“Sueldo mínimo de 500 mil pesos”. Está escrito sobre un cartel de colores amarrado a un árbol del Parque Almagro,   comuna de Santiago Centro. Una de las demandas del estallido social de octubre de 2019. Ahora, una de las promesas del candidato Gabriel Boric. “Viva el legado de Salvador Allende”,  dice un hombre de 70 años, a pocos metros del cartel.

Son las 7 de la tarde del jueves 16 de diciembre. Según cálculos del comando del candidato de Boric, hay cerca de 15 mil personas aglomeradas en el cierre de campaña: banderas mapuche, de la diversidad sexual, del partido comunista y de partidos del Frente Amplio. “Vamos a defender la asamblea constituyente”, dice el candidato. Desata energía y ánimos de triunfo. Un niño de seis años sube a uno de los árboles. Es una de las metáforas de su campaña: “subámonos al árbol de la esperanza”.

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Paola Urbina (46) ve a Boric desde uno de los rincones del Parque. Decide votar por él:  asegura, es el único que propone cambios estructurales verdaderos: “En esta votación está en juego el futuro de Chile. Hay peligro de perder la democracia que tanto nos costó. También está en peligro el proceso constituyente en el que todos tenemos esperanzas para conseguir derechos negados por décadas: salud, pensiones dignas, educación gratuita. Por eso estoy aquí hoy”.

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 Diez kilómetros en dirección al oriente. Parque Bicentenario, en Las Condes, una de las comunas con más recursos económicos. Cierra su campaña José Antonio Kast. Son pasadas las 19. “Chile es y será un país de libertad”. El público ondea centenares de banderas chilenas. Los comentarios se repiten: hay esperanza de tener un país libre y ordenado. 

Pero lo gritos unificados de algunos suelen ser más duros: “El que no salta es comunista maricón” o “Viva Chile Pinochet”. Hay efervescencia y jockeys rojos. Recuerda a las campañas de Donald Trump.

“No al chavismo ni a la falsa oposición venezolana”, escribió en un cartel que sostiene, un joven de no más de 30 años. Catalina Zuñiga (26) explica que están muy unidos, sin violencia, que hay diversidad, personas migrantes, de todas comunas de la Metropolitana y de diferentes orientaciones sexuales. Respecto a las semejanzas que podría tener Kast con Bolsonaro y Trump, explica: “Su personalidad es diferente. Más medido, logra dialogar y llegar a acuerdos. Bolsonaro y Kast son muy cerrados con sus ideas”.

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Tres horas antes del cierre de campaña de los candidatos, a los 99 años murió Lucía Hiriart, viuda del dictador Augusto Pinochet. Cientos salieron a las calles a celebrar. La mayoría se reunió en el centro de Santiago, en la renombrada Plaza Dignidad, símbolo del estallido social de octubre.

“Muere en la impunidad”, comentó en su discurso de cierre d el candidato Boric respecto a Lucía Hiriart, quien fue acusada de malversación de fondos públicos durante el retorno a la democracia.

Kast señaló en un programa de Iberoamericana Radio Chile: “Hay gente celebrando. Eso no es lo que uno esperaría. Siempre la muerte de alguien, para la familia, es dolorosa, más allá del rol histórico”.

Hay posturas distintas. Juana Bautista (58), profesora, fue a la renombrada Plaza Dignidad a festejar. Explica: “El pueblo y la ciudadanía tienen memoria. Por eso celebro”. Es el ambiente de la elección: J.A Kast, un candidato que defendió públicamente la dictadura, que quiere cerrar el Instituto Nacional de DD HH y planteó en su programa de gobierno perseguir opositores políticos. En la otra vereda, Gabriel Boric, que proviene del movimiento estudiantil del 2011, que promete enterrar el neoliberalismo, poner fin al sistema de pensiones, crear un Fondo Universal de salud e instalar un sueldo mínimo de 500 mil pesos.

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La elección es estrecha y polarizada. “Me recuerda a la campaña del Sí y el No, cuando votamos por sacar a Pinochet. Tiene esa mezcla de miedo, mentiras y esperanza”, comenta Luis Monsalve (57), empleado de una cooperativa de ahorro de  Concepción, Región del Biobío. La incertidumbre es total. La mayoría no confían en encuestas y el patrón histórico no es certeza de nada. Ambos candidatos apuestan al centro para ganar la elección: convencer a ese 43% del padrón electoral que no votó.

Héctor Zapata (36), ingeniero civil industrial, de  Temuco, La Araucanía, zona marcada por el conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche. Su voto está definido hace meses: “Nos jugamos mucho. Chile no está preparado para un presidente como Boric. Kast atiende las necesidades más urgentes: orden público, creación de nuevos empleos, crecimiento económico sostenido y fin del estado paternalista”. Un tercio de la renombrada Plaza Dignidad amaneció, la mañana del viernes 17, cubierta de flores y pasto. Fue parte de una intervención vinculada a seguidores de Kast. Una metáfora que desde ambas veredas se interpreta distinto: para los adherentes de Kast, una invitación a la esperanza; para los de Boric, un símbolo de la desigualdad en el país. Este domingo, las urnas decidirán qué metáfora le hace sentido.