El 3 de junio se cumplieron 100 días desde el inicio de la primera guerra híbrida de la historia.

Guerra planificada en las oficinas de la Rand Corporation y la Chathan House, centros de pensamiento estadounidense y británico, respectivamente. Apelando a bandas nazis ultra nacionalistas forzaron a Rusia a reaccionar.

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Las causas profundas de la guerra hay que buscarlas en el estallido de un sistema económico-financiero especulativo y depredador que hoy es desafiado por otro modelo productivista, en construcción, con epicentro en Asía, especialmente en la República Popular China.

Mientras esto ocurre gran parte de las sociedades occidentales, intoxicadas con los medios de “incomunicación” anda sonámbula inducida por el negacionismo, la subestimación y la naturalización de esta guerra como si fuera una más.

Desde el Kremlin advierten que, si está en riesgo la seguridad de Rusia pueden apelar a armas nucleares. Desde Washington el ex coronel Richard Black y el comandante en jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidense declaran la extrema peligrosidad de la situación, mientras Henry Kissinger previene del riesgo de seguir acosando a Rusia.

En el terreno militar occidente eleva la apuesta enviando armas de mayor poder destructivo.

Posibles rumbos del conflicto

1)  Si Rusia es derrotada el imperio saldrá fortalecido y acelerará el proceso provocativo contra China centrado en Taiwán. Esta hipótesis es muy improbable dado el avance que está teniendo Moscú en el terreno militar en el Donbass, el fracaso de occidente en la aplicación de las sanciones y el efecto boomerang que están sufriendo las sociedades europeas, estadounidenses y las de los países dependientes, con las consecuentes crisis alimentaria y energética, y la ola de protestas populares que amenazan a los gobiernos.

2) Si Rusia sale fortalecida, el poder globalista anglosajón quedará golpeado como en la salida de Afganistán y la derrota en Siria. Entonces tratará de recuperar terreno aumentando la apuesta impulsando nuevas aventuras, salvo que en Estados Unidos y el Reino Unido cobren mayor volumen los sectores más sensatos. Mucho dependerá de cómo se pueda avanzar o no en la mesa de dialogo la deriva que vaya adquiriendo la disputa interna en los países occidentales.

3) Concretar algún acuerdo momentáneo donde se alcance un statu quo donde ni Washington ni Moscú salgan como derrotados.

En cualquier caso, sin duda los principales damnificados serán los pueblos de: Ucrania, Rusia, Europa, EE UU, y los de países subdesarrollados.

En cualquiera de los escenarios la OTAN -que a su vez hay que recordar: la tenemos en las islas Malvinas-, seguirá intentando expandirse diversificando el negocio de las armas y buscando debilitar los procesos progresistas, cercar a China y demorar así su propio declive.

Será un proceso de varios años donde viviremos al borde de una guerra nuclear y con dos bloques enfrentados, aunque permeables.

Se están enfrentando dos potencias con más de 4000 ojivas nucleares cada una. Para Occidente se juega el liderazgo planetario que ostentó en los últimos seis siglos. Es necesario tener presente lo que está en disputa en Ucrania y actuar en consecuencia.

Sin embargo, esta no es una guerra entre Occidente y Oriente sino entre un modelo de acumulación basado en la especulación y la desposesión lisa y llana, y otro que está cimentado en la producción de bienes materiales y una distribución más equitativa.

Es nuestra obligación denunciar el peligro, sus causantes y colaborar para despertar la conciencia de los pueblos.

Se vive el momento más dramático de la historia de la humanidad.

A diferencia de la crisis de los misiles hoy el mundo anglosajón tiene mucho que perder, su propia existencia como único poder hegemónico. La crisis de 1962, con un imperio poderoso y dominador de la tecnología y los mercados, se zanjó en 20 días. Hoy al capital financiero internacional y sus socios solo le queda el recurso de las armas y ahí radica la diferencia y el enorme riesgo.

Es posible un mundo mejor, tenemos los medios, pero hay que resolver esta encrucijada de la historia. Hay que crear otro sistema económico-financiero-social sin destruir la vida.

En este dilema que enfrentamos debemos tender puentes con los sectores progresistas tanto de Estados Unidos como del Reino Unido y los países europeos, que existen y están comenzando a levantar la voz.

Hay que aislar al capital financiero internacional y al complejo militar industrial. Asistimos a una fenomenal lucha de clases a nivel global. Es preciso ir a la yugular del sistema: su complejo mecanismo económico-financiero, por lo tanto, para derrotarlos hay que ir creando, como se está haciendo, una nueva arquitectura económico financiero basado en una canasta de monedas, cooperación y distribución justa de la riqueza eliminando el concepto de suma cero y reemplazarlo por el win-win, en el marco del respeto a la Carta de la ONU y el derecho internacional

Es imprescindible revitalizar los movimientos por la paz, pero solo se logrará si comprendemos en qué momento estamos, por qué y cómo llegamos hasta este punto.

Hay una salida: la mesa de negociación, un acuerdo donde la seguridad colectiva esté garantizada y en el centro del debate se propongan iniciativas para superar las dificultades mediante la cooperación y la ayuda mutua. Los 5 principios de coexistencia pacífica enunciados por Zhou En lai, en la cumbre de Bandung en 1955 pueden ser un marco inicial para poner a la humanidad en el camino de la construcción de un mundo vivible.

Comprender para actuar, actuar para transformar.  «