El presidente angoleño João Lourenço acaba de ser elegido para un segundo mandato, lo que significa que el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) sigue invicto. En la práctica, el país del sudoeste de África es una democracia multipartidista, pero desde que se liberó del control portugués en 1975, el MPLA ha sido la fuerza dominante. Lourenço le ganó por más de siete puntos a Adalberto Costa Júnior, el candidato de la Unidad Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA), el principal partido de la oposición. 51,07% frente a 44,05%. Sin embargo, se trató de la elección más disputada en la historia del país.

El resultado pone en primer plano el desgaste del MPLA y la situación que atraviesa Angola. En 2021, la economía creció la suficiente como para salir de la recesión en la que se encontraba hundida desde 2016. Más del 40% de los casi 33 millones de angoleños sobrevive en el límite de la extrema pobreza. Lourenço no solo heredó esta realidad tras asumir en septiembre de 2017, sino que tuvo que romper con su antecesor, Eduardo dos Santos, figura central del MPLA y líder imbatible de Angola. Para bien o para mal, el destino del país estuvo atado a Dos Santos, el único presidente que conoció Angola hasta la llegada de Lourenço, quien propuso al electorado un nuevo comienzo.

Más allá de las promesas del recién reelecto mandatario, y de los medios para concretarlas, Angola viene haciendo progresos en las últimas décadas. A diferencia de otros países de África, logró dejar atrás la violencia política después de una extensa guerra civil que duró 27 años –hasta 2002– y se saldó con medio millón de muertos. Las siglas de los dos partidos más importantes se vaciaron porque remiten a un tiempo en el que se enfrentaban con las armas por el poder, el MPLA apoyado por soviéticos y cubanos y UNITA por el régimen del apartheid sudafricano, y ahora compiten por el voto en las urnas.

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«Lourenço ha aplicado reformas que pusieron a flote la economía durante el año pasado, muy elogiadas a nivel externo, pero que beneficiaron muy poco a la población más pobre. A eso se suma un desempleo muy alto, sobre todo en las ciudades, que genera mucho descontento entre la población más joven», dice Hilda Varela Barraza, doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México y experta en política contemporánea de África. «Mientras el presidente les hablaba a los sectores medios y altos de la sociedad, Costa Júnior movilizó a la juventud marginada, desprotegida y desempleada que en la elección de 2017 fue muy apática», agrega.

Con todo, la autora del libro África, crisis del poder político: dictaduras y procesos populares , destaca que Lourenço «ha logrado reducir la deuda externa, que era exageradamente elevada, e impulsar la construcción de infraestructuras», si bien «no ha logrado ningún avance en la lucha contra la corrupción, que fue más una consigna que una realidad». En 2017, Lourenço prometió recuperar los fondos públicos malversados por el clan Dos Santos. El expresidente había nombrado a su hijo José Filomeno para dirigir el Fondo Soberano de Angola y a su hija Isabel al frente de la petrolera estatal Sonangol.

Ante las denuncias de corrupción, Dos Santos, uno de los mandatarios que más tiempo ocupó el cargo en África, designó a su entonces ministro de Defensa Lourenço como candidato a sucederlo y se autoexilió en Barcelona, donde vivió hasta su muerte, en julio. José Filomeno e Isabel, a esa altura una de las mujeres más ricas del continente, se enfrentaron más tarde a la Justicia, mientras aseguraban que las causas eran parte de una persecución política. En 2018, Dos Santos cedió el liderazgo del MPLA a Lourenço, consagrado mandatario el año previo con el 61% de los votos.

El nuevo presidente tomó un préstamo del FMI por U$S 1.000 millones para compensar la caída de ingresos por los bajos precios del petróleo –Angola es el 2° productor de África– y no tardó en anunciar un programa de privatizaciones. La aerolínea estatal TAAG dejará de estar en manos del Estado en 2025 y se espera que sucede lo mismo con Sonangol, la empresa de diamantes Endiama y el Banco de Comercio. «Hace muchos años que el MPLA renunció a su vocación marxista-leninista. Ya con Dos Santos abrazó el neoliberalismo. Con Lourenço se pensaba que habría un cambio. Lo del compromiso con el pueblo se probó como un discurso político hueco. La principal base electoral del MPLA son los mayores de 40 y hasta 2017, cuando Dos Santos dejó la presidencia, la mano firme del ejército fue tremenda. Lourenço era el ministro de Defensa. Impactó en la población”, sostiene Varela Barraza.

Esta vez votaron por primera vez los nacidos tras el fin de la guerra civil y la diáspora angoleña en el exterior. Ese caudal electoral fue hacia Costa Júnior, quien le dio a UNITA un resultado histórico. Pasa así de 51 diputados a 90 y el oficialismo cae de 150 a 124 diputados, manteniendo por poco la mayoría en la Asamblea de 220 bancas: obligará al MPLA a practicar el arte de la negociación con UNITA y el resto de las fuerzas de la oposición. El sistema político angoleño es parlamentarista.

No será una tarea fácil para Lourenço, que durante la campaña atacó a su rival a medida que iba ascendiendo en las encuestas. “Cuando sintió que había posibilidades de que UNITA ganara, el presidente empezó a desarrollar una estrategia muy riesgosa, cuestionando a Costa Júnior por ser mestizo, de alguna forma cuestionando su africanidad. Son terrenos pantanosos porque las diferencias entre origen étnico ya estaban superadas”, dice la investigadora de El Colegio de México.

Lourenço deberá resolver otra cuestión importante para Angola: su alineamiento internacional. Los elogios del presidente al FMI exponen el giro del MPLA, ahora más próximo a Occidente y en búsqueda de contrabalancear la presencia de China en el país. “En la votación de la ONU que condenaba la invasión rusa a Ucrania, Angola se abstuvo. Es muy representativo porque el aliado histórico ha sido primero la Unión Soviética y luego a Rusia. Lourenço garantiza que Rusia no tendrá tanta relevancia en la política interna y externa. Es una disyuntiva importante. China tiene intereses importantes en Angola, donde más se ha despertado un sentimiento antichino por el maltrato a los trabajadores angoleños. Rusia está avanzando mucho en África. Francia y EE UU quieren detener eso», apunta Varela Barraza. «