Dos fuerzas antagónicas se enfrentan hoy en las elecciones presidenciales de Chile. Dos países. Dos miradas de cómo deberá seguir el futuro del país trasandino. Los chilenos deben decidir hoy, en segunda vuelta electoral, si su próximo presidente será el joven dirigente de izquierda y diputado, Gabriel Boric, o el también diputado y representante de la ultraderecha pinochetista, José Antonio Kast.

Con el pronóstico anticipado por las encuestadoras de un “empate técnico”, ambos candidatos que en primera vuelta obtuvieron 28% (Kast) y 26% (Boric) llegan con principios de acuerdo con el resto de las fuerzas políticas afines. Quizá con más contundencia, en el caso de Boric, los otros candidatos de izquierda y centro izquierda que participaron el pasado 21 de noviembre anunciaron que votarían por él y llamarían a su electorado a hacerlo. Lo hizo la candidata de la exconcertación, Yasna Provoste, que obtuvo 11,6%, la propia expresidenta Michelle Bachelet y el candidato del Partido Progresista, Marco Enríquez-Ominami (7,6%). Incluso enviaron propuestas de medidas al equipo de gobierno de Boric y entre los dirigentes cercanos se cree en la posibilidad de un eventual gobierno que contenga a esos espacios, confiaron a Tiempo.

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Sebastián Sichel, el candidato del presidente Sebastián Piñera, que llegó a la primera vuelta con un magro 12,8%, también se pronunció a favor de Kast, pero con tibieza, más por oposición al “comunismo” que por sentirse seducido por el pinochetista. En días posteriores a la elección declaró sus condiciones para apoyarlo. Algunas muy alejadas del pensamiento ultraderechista. Una de ellas, el compromiso de mantener el Ministerio de la mujer, fue recogida. Kast, que había dicho que lo pensaba eliminar, modificó su postura. Una vez más, el candidato sorpresa, Franco Parisi, mantuvo la incertidumbre. No se pronunció por ninguno y su Partido de la Gente organizó una encuesta interna en las últimas horas para definir posiciones.

La elección está también signada por el proceso de la Constituyente, producto de un largo recorrido de movilizaciones populares, por la discusión sobre los fondos de pensión (AFP) y la ampliación de derechos en tiempos en que, pandemia mediante, queda demostrada la necesidad de un Estado presente.

Con apelaciones al marxismo por un lado y al odio y la violencia, por otro; a la supuesta amenaza del totalitarismo confiscatorio, contra la opción de un estado tutelado por una ideología ultraconservadora que añora a la dictadura, los dos candidatos venían de atravesar una semana candente que comenzó con un agitado debate televisivo con duros cruces, y donde Boric llegó a presentar un análisis para comprobar que no consume drogas, en respuesta a una acusación recurrente de Kast. Entre medio, falleció la longeva viuda de Pinochet, Lucía Hiriart (98) lo que mantuvo fresco el debate de la filiación pinochetista del candidato.

Sobre el final, culminaron en sendos actos bastante convocantes, acaso un reflejo de que pueda haber una mayor afluencia electoral que supere el escaso 47% de la primera vuelta, pese a que las encuestas decían que la mitad de los 15 millones de chilenos llamados a votar permanecía indeciso. La franja etaria de los que se convenzan a último momento, será decisiva. Los análisis asumen que un público joven votará masivamente a Boric, teniendo en cuenta que en primera vuelta el abstencionismo tuvo un porcentaje alto entre ellos.

Más allá de que ambos candidatos moderaron sus discursos en los últimos tramos de campaña, mantuvieron sus planteos esenciales, sobre todo por oposición a lo que representa su contrincante. «Chile no es ni será jamás un país marxista ni comunista», aseguró Kast en el cierre. «El comunismo es el mismo en todo Chile y en todo el mundo. Con esos discursos de paz y amor no nos van a engañar. Les vamos a enfrentar, les vamos a dar frente, de cara, y con la razón, nunca con la violencia», dijo varios miles de seguidores. «La izquierda sólo promueve la pobreza, esa pobreza que ha arrastrado a Venezuela, a Nicaragua y a Cuba, donde las personas huyen de ahí porque esa narcodictadura sólo trae pobreza y miseria».

«Somos los herederos de los que han luchado por hacer de Chile un país más justo y digno», afirmó por su lado Boric. «El programa de Kast es realmente preocupante, es realmente violento; es violencia contra la mujer, es violencia contra los pueblos originarios, es violencia con las diversidades y es violento contra los derechos humanos de todas y todos», agregó el candidato de la coalición Apruebo Dignidad.

Una última encuesta de la consultora brasileña AtlasIntel, realizada entre el 14 y 16 de diciembre entre 2.218 personas, reveló un empate técnico, con un 48,4% para Boric y un 48,5% para Kast, y un margen de error del 2%.

Una economía compleja

Quien gane hoy las elecciones en Chile enfrentará una economía compleja, con un sistema ultraliberal generador de inmensas desigualdades, que fue pionero en la región, aún vigente. Sobre los fondos privados de pensiones (AFP), Kast propone una rebaja de impuestos a las grandes empresas y mantener el sistema privado de pensiones. Boric plantea una reforma tributaria que incluye mayores cargas a los super ricos y a las rentas altas para recaudar 5% del PIB adicional, que se destinaría a ampliar la participación del Estado en la provisión de seguridad social.

Recientemente, el Banco Central aumentó su tasa de interés de referencia y anunció que «la inflación anual siguió aumentando en los últimos meses, situándose en 6,7% en noviembre», más del doble de su meta del 3%.

GABRIEL BORIC FONT

35 años. Nació en Punta Arenas. Actualmente es diputado por dos distritos chilenos. Es egresado de Ciencias Jurídicas y Sociales. Mantuvo una muy activa militancia en la Confederación de Estudiantes de Chile en  2011. En 2018, fundó convergencia Social, que integra la alianza Apruebo Dignidad. En las internas de la alianza venció a Daniel Jadue (del Partido Comunista). En medio de la campaña padeció la variante Delta del Covid-19.

JOSÉ ANTONIO KAST RIST

55 años, de Santiago. Abogado y político de ascendencia alemana. Exdiputado. Militante histórico de la Unión Demócrata Independiente. 3ª vez que es candidato. Es contrario a la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario. Reivindica el gobierno del dictador Pinochet, lo considera el período más importante “para el desarrollo del país”. Lo tildaron como el Bolsonaro chileno. Tiene buenas relaciones con el partido Vox de España.