El 14 de noviembre el profesor José Pablo Feinmann publicó un artículo para peguntarse ¿Qué viene después de Weimar? Su interés no era historiográfico, sino actual y político, sobre la Argentina que va de Alberto a lo que viene.

Fue calificado en algunas redes de “derrotista” y adjetivos similares. Sin embargo, Feinman recupera una idea clásica sobre el mecanismo que conduce a situaciones reaccionarias y la coloca en el centro del escenario argentino de hoy. Ese es el mérito.

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Está de moda sorprenderse por el ascenso de las opciones de ultra derecha, un fenómeno iniciado en Europa del norte, alcanzó el mediterráneo y desde 2015 en adelante se impuso en el hemisferio con Donald Trump al norte y Macri-Bolsonaro al sur.

Sin embargo, el recorrido de este fenómeno ha sido errático en nuestro continente, abatido por rebeliones y malestares. El último Latinobarómetro confirma la advertencia de Feiman: el voto gira a la derecha, los jóvenes giran a la angustia y la política gira a la “anti política”.

Es cierto que acaba de emerger desde los fondos revueltos de Chile de la mano de Kast, aunque no parece que sea suficiente para sepultar el espíritu rebelde surgido en Chile.

Ni siquiera Bolsonaro, con todo el poder acumulado logró imponer un estado de cosas tan aplastante. Mientras sigan acciones nacionales como las cinco realizadas entre junio y noviembre de este año, Bolsonaro no dará un pasó más. Si el PT tuviera una actitud más militante esas cinco marchas podrían agrietar su gobernabilidad.

El macrismo, como Trump, no aguantó más de un round institucional de apenas cuatro años, y aunque todavía resopla en la capital y ganó las últimas elecciones, debe enfrentar a una sociedad que lo identificó como “algo malo”.

Guillermo Lasso en Ecuador no cuenta con un acumulado social que le permita imponer nada de lo que fue derrotado con la rebelión social de 2018. En Bolivia peor. Fue destronado el gobierno golpista (lo más serio y avanzado del ultra derechismo hasta hoy), sólo queda el pequeño bastión fascistoide del Macho Camacho en Santa Cruz.

En Venezuela, el chavismo ya pasó y superó esas pruebas ultras entre 2013 y 2019. Este mes conservó el 91% de la geometría nacional del poder, a pesar de la seria alarma por perder 3 millones de votos y el riesgo de que Duque se anexione el Zulia.

Sólo Colombia parece ser el reservorio de una fuerza de ultraderecha en el gobierno, de la mano del uribista Duque y sus fuerzas policiales y militares enroscadas al sistema militar norteamericano.

En los Estados Unidos el voto lo echó al gobierno segregacionista de Trump y obliga hoy al demócrata Biden a negociar con las demandas sociales y la migración. Además debe enfrentar huelgas obreras desconocidas desde los años 70 y el surgimiento de corrientes y movimientos democráticos, culturales y sociales, varios de ellos armados, con consignas e ideologías a la izquierda del Partido Demócrata.

Es en ese contexto  y esa dinámica social y política que adquiere rango de advertencia el escrito del profesor Feiman.

Su punto de partida es incuestionable: “Las democracias débiles generan dictaduras fuertes”. Es una verdad histórica, aprendida desde 1921 en la Europa del fascismo. En ese sentido fue muy útil que haya citado y recordado lo que significó la breve República de Weimar en la Alemania previa al brote nazi de 1924 a 1933.

Ningún gobierno latinoamericano enfrente ese terrible dilema. Pero varios tienen por delante el desafío de no retroceder. En algunos países algunas formas ya comenzaron a brotar. Una se llama Javier Milei en Argentina, algo más serio que el desopilante y desgastado Bolsonaro.

Milei no es nada hoy, pero tener que explicarlo ya revela que se trata de un problema serio.

El problema real no es Milei, sino lo que preconiza Feinmann: “Aquí (se refiere a Argentina 2021) hay un aire de república de República de Weimar que estremece.

Un dato de signo opuesto, pero expresivo de la misma realidad nacional agobiante como los “libertarios”, es el surgimiento de la corriente Soberanxs, representada por tres figuras del kirchnerismo: Alicia Castro, Amado Boudou, Gabriel Marioto y el célebre narrador Mempo Giardinelli.

Otro dato manifiesto, en otro sentido programático, sería el masivo voto por Myriam Bregman y el FIT. Datos y señales que avizoran una realidad social que cada día, semana o mes, cabe menos en la camisa de fuerza económico-social que la gobierna.