Gabriel Boric está a un paso de convertirse en el próximo presidente de Chile. Llegará a la Moneda el próximo viernes, el 11 de marzo, con un gabinete compuesto en su mayoría por mujeres y con la mirada tanto en la convención constitucional como en el Congreso. 

El nuevo mandatario chileno se enfrentará a las expectativas que ha generado desde el triunfo en segunda vuelta del 19 de diciembre y a una derecha que se debate entre la confrontación y la colaboración con el nuevo gobierno. Por sobre todo, el presidente más joven del mundo, deberá dar respuestas a las demandas que se volvieron ineludibles luego de las protestas de octubre de 2019. 

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Las prioridades del gobierno entrante se centrarán en una reforma tributaria capaz de financiar su programa, un aumento del salario mínimo, la construcción de viviendas y la reducción en las listas de espera en los hospitales. También anunció que promoverá el empleo femenino y joven, reforzará la seguridad en zonas críticas y firmará el Acuerdo de Escazú, un tratado latinoamericano para la protección ambiental al que Sebastián Piñera no quiso adherir.

“Hay un proyecto emblemático de la coalición de izquierda que son las 40 horas laborales. Esa reducción de 45 a 40 horas es una lucha encarnizada que no ha avanzado. Es un tema que ha estado durmiendo en el Congreso, como la ley integral contra la violencia de género. Pero el Congreso está bastante empatado. Entiendo por qué Boric tiene que esperar a las decisiones de la convención, porque la Constitución actual pone mayorías súper calificadas que se hacen casi imposible de alcanzar en el Congreso actual”, asegura para Tiempo,  la politóloga Julieta Suárez Cao, quien además es profesora de la Universidad Católica de Chile. 

Boric avanzará en aquellas cuestiones que la Constitución de 1980 le permitan, mientras espera que los constituyentes habiliten un marco que acompañe su programa de reformas. Además, en esta primera etapa chocará con una oposición que podría frustrar sus proyectos en el Congreso. El presidente electo se reunió semanas atrás con la futura senadora Paulina Núñez, de Renovación Nacional (RN), el partido de Piñera, pero se trató de un caso aislado. El acercamiento fue apenas una ilusión.

Días atrás, el diputado y secretario general de ese partido de oposición, Diego Schalper, pidió a los dirigentes y militantes del partido “atrofiar” a un gobierno que todavía no se estrenó. “La tarea que tiene el partido es usar las reformas de Gabriel Boric como un contrapeso de fuerza”, dijo Schalper, que de paso llamó a “quitarle fuerza moral a la convención”, que trabaja contrarreloj para llegar a agosto con la nueva Constitución lista para su aprobación o rechazo. Renovación Nacional había sugerido incluso crear un “gabinete en las sombras” al estilo parlamentario inglés para “fiscalizar” a los ministros de Boric. Según la profesora de la Católica, la derecha “está en una lucha intestina por un liderazgo claro”. 

“La centroderecha está buscando reacomodarse, porque la excelente elección de Kast en comparación con su propio candidato generó un cimbronazo muy grande. Por eso Schalper sube la apuesta para, ver si se puede quedar con una cuota de poder. Hay una doble lectura, al interior de la derecha para posicionar estos liderazgos, y respecto al gobierno central”, explica.

“Hay que ver cómo juega la derecha en el plebiscito de salida”, continúa la académica, en alusión al referéndum previsto para agosto, -seguramente aunque todavía no tiene fecha precisa- en el cual los chilenos votarán si aprueban o rechazan la nueva Constitución. “Este plebiscito es con voto obligatorio. Para las elites será más difícil tener el pulso ciudadano. A partir del plebiscito de salida, definirán la estrategia para lidiar con el gobierno de Boric, que puede ser de una forma más o menos obstruccionista. El cálculo es cuánto se puede polarizar internamente sin perder la capacidad de negociación con el gobierno en el Congreso”, asegura Suárez Cao.

Boric, que ganó la presidencia con la coalición Apruebo Dignidad –una alianza entre las fuerzas del Frente Amplio y el Partido Comunista-, tendrá que negociar con el Nuevo Pacto Social, que agrupa a los principales socios de la exConcertación, es decir, socialistas y democristianos. La concreción de este respaldo es esencial en el Congreso para el nuevo gobierno. 

“En la convención, los socialistas no están votando con la izquierda en temas muy relevantes. Algunos convencionales de centroderecha están votando junto a los socialistas. Los ministros del PS que están en el gabinete lo hacen a título personal, aunque se espera que va a apoyar al gobierno”, dice Suárez Cao, para quien, si “la derecha se extrema, el 56 por ciento de la segunda vuelta se va a unir”. Y en definitiva, apunta: “La pregunta es hasta qué punto esta dinámica de la Convención Constituyente se va a trasladar al Congreso”.

