Emmanuel Macron fue reelegido el domingo pasado con el 58,54% de los votos contra el 41,46% de su rival de extrema derecha Marine Le Pen. El presidente francés, pocas horas después, fue blanco de un lanzamiento de tomates cherry, en un mercado de Cergy-Pontoise, cerca de París, en su primera salida pública tras las elecciones. Esto ocurrió el miércoles y desde su entorno no le dieron especial importancia, a pesar de que debieron protegerlo con un paraguas. Por el contrario destacaron que, en un breve descanso en una playa del Mediterráneo, junto con su esposa Briggitte, fueron objeto de afectuosos saludos.

Claramente, se abre un nuevo panorama para el mandatario galo, no solo en su tierra, sino también en su intento de consolidarse como líder entre los dirigentes europeos, luego de que la alemana Angela Merkel se retirara de la política, y considerando la crisis que se desató en la región por la guerra en Ucrania. Las expectativas de sus socios es que pueda continuar reforzando la Unión Europea y usar su influencia en la situación bélica que los enfrenta con la poderosa Rusia.

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Tras el anuncio de su victoria, las capitales europeas celebraron una «fuerte señal» y una «magnífica noticia» para la UE y destacaron «la necesidad de una Europa fuerte y solidaria» frente a los desafíos que se acumulan, tanto geopolíticos como climáticos. «Los ciudadanos han elegido una Francia comprometida con una UE libre, fuerte y justa. Gana la democracia. Gana Europa», resumió en Twitter el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Su homólogo irlandés, Michael Martin, se felicitó por su parte del «liderazgo dinámico y metódico» del presidente reelecto, al servicio del proyecto europeo. El primer ministro británico, Boris Johnson, se dijo «feliz de continuar trabajando» con Macron, ya que Francia es uno de los aliados «más cercanos» del Reino Unido.

Otra de las cuestiones a las que deberá presentarle buena atención es el frente interno, ya muy pronto deberá enfrentar nuevas elecciones. Están a la vuelta de la esquina. Entre el 12 y el 19 de junio, se realizarán las legislativas. El sector que acumule más sufragios tendrá derechos a elegir al primer ministro que, no sería la primera vez, podría ser de un color político distinto al del presidente. De hecho, el socialista Jean-Luc Mélenchon se subió al buen resultado en la presidenciales (quedó a un punto y medio de poder ingresar al balotaje) para lanzarse a la carrera para ocupar ese puesto. Claro que fue antes de que su partido suspendiera las negociaciones para la unión de la izquierda ante las legislativas tras las duras críticas internas suscitadas por lo que algunos dirigentes consideran una “rendición” a la izquierda populista.

De todas maneras, los analistas consideran que no sería raro que en el tiempo que queda pueda recomponer sus filas y que buena parte del electorado, que en las presidenciales se recostó en el presidente actual, en oposición a la ultraderecha, pueda retornar para convertirlo en primer ministro.   «