Durante la larga campaña electoral, el establishment empresario estadounidense estaba horrorizado por la demagogia agresiva y chabacana de Donald Trump, pero el miércoles habló como presidente electo a las cinco de la mañana, el Dow Jones aumentó 256 puntos (1,4 por ciento). La Bolsa tuvo su mejor semana en casi cinco años al ganar 5,36%, con dos cierres récord consecutivos. Muchos protestan contra el reaccionario, pero otros muchos festejan la esperada recuperación económica. «Vamos a revivir los centros urbanos y a reconstruir nuestras autopistas, puentes, túneles, aeropuertos, escuelas y hospitales», anunció Trump en su primer discurso. Se estima que el nuevo gobierno pedirá al Capitolio 500 mil millones de dólares para destinarlos sólo a infraestructura. Trump se propone también incentivar la producción no contaminante de carbón e innovar «ecológicamente» en la exploración de hidrocarburos. Durante la campaña se burló del ecologismo, pero sabe que el medio ambiente también da dinero. Aboga por el entendimiento con Rusia, mientras promete invertir en nuevas naves y aviones y aumentar el personal de las fuerzas armadas. Probablemente no deporte a los 11 millones de indocumentados que habitan en EE UU, pero seguirá construyendo el muro fronterizo con México para cumplir su programa y crear puestos de trabajo. Además, impondrá a su vecino del Sur aranceles a las importaciones, con lo que este terminará pagando por el muro. Trump retirará del Senado el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) y buscará imponer a los europeos sus condiciones en las negociaciones sobre el Tratado Transatlántico (TTIP). El magnate reniega del multilateralismo, no del libre comercio bilateral. El futuro gobierno aumentará las demandas contra China en la Organización Mundial del Comercio, pero no arriesgará una guerra comercial. Como anunció que rebajará los impuestos de trabajadores y clase media, afrontará presiones de la clase alta, que quiere mantener la enorme desigualdad de ingresos actual, pero disminuirá los impuestos corporativos. Siempre dijo que revisaría el seguro médico para los carenciados («Obamacare»), pero no lo va a abolir, porque fueron millones los pobres que lo votaron. Algún negocio se le ocurrirá también en este campo. De hecho, el viernes le dijo al Wall Street Journal que no lo eliminará, sino que lo modificará. Sabe que cada una de estas iniciativas colisionará con intereses en el Congreso, con los medios liberales y conservadores, con la Corte y con la Reserva Federal que querrá impedir la inflación. Desde hace tiempo los republicanos reclaman que el Congreso audite el Banco Central. La oportunidad de someterlo a su autoridad política los va a unir ahora. Las condiciones son inmejorables para que la mayor potencia del globo supere el estancamiento, desarrollando el mercado interno. En los años ’30, Franklin D. Roosevelt salió de la crisis fomentando la demanda y con un programa liberal y social. Donald Trump prueba ahora la misma fórmula, pero con una ideología reaccionaria y métodos fascistoides.

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