El centenario de la Revolución Rusa fue una formidable ocasión para que dirigentes de todo el mundo se dieran cita en San Petersburgo y Moscú en pos de debatir el modo de “revitalizar la lucha contra las guerras imperialistas” y encontrar el camino hacia la paz y el socialismo, como puntualizaba la consigna para este XIX Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros del Mundo. Fueron 103 delegaciones de más de 80 países, una cifra que no se había dado desde el primer cónclave que se realizó en Atenas en 1988 y que significó para el secretario general del PC de la Federación Rusa, Guennadi Ziuganov, la oportunidad para “restablecer los lazos entre partidos que se habían interrumpido después de 1991”, con la caída de la Unión Soviética.

También fue una circunstancia ideal para que la representación china pudiera, al decir de algunos de los presentes, “mostrar los dientes” en una participación más activa que de costumbre, lo que se interpretó como una señal de que no le escapa a la idea de conducir la recomposición del movimiento comunista internacional. En tal sentido, hubo invitaciones a asistir al Congreso del PCCh a partidos de todo el planeta, algo que no se había dado anteriormente. Ese Congreso es la continuidad del que en octubre pasado catapultó a Xi Jinping al mismo nivel de Mao Zedong y Deng Xiaoping por su concepción del “socialismo con peculiaridades chinas».

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Si alguien en el mundo puede ocupar ese lugar de “faro” para el comunismo actual es la República Popular China, en vista de que el PC sigue siendo el partido de gobierno, lidera los cambios que se producen en un país avanza de modo certero a ser la primera potencia mundial. También, porque tiene una línea de la que no ofrece fisuras tras el afianzamiento de Xi en la estructura política de ese país.

Ziuganov, el dirigente ruso, por ejemplo, comanda un partido que ocupa el segundo lugar en la preferencia electoral y aún no logró recuperarse de la implosión de la Unión Soviética. En su discurso en San Petersburgo, luego del recordatorio de los logros del socialismo en los 74 años en el poder, llamó a las fuerzas de izquierda unirse para luchar por la «verdadera democracia, contra el anticomunismo, el racismo y la injerencia exterior en países soberanos».

En esa misma óptica rondó el discurso del secretario general del PC argentino, Víctor Kot, quien puso la mira en la realidad latinoamericana, “un continente en disputa” entre los planes dirigidos desde Washington y “un proyecto soberanista, democrático y popular” que aún no alcanzó un grado suficiente de unidad como para sostenerse, destacó.

Este proyecto encarnado a nivel regional por gobiernos progresistas en Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay, no recibió sin embargo el apoyo de todos los partidos. Es así que Lula y el PT sostuvieron una alianza estratégica con el PC do Brasil, creado en 1962. Pero recibieron el rechazo del PCB (brasileño), el tradicional partido marxista leninista ahora minoritario que integró la Internacional Comunista.

El dato más actual es que el viernes pasado el PCdoB anunció la ruptura de la coalición con el PT para presentar la candidatura a presidenta de su crédito de Río Grande do Sul, Manuela D´Avila, de 36 años. Lo que generó críticas desde el “trabalhismo”, por boca del senador Lindbergh Farías, quién consideró que esa decisión constituye un error que no hace sino dividir a la izquierda de cara a los comicios de 2018.

Es que los sectores más puristas no terminaron de aprobar los acuerdos con líderes populistas. “Hay partidos más ortodoxos, sin que esto implique una crítica en sí misma –señaló Kot a este diario- y en el mundo ese sector está representado por el PC griego”. Estas dirigencias desconfiaron siempre de movimientos populares no declaradamente revolucionarios. Ahora se suma a esta posición el PCdoB, que acompañó durante dos décadas al líder metalúrgico.

En este contexto, los portugueses son hoy día el PC más activo y saludable en Occidente. Dicen los expertos que el comunismo portugués es pujante y con un futuro venturoso por el simple expediente de no haber adherido en su momento al llamado “eurocomunismo”. Por lo tanto, en momentos de “euroescepticismo” como estos de continuos recortes ordenados desde Bruselas, pueden decir que nunca torcieron el rumbo. Es una de las razones para seguir absolutamente vigente integrando una coalición legislativa con el Partido Socialista.

Mientras tanto en Beijing, el 17 de octubre se inauguró el XIX Congreso del PCCh, un encuentro que se realiza cada cinco años donde se establecen directivas y objetivos para el próximo quinquenio. Más de 2200 representantes de todo el país consolidaron el liderazgo de Xi Jinping. El partido, que cuenta con más de 89 millones de miembros, será clave, según se estableció en ese acto, para el desarrollo económico. “Todo debe estar bajo la dirección del PCCh, desde el Ejército hasta la sociedad civil” dijo Xi.

El PCCh retoma el control de las grandes sociedades del Estado y muchos de los conglomerados más grandes modificaron sus estatutos para fijar claramente el papel que jugará el partido en la organización. Esto incluye a no pocas empresas de capitales foráneos que operan en China.

En este marco se entiende mejor que los delegados del PCCh en la celebración del centenario de la Revolución Rusa se hayan mostrado menos estrictamente formales y más participativos. Y que hayan dejado muestras de que la línea que seguirán es de cristalización de un modelo al socialismo con características chinas. Paciencia para lograrlo no les falta y la oportunidad tampoco.