Domingo por la noche en París. La gente esta prendida a sus televisores y sus computadores esperando el resultado de una elección compleja y desgastante, producto de una campaña extensa y bastante sucia. Los primeros resultados no tardan en aparecer: Emmanuel Macron con el 23,86% y Marine Le Pen con el 21,43% son los candidatos a disputar el ballotage en dos semanas.

Con este panorama, se pone fin al bipartidismo que representó a Francia desde hace 35 años. François Fillon (19,94%), representante de los conservadores Les Republicains y Benoît Hamon (6,35%) del todavía oficialista Partis Socialiste, quedaron eliminados categóricamente por un outsider político y por la madre de todos los miedos de Francia. En cuarta posición quedó Jean-Luc Mélenchon (19,62%), de La France Insoumise, quien tuvo una leve remontada las últimas semanas previas a las elecciones, pero no le alcanzó.

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De entrada se sabía que los candidatos a disputar el balotaje serían Macron, Le Pen o Fillon. Algunas personas tenían la esperanza de que también entre en la disputa Mélenchon. Eso se vio reflejado en el marcado ascenso en su caudal de votos al mismo tiempo que descendió el de Hamon. Sobre todo en la juventud universitaria y de izquierda. La discusión era votar con el corazón por alguien que puede renovarle la cara al socialismo como Hamon, o votar por alguien del mismo estilo, con una oratoria magnifica y con más posibilidades de llegar a disputar el balotaje como Mélenchon. El denominado “voto útil”.

Ya con el diario del lunes, si se suman los votos de los socialistas más los de Mélenchon, el resultado sería alrededor del 25%. Porcentaje con el cual algunos de los dos podrían estar disputando la segunda vuelta, aunque sea un número muy bajo para lo que están acostumbrados a alcanzar los socialistas.

Pero la realidad es otra. Emmanuel Macron, quien recibió el apoyo de Hamon y de Fillon para la segunda vuelta, ya se encamina a ser el ganador salvo un milagro o una catástrofe, algo que en estos tiempos políticos puede suceder tranquilamente. Su discurso anti-político, su distanciamiento del gobierno socialista de Hollande, del cual formó parte desde 2014 como Ministro de Economía, un leve blindaje mediático y su posición de “centro” liberal con más matices de derecha que de izquierda, hicieron que el líder de En Marche!, partido fundado hace menos de dos años, tenga todas las posibilidades para ser presidente de Francia con solo 39 años.

Del otro lado esta El Frente Nacional de Marine Le Pen, alguien que supo construir su discurso basándose en el miedo de la sociedad francesa ante los atentados yihadistas y la ola de inmigrantes refugiados producto de las guerras en las que Francia es uno de los responsables. De la gente que iba a votar con miedo, sin esperanza, con la idea de que la única solución era cerrar sus fronteras para así proteger a la nación, un 80% votó por la líder de la extrema derecha, quien de esta forma estará participando por primera vez de un balotaje.

Si bien el atentado del pasado jueves en el Champs Élysées en el que murió un policía y otros dos resultaron heridos repercutieron poco en la decisión de los votantes, son hechos en los cuales se basa la extrema derecha para endurecer su discurso y así atraer más votos. Si un posible atentado llegará a suceder estas dos semanas, no sería muy descabellado pensar que muchos de los que votarán por Fillon pasen a hacerlo por Le Pen.

Muchas personas decidieron a quién votar el mismo fin de semana. Las dudas estaban entre Mélenchon o Hamon y entre Macron o Fillon. Los votantes de Le Pen ya estaban seguros de su postura, al igual que los de la izquierda más dura lo hicieron por Philippe Pouton. Esto es el reflejo de la incertidumbre que cubrió a la sociedad desde el comienzo de las primarias de los partidos tradicionales y que posiblemente va a continuar hasta el balotaje, aunque ya con el camino más allanado.

“Quiero ser el presidente de los patriotas contra la amenaza de los nacionalistas”, dijo Macron en su discurso luego de enterarse de su victoria, marcando de entrada la polarización frente a su rival para la segunda vuelta. Para cerrar, dijo una gran verdad a la que deberán enfrentarse los franceses de aquí en adelante en el mundo político: “En un año, hemos cambiado la cara de la vida política de los franceses”. Algo impensado pero que está sucediendo.

Por su parte, Le Pen llamó a aprovechar “esta posibilidad histórica” para poder llegar al poder. Calificó a su contrincante como “el heredero de Hollande y de su gobierno catastrófico”, utilizando nuevamente el miedo para convencer a su electorado a votar por su propuesta política de medidas xenófobas, nacionalistas y fascistas.

Por el lado de los perdedores, Fillon dijo que “el Frente Nacional es conocido por su intolerancia y que su programa podría llevar a Francia a la quiebra. No hay más remedio que votar por Macron para evitar esta situación”. El candidato del socialismo, Hamon, reconoció que “fracasó en su intento de desarmar el desastre que se avecinaba”. “La derrota de la izquierda por segunda vez en quince años es una derrota moral, pero la izquierda no ha muerto”, sostuvo luego de reconocer que votaría sin más remedio a Macron.

Los diarios franceses se mantienen bastante cautos en cuanto al futuro de las elecciones. Le Monde remarcó que “no hay que olvidarse que es la primera vez en la historia de la V República la extrema derecha pasa el 20% de los votos”. Libération sostuvo su critica a la izquierda por el flojo papel realizado y le dio más lugar a la histórica elección de Le Pen, que alcanzó 7,7 millones de votos, algo histórico.

Aunque parezca que el camino está allanado para que Macron se convierta en el próximo presidente de Francia, todavía quedan dos semanas en las cuales pueden suceder distintos hechos que modifiquen el voto del electorado. La ansiedad y la incertidumbre terminaron este domingo, aunque ahora la gente deberá pensar por quién votar el próximo 7 de mayo.