invitados tres países que forman parte del continente americano. ¿La geografía puede ser una opinión? Arriesguemos un análisis.

La contradicción reside en convocar a un continente, pero no a su conjunto. Tal encuentro deja entonces de ser continental y queda parcial, en el mismo momento que es anunciado. Marie Lafon, novelista contemporánea, sostiene que la geografía puede ser una escritura de la tierra. Eso abre el campo a la lingüística territorial, donde el concepto de Umberto Eco sobre la “estructura ausente” nos puede indicar aquello que da sentido a la obra (el nombre del asesino en una novela policial, por ejemplo).

De este modo, como los Estados Unidos (entre otros menos importantes) se autoperciben como el paradigma de libertad, ejercen la cancelación sobre  determinados países. Lo que no gusta a los poderes imperiales no existe.  Pero sí existe la política.

México, Bolivia y varios países caribeños enviarán delegaciones reducidas, sin  participación de sus mandatarios. Esa “estructura ausente” expresará la necesidad de un mundo multipolar, mucho más que avalar de cuerpo presente los imaginados mundos imperiales.

La tradición diplomática argentina, ya señalada por aquí, recuerda que en 1920 Yrigoyen mandó retirarse de la Sociedad de las Naciones cuando no admitieron a Alemania; en 1965, Illia no aceptó participar en la intervención norteamericana en Santo Domingo; en 1973, Perón rompió el bloqueo a Cuba. Hay más ejemplos que tienen por principio la soberanía, expresan nuestro interés nacional y practican la neutralidad. Si la geografía no es una opinión, debemos enviar una delegación testimonial, como México.

Así también evitaremos papelones. Cuando Venezuela fue excluida de la última cumbre de las Américas realizada el año 2018 en Perú, hablaron en su lugar representantes opositores a Maduro, carentes de cualquier legalidad. Si en estas cumbres prima más un menú que un mapa, es posible que los resultados sean indigestos. Quizás las potencias deseen evitar el episodio de la Cumbre de las Américas de 2005, cuando Lula, Evo, Chávez y Kirchner hundieron el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas.

Napoleón decía que los países tienen la política de su geografía. Esta razón geográfica manda actuar sobre los hechos, y no restringir la realidad para el buen provecho de pocos paladares. La naturaleza no está guiada por las relaciones de poder, aunque sufra sus consecuencias. Miremos los mapas, físicos y políticos, ya que reducir la geografía a una opinión nos precipita en la peor de las geopolíticas, esa que no tiene brújula.