La noche del 24 de abril, poco después de que Emmanuel Macron fuera reelecto presidente, Jean-Luc Mélenchon avisó que comenzaba la “tercera vuelta”. El líder de la izquierda francesa se refería a las elecciones legislativas de este domingo que, en caso de ganarlas, podrían convertirlo en primer ministro. Después de quedar a las puertas del balotaje –al final entró Marine Le Pen, que fue derrotada por Macron–, el líder de la Francia Insumisa se unió a socialistas, ambientalistas y comunistas en la Nueva Unión Popular Ecologista y Social, NUPES, una apuesta por revitalizar a la izquierda y obtener la mayoría en la Asamblea.

Mélenchon terminó tercera en las presidenciales, con casi el 22%, y obtuvo la legitimidad suficiente para alinear a los demás partidos progresistas que habían conseguido los peores resultados de su historia. Si la bancada de NUPES resulta ahora la más numerosa, Macron tendrá que nombrar a Mélenchon como primer ministro. Lo marca la tradición y los mecanismos de la Asamblea. El presidente no podría justificar la permanencia en el cargo de Élisabeth Borne, y la decisión de NUPES de postular como candidato único a Mélenchon.

“La táctica electoral inteligente de Mélenchon es ir por el puesto de primer ministro, polemizar con la legitimidad de la elección de Macron y buscar una cohabitación bipartidaria entre el Ejecutivo y el Legislativo. Esta proyección por ahora moviliza”, dice el analista político François Soulard. Pese a la “convergencia programática bastante limitada” de la coalición, Mélenchon está cerca de alcanzar su objetivo.

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Pero antes de llegar a un acuerdo, los partidos de NUPES debieron ceder en algunas de sus principales demandas. “La alianza naturalmente provocó reacomodamientos. El Partido Comunista bajó su bandera nuclear, los ecologistas aceptaron limitar su planteo de salida de los hidrocarburos y los socialistas concedieron distanciarse de la UE y de la OTAN, con la cual la Francia Insumisa quiere romper. Lo mismo para la laicidad, históricamente promovida por el socialismo francés. La consecuencia es que la mitad de los militantes socialistas dejó el partido y se produjeron varias rupturas territoriales, expresando un nivel de síntesis muy blando”, señala el coordinador de la plataforma ciudadana Dunia.

Algunas encuestas indican que NUPES se aproxima en intención de voto a Ensemble! –Juntos, la alianza de Macron–, mientras otras destacan que ya supera al oficialismo, y con la ayuda del sistema electoral mayoritario de doble vuelta, que privilegia a las grandes coaliciones, la izquierda es el rival de mayor peso para el presidente. En el caso de que Mélenchon termine reemplazado a Borne, Macron se verá forzado a replantear los lineamientos del gobierno en los cinco años que le quedan.

Para Aitana Pérez, analista de Sciences Po de París, una mayoría parlamentaria de NUPES “supondría un viraje para la sociedad francesa”. “Su programa, que rompe con las reformas de Macron, propone congelar los precios de los productos de primera necesidad en un contexto de encarecimiento energético y aboga por la subida del salario mínimo a 1500 euros netos al mes, la reducción de las horas de trabajo y la baja de la edad de jubilación a los 60 años. La reforma de las pensiones fue muy polémica y es una de las principales causas de la impopularidad del presidente. Además, el programa de la NUPES quiere restablecer el impuesto sobre la fortuna, que Macron suprimió, y añadirle una cláusula climática para gravar a los grandes contaminadores”, explica.

De cara a la segunda vuelta del domingo 19, NUPES tiene la misión de capitalizar el voto anti Macron y despojarse de la imagen de una izquierda radicalizada, promovida por la derecha y el oficialismo. El presidente intenta beneficiarse de la dispersión del voto y confía en atraer al electorado conservador y de extrema derecha que quedará sin representación tras la primera vuelta. “Uno de los ejes de campaña de Macron es insistir en el aspecto radical de la candidatura de la NUPES y en el eje antieuropeo y anti Otan de la coalición”, apunta Pérez. El problema para el mandatario es que, “si gana por la mínima, tendrá muy difícil retomar la manera de gobernar de estos años”, caracterizada por “la ausencia de verdaderos debates parlamentarios, con la amenaza constante de activar el artículo constitucional que permite adoptar una ley sin pasar por el Parlamento. Ha confrontado con los movimientos sociales y ahora tendrá que escucharlos, o su gobierno quedaría expuesto a una moción de censura”, continúa.

De acuerdo con Soulard, la incógnita es si Macron “entendió el mensaje de las últimas presidenciales, es decir, dirigirse de otra forma a la sociedad, con mayor consideración, representatividad, inclusión de sectores desfavorecidos y consistencia en las reformas y ciertos armados políticos”. El presidente avisó que avanzará con su proyecto de aumentar la edad de jubilación (de 62 a 65 años) en el caso de que Ensemble! confirme la mayoría.

“Si Macron logra armar una mayoría, intentará ir por reformas internas delicadas, y en el plano exterior hará una revisión relativa de ciertas dependencias estratégicas mientras fortalecerá a la UE y la Otan frente a la amenaza rusa. Son temas ambiciosos para una Francia que tiene bastantes grietas. En la última elección presidencial, la mitad del país votó a Macron y la otra a Le Pen o Mélenchon, sin hablar de la concentración de poder real y la práctica condescendiente de una administración, más allá de Macron, que es generadora de los ‘chalecos amarillos’.Caldo de cultivo de los partidos extremos”, sostiene.  «

La ultraderecha siempre está

En la segunda vuelta presidencial, Macron se enfrentó con la ultraderecha. Ahora lo hará con la izquierda, ya que a la derecha gaullista y al partido de Le Pen les juega en contra que el sistema no sea proporcional. Sin embargo, la apelación de Le Pen a las demandas vinculadas al poder adquisitivo es compartida por parte del electorado de Mélenchon.

Pérez asegura que “estas elecciones le permitirán a Le Pen recuperar el mínimo de 15 diputados que se necesita para formar un grupo parlamentario. Hoy tiene siete. Pero también Le Pen busca posicionarse como la portavoz de los olvidados a los que Macron no prestó atención”. Para Soulard la extrema derecha de Le Pen y Éric Zemmour obtendrá un 25%. “Van a estar en el Parlamento y cambiará un poco el panorama”, advierte. “El gran logro de la ultraderecha es haber modificado los términos del debate político a partir de una estrategia de rentabilidad política. Estos partidos no se involucran en temáticas centrales para el mundo multipolar de hoy: reconstrucción como potencia, soberanía, competencia económica, reactivación de una coherencia nacional. Macron sí lo entendió un poco más, pero las inercias tienen su precio y fomentan el comercio de posturas polarizadoras”, concluye.