En Ecuador se está desarrollando una trama política que tiene al país en la cuerda floja de la inestabilidad institucional. En una entrevista de un difundido programa de televisión  llamado “La Posta” el exalcalde de Guayaquil Jaime Nebot denunció lapidariamente el incumplimiento de las ofertas programáticas del presidente  Guillermo Lasso, que está convirtiendo al país a velocidad hipersónica en un narco-Estado y Estado fallido porque no puede atender ninguna de las obligaciones de cualquier Estado en la economía, la pobreza y seguridad ciudadana y jurídica.

Una notable personalidad de las letras, Simón Espinoza Cordero, quien al igual que  Nebot y millones de ecuatorianos, dieron su voto a Lasso, expresó en un escrito la necesidad de que el presidente deje el poder por haber violado la Constitución y las leyes al actuar colusoriamente en el ilegal habeas corpus en favor de Jorge Glass.  

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Un ex ministro de estado que apoyó calurosamente a Lasso, Mauricio Gándara, en una columna periodística en el diario “El Universo”, el más vendido del Ecuador, reveló que la embajadora del presidente en Washington, Ivonne Baki, impulsa una suerte de “enmienda Platt”, que se conoció hace varias décadas en Cuba, para darle desde un Congreso extranjero una suerte de protección al Ecuador.  Un protectorado norteamericano en pleno siglo XXI, varias décadas después de que la ONU aprobara unánimemente la declaración sobre la descolonización, parece dramático, y resultaría tragicómico.

Todo ello ocurre en Ecuador en menos de  un año de que Lasso ejerza la jefatura del Estado, en un régimen presidencialista, en el cual el desprestigio de la funciones legislativa, judicial y de control, dejan como panorama visible un derrumbe institucional total, que recuerda situaciones ya vividas en el siglo pasado con Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad y, en el actual siglo, con Lucio Gutiérrez

Y no se vislumbra desde el palacio presidencial ninguna creatividad, audacia y decisión para tomar medidas que impidan el derrumbe. Lo más importante en la política nacional parece ser una marcha policlasista para el 1 de mayo a la cual se auto convocan ecuatorianos trabajadores, desempleados, subempleados, profesionales, empresarios, todos golpeados por una situación crítica hasta lo insoportable.

Y los hashtags convocantes invitan de modo unánime a la salida de Guillermo Lasso del poder, aunque no tengan aún fórmula sustitutiva para llenar el vacío. Incluso ya han aparecido imágenes en redes sociales de soldados que le dicen al pueblo que “no está solo” y que las fuerzas armadas cumplirán su deber históricamente refrendado de acompañar al pueblo en defensa de sus derechos, contra la corrupción, en defensa de la soberanía nacional y por la justicia social.

El Ecuador está en un momento crucial de su sufrida historia. El sentimiento generalizado parece ser el “que se vayan todos”. Sólo queda confiar que se imponga la expresión del gran escritor Alfredo Pareja Diez Canseco, que en su libro de historia redactó un capítulo bajo el título “Solo el pueblo salva al pueblo”. El pueblo movilizado encontrará las salidas creativas y pacíficas que su dirigencia no ha podido generar.