Ya se nota el cambio de administración en Estados Unidos y la mano del nuevo secretario de Estado, Anthony Blinken. Por lo pronto, en Moscú y en las principales ciudades de Rusia se reiteraron las manifestaciones en las que los seguidores del opositor Alexéi Navalni claman por su libertad y en contra de Vladímir Putin. Claro que las últimas no sólo terminaron en una muestra de violenta represión, sino además con una cifra indeterminada de detenidos, que podrían superar los cinco mil, entre los que se encuentra la mismísima esposa del bloguero y dirigente político, Yulia Naválnaya.

Las protestas comenzaron luego que Navalni fuera detenido el pasado 17 de enero, en el control de pasaportes del aeropuerto de Moscú, cuando estaba regresando al país. Había estado cinco meses en Berlín, recuperándose de un presunto intento de asesinato con un “agente nervioso” llamado Novichok. Los médicos que lo atendieron en un hospital en Siberia, sin embargo, aseguraron no haber identificado veneno ni en la sangre ni en la orina y diagnosticaron un problema metabólico de baja de azúcar.

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Navalni, por su parte, acusó al FSB y a Putin como los autores materiales e ideológicos del ataque. El activista y bloguero anticorrupción está acusado de romper los términos de su libertad condicional mientras estuvo en Alemania, mientas que sus abogados califican esa denuncia de “absurda”.

Este 2 de febrero Navalni tiene que presentarse ante un tribunal de Moscú, que podría enviarlo a la cárcel durante tres años y medio. Corre el riesgo de que la pena en suspenso pronunciada en 2014 sea transformada en encarcelamiento, como lo solicita la administración penitenciaria.

Los diarios europeos destacan que la policía aplicó un enorme cerrojo en torno a Matriósskaya Tishiná, la cárcel donde Navalni lleva dos semanas encerrado, lo que provocó que recalentara el clima a de tensión y que finalmente se desatara la ola de represión y detenciones. Solo los periodistas conseguían, aunque debieron mostrar acreditación y pasaporte en otros dos controles en la calle Miasnítskaya.

La primera jornada en favor de Navalni, el 23 de enero, reunió en Moscú a 50.000 personas y la mayoría de las fuentes sostienen que la segunda manifestación fue aún mayor.

Varios miles de manifestantes logran llegar a pie. “Hemos venido a apoyar a Navalni. Nos preocupa el futuro de nuestros hijos, y por eso protestamos”, aseguró Svetlana Chernishova, una trabajadora agrícola, que se refugió en el centro comercial Sadóvaya Galereya. También muchos vehículos hacían sonar sus bocinas en medio de las manifestaciones.

También hubo manifestaciones en otras 142 ciudades de Rusia, y los antidisturbios detuvieron a una cifra que se calcula en alrededor de 4.900 personas en todo el país. Según un reporte, la actuación policial más dura fue en Moscú (1.564 detenidos) y San Petersburgo (1.109), donde utilizaron gas, pistolas eléctricas y cachiporras. Según algunas imágenes difundidas por las redes, la situación no fue mucho más calma en otras ciudades, por caso en Kazán.

La Unión de Periodistas de Rusia denunció que fueron detenidos cerca de 80 reporteros, aunque mayoría dejó las comisarías al poco tiempo. Ya la semana pasada se habían abierto más de una veintena de causas penales por este motivo.

Blinhen, que fue subsecretario de Estado durante la presidencia de Barack Obama, fue un hombre clave en la organización de las manifestaciones que en 2014 terminaron con el gobierno pro-ruso de Viktor Yanukovich en Ucrania y del giro de sus sucesores hacia la OTAN. Muchos le computan la recuperación de Crimea por parte de Rusia, en represalia, y la guerra en el este del país, las regiones de Luganks y Donetsk, de mayoría rusa, que dejó miles de muertos. Navalni es visto como muy cercano a los favores de Washington y de los países occidentales, que resaltan cada una de sus intervenciones cuando dentro de Rusia su predicamento es bastante escaso.