Una traducción tan literal como malintencionada de whistleblower sería “soplón”. Pero la palabra fue derivando a reflejar una actitud tan peligrosa como comprometida de personajes que ponen en circulación acciones que los gobiernos no quieren que trasciendan. Son “denunciantes éticos”, como el agente Edward Snowden, quien en 2014 reveló cómo Estados Unidos espía a través de plataformas informáticas en todo el mundo, o la soldado Chelsea Manning, que mostró las atrocidades de las tropas estadounidenses en Irak. Dentro de esta categoría entra también Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Estos días la Fundación Mundial de Datos Éticos (WEDF por sus siglas en inglés)  organizó un foro de “whistleblowers” para otorgarle el Premio Sam Adams a la Integridad en Inteligencia a la exagente del MI5 británico Annie Machon y honró al fallecido Stephen Cohen, de la Universidad de Princeton.

Machon integraba el servicio de inteligencia del Reino Unido desde principios de los 90, recién egresada de la Universidad de Cambridge. “Me dijeron que era un trabajo para el gobierno pero me enteré de qué se trataba después”, dice en el CV de su sitio https://anniemachon.ch. En 1996 se enteró por un colega y pareja del MI6 -el servicio exterior, homólogo de la CIA- que se preparaba un atentado para matar al líder libio Mohamar Khadafi. Con David Shayler decidieron dar a conocer lo que consideraban una clara violación de las reglas que deberían regir la vida de un agente secreto. Renunciaron y huyeron del país, recuerda, generando un escándalo con el objetivo “de llamar la atención sobre estos abusos”. Al cabo de tres años, volvieron y Shayler terminó detenido en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh, donde hoy permanece Assange.

Cohen, en cambio, fue un académico especializado en estudios sobre Historia Rusia desde la Revolución de 1917 y su relación con Estados Unidos. Desde ese lugar advirtió sobre la sesgada política exterior de su país y el peligro que podría acarrear esta posición belicista para el futuro de la humanidad. Cohen murió en septiembre pasado. El premio recuerda a Sam Alexander Adams, exoficial de la CIA durante la Guerra de Vietnam que en su momento reveló la manipulación de la información oficial relativa al número de tropas del Vietcong. El más conocido de los “filtradores” en aquellos años fue Daniel Ellsberg, que trabajó para el Pentágono contratado por la empresa Rand Corporation. La denuncia de Ellsberg sobre el turbio manejo de la Guerra es todo un capítulo de la historia política y periodística de EE UU que puede verse en el filme The Post, de Steven Spielberg.

Si algo diferencia a un denunciante ético de un “arrepentido” es que su actitud genera consecuencias dramáticas para sus vidas. Otros por WEDF -además de Snowden, Assange y Manning- fueron Craig Murray, exembajador británico en Uzbekistán; Sibel Edmonds, quien señaló que el FBI sabía meses antes del 11 S de 2001 que habría un atentado en EE UU y no tomó medidas para evitarlo. «