Si bien “estamos viendo una serie de focos problemáticos en diferentes espacios post soviéticos”, la crisis de Kirguistán “responde más una cuestión de intereses personales que a dos modelos en pugna vinculados con acercarse a Europa o mantener lazos con Rusia”, explicó la historiadora Noelia Pérez Rivaben, especialista en espacio post soviético. 

“La situación actual tiene que ver con la ruptura entre el actual presidente Sooronbái Zheenbékov y el expresi-dente Almazbek Atambáev, que fueron aliados”, agregó la también traductora e intérprete de ruso. Y comparó esa situación con la que en Ecuador se desató luego del triunfo de Lenín Moreno. “Atambáev apoyó la candidatura de Zheenbékov, que ganó la presidencia con más del 55% de los votos, pero luego le retiró los fueros a su antece-sor, que terminó condenado a prisión”, en 2019.

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Tras esa separación, los partidos se reorganizaron de cara a los comicios del pasado 3 de octubre. “En total se presentaron 16 partidos, pero solo cuatro lograron superar la barrera del 7% de votos que establece el Parlamento kirguís”, señaló la historiadora por la Universidad de Mar del Plata.

“De esos cuatro partidos, uno está liderado por el hermano del actual presidente y los otros tres, si bien no son técnicamente oficialistas, son pro Zheenbékov”, añadió Pérez Rivaben. 

“En los últimos años estamos viendo una serie de focos problemáticos en diferentes espacios post soviéticos”, señaló la “rusóloga”, como se define en sus redes sociales. “En Kirguistán es más una cuestión de intereses per-sonales, no tiene que ver con acercarse a Europa o mantenerse con Rusia. Tiene que ver más con intereses polí-ticos y personales”. 

Atambáev fue presidente de Kirguistán entre 2011 y 2017, cuando entregó el cargo a Zheénbekov, que había re-cibido todo su apoyo. Pero el nuevo mandatario inició una investigación sobre corrupción que se cerró en junio pasado con una condena de once años de prisión.

Tras las elecciones, las calles de Kirguistán se llenaron de manifestantes que rechazaron el resultado que in-formó el gobierno. Las protestas fueron de gran magnitud y el expresidente fue liberado.  “Hoy por hoy no se sabe dónde está Atambáev”, detalló Pérez Rivaben. Luego hubo una serie de renuncias en cadena. El primer ministro, el presidente del Parlamento, el alcalde de Biskek, la capital, varios gobernadores.

El malestar de la población se incrementa porque en la pandemia, Kirguistán recibió apoyo económico de la UE y de EE UU, “pero el dinero que llegó no se sabe dónde está. El gobierno kirguís no ha manejado bien la situa-ción: no aplica protocolos, los hospitales están saturados”.

“Zheénbekov anunció el estado de emergencia hasta el 21 de octubre, cerró las fronteras, está tratando de ne-gociar una salida lo más pacífica posible, lo que implica negociar con exfuncionarios”.  La solución, indicó, pro-bablemente pase por un llamado a nuevas elecciones parlamentarias y algún tipo de acuerdo entre el presidente y su antecesor.

“Para ello, tal vez sería necesaria la ayuda otros países”, agregó