Rusia y China realizaron patrullajes aéreos conjuntos en la región de Asia-Pacífico, anunció este miércoles el Ejército ruso, en un momento de tensión por el conflicto en Ucrania y de rivalidad entre Beijing y Washington.

El Ejército de Corea del Sur, por su parte, anunció que desplegó sus aviones de combate después de que seis aviones de guerra rusos y dos chinos penetraran sin dar aviso en su zona de defensa aérea.

Sin embargo, el mismo Ejército indicó que las naves abandonaron la zona sin violar el espacio aéreo del país peninsular.

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El Ministerio de Defensa ruso informó a través de un comunicado que se trató de un escuadrón de cazas rusos y chinos que «efectuaron un patrullaje aéreo sobre el mar de Japón y el mar de China Oriental».

El ejercicio duró cerca de ocho horas y, en algunas etapas del itinerario, los aviones fueron «escoltados por cazas de Estados extranjeros», explicó el ministerio ruso.

«No hubo ninguna violación de ningún espacio aéreo», destacó el ministerio ruso, que afirmó que el ejercicio fue realizado en el marco de un plan de cooperación militar entre Rusia y China y que no está dirigido contra ningún país.

Rusia espera ahondar el terreno común con China en momento en que ambos países buscan desafiar a Estados Unidos.

China no condenó la operación militar de Rusia en Ucrania pero, pese a la amistad «sin límites» que afirma tener con Moscú, se negó a apoyar a Rusia con armas.

La región de Asia-Pacífico es una zona estratégica tanto para Estados Unidos, como para China y Rusia.

Por su parte, Estados Unidos realiza un equilibrio entre sus esfuerzos en Ucrania, donde busca responder a las acciones de Rusia, y su estrategia en Asia para disuadir a China especialmente de cualquier avance en Taiwán.

Washington y Beijing arrastran una larga historia de tensiones, especialmente debido a la balanza comercial e históricas disputas geopolíticas, además del contraste ideológico y político.

Este año, la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, a la isla de Taiwán, cuya soberanía reclama China, tensó aún más los vínculos entre ambas potencias.

China considera que Taiwán es una parte de su territorio y busca retomar el control, por la fuerza si fuera necesario.

Tras la visita de Pelosi, Beijing realizó maniobras militares a gran escala alrededor de la isla.

Beijing arremete contra las acciones diplomáticas que puedan otorgar legitimidad a Taiwán y ha respondido con creciente indignación a las visitas a la isla por parte de altos cargos occidentales y políticos.

Washington, por su parte, sostiene que la política estadounidense hacia Taiwán no ha cambiado y que se sigue oponiendo a cualquier cambio unilateral en el status quo de la isla.

En este contexto de agudización de la rivalidad, el presidente chino, Xi Jinping, se reunió con su homólogo estadounidense Joe Biden en la cumbre del G20 hace dos semanas.

Ambos prometieron rebajar las tensiones y trabajar para aminorar las brechas entre ambas potencias.

Un día antes del comienzo de la cumbre del G20 en la ciudad indonesia de Bali, Xi y Biden buscaron evitar que su rivalidad desemboque en un conflicto abierto.

Ambos gobiernos dieron cuenta de la reunión en comunicados que coincidieron en muchos puntos, pero ratificaron líneas rojas, como la guerra en Ucrania y la isla de Taiwán.