El futuro presidente mantiene el pulso con los socios del PC, que cuestionaron algunos nombramientos y declaraciones sobre política exterior. El candidato que perdió la interna con Boric, Daniel Jadue, tachó al designado ministro de Hacienda, Mario Marcel, de “fiel defensor del credo neoliberal”. Los comunistas también objetan las críticas del nuevo mandatario hacia Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Pero es el posicionamiento que adoptará el gobierno entrante. 

Claramente, Boric busca mostrarse “heredero de la izquierda institucional, a pesar de que no lo es, porque hay participación ciudadana, relación con los movimientos sociales y una impronta feminista que no tiene la izquierda clásica latinoamericana”, señala la politóloga. Así, el presidente electo ensaya un equilibrio entre “ser de izquierda y no quedar pegado con izquierdas ‘indeseables’ para el juego interno del Frente Amplio en Chile”.

Además de sus futuros pares, Boric invitó a la asunción al diputado español Íñigo Errejón; al exvicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera; a la militante social brasileña Anielle Franco -hermana de Marielle Franco- y a Lula da Silva.  Justamente, el presidente brasileño Jair Bolsonaro avisó que no irá porque no le gusta Boric y enviará a su vice, Hamilton Mourão. El exvicepresidente Sergio Ramírez y la escritora Gioconda Belli, ambos de Nicaragua, también fueron invitados a pedido de Boric.

“Eso le cuesta un enfrentamiento interno con figuras del PC. Las lideresas más jóvenes del partido sí están de acuerdo con Boric, como Camila Vallejo, que será ministra del Gobierno”, dice Suárez Cao. En todo caso, Boric necesita mostrar pronto “otras formas de hacer política y de entender el rol del Estado, la sociedad, las relaciones de género y la desigualdad”.  

Autocrítica militar

El excomandante en jefe del Ejército, general Ricardo Martínez –quien comunicó su dimisión, luego de ser citado a declarar en calidad de culpable por una arista del llamado Milicogate–, divulgó como última acción al mando, un informe de la institución que reflexiona sobre las acciones del Ejército en los últimos 50 años. En el texto, repudian hechos acaecidos en la dictadura de Augusto Pinochet. El documento, llamado “Reflexión sobre las actuaciones del Ejército y sus integrantes en los últimos 50 años y sus efectos en el ethos militar”, constituye la primera vez en que la institución castrense condena la acción de militares durante el período comprendido entre 1973 y 1989.

El trabajo de análisis y discusión “fue realizado desde una perspectiva eminentemente institucional o del quehacer militar” e incluyó inicialmente investigación y jornadas de exposición y debate con el Cuerpo de Generales”, mientras que posteriormente contó “con el trabajo de un equipo de profesionales militares bajo la supervisión directa” del general Martínez, indica el informe.

El documento indica que la “Caravana de la Muerte” –comitiva del Ejército que recorrió el país en dictadura, y que asesinó y desapareció a opositores–, liderada por el general Sergio Arellano Stark, fue “uno de los episodios más condenables”. “Hizo un recorrido por diversas guarniciones del norte y sur del país, dejando una huella de ejecuciones que afectó gravemente a la Institución y que significó posteriormente que integrantes del Ejército en su mayoría de baja graduación jerárquica fueran procesados y condenados. Estas personas quedaron desvalidas de apoyo, ya que se asumió que las responsabilidades eran individuales”, apunta.

“La comisión de este general se puede describir como una tarea perfectamente planificada desde Santiago, ejecutada mediante un programa idéntico en cada ciudad, con un comportamiento increíblemente indisciplinado de sus integrantes para amedrentar a personal subalterno de las unidades y dar una orientación velada y disfrazada en terreno de cómo se debía proceder con el ‘adversario’”, añade.

Un país con ultrarricos

Chile fue el país de América Latina que en 2021 concentró el mayor nivel de patrimonio entre los ultrarricos en relación con el tamaño de su economía. El patrimonio conjunto de los chilenos más ricos fue equivalente a un 16,1% del Producto Bruto Interno del país, según calculó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Estos cálculos solo consideran a los llamados “milmillonarios”, es decir, aquellas personas que tienen un patrimonio de al menos U$S mil millones. A nivel global, hay 2755 personas que pertenecen a esa categoría, en un listado liderado por Jeff Bezos (con U$S 177 mil millones), seguido de Elon Musk y Bernard Arnault.

En América Latina existen 104 ultrarricos, de los cuales nueve son chilenos, con un patrimonio de estos últimos que a fines de 2021 estaba compuesto, según la revista Forbes, por Iris Fontbona y familia Luksic (U$S 23.300 millones); Julio Ponce Lerou (U$S 4100 millones); Horst Paulmann y familia (U$S 3300 M); Sebastián Piñera y familia (U$S 2900 M); Jean Salata, que vive y trabaja en Hong Kong desde 1989 (U$S 2400 M); Roberto Angelini (U$S 2000 M); Álvaro Saeih (U$S 1800 M); Patricia Angelini (U$S 1600 M); Luis Enrique Yarur (U$S 1300 M).