El mundo en 2022 vive una crisis que es el resultado de la acumulación de consecuencias no resueltas de varias situaciones críticas en los últimos quince años.

La crisis bursátil del 2008, la crisis Covid 2019, las emisiones inorgánicas de dólares y euros por Estados Unidos y Europa, impulsadas por Joe Biden y sus dóciles socios europeos para afrontar situaciones sociales difíciles, a fin de mantener a flote el debilitado estado de bienestar, las consecuencias boomerang de las más de  10.000 sanciones antirusas por el operativo militar especial en Ucrania.

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Las consecuencias visibles son una amenaza de desaceleración de la economía y elevada inflación en Occidente y el planeta. En el sistema de relaciones internacionales se consolida un orden internacional multipolar, multicivilizatorio. Abarca a países de todos los continentes sin estados amos ni estados vasallos, sin reglas rígidas que impongan cuáles valores y sistemas políticos deben hegemonizar la realidad de cada país.

Mentes de intelectuales y políticos fríos y experimentados, como Henry Kissinger, Tony Blair, Silvio Berlusconi,  Joseph Erdogan, entre otros, todos de países miembros de la OTAN, señalan que el orden internacional hegemonizado y liderado en lo económico, político y militar por Occidente, llegó a su fin.

Sin embargo, existen personajes que por necesidad política, funcionaria o burocrática, o por la necesidad psicológica de vivir en una burbuja de autoengaño, no aceptan esta nueva realidad de la evolución histórica.

El escritor italiano Luigi Pirandello, premio nobel de literatura en 1934, escribió en los años 20 del siglo pasado una genial pieza teatral: Seis personajes en busca de su autor. La obra lo consagró para siempre en la literatura universal.

No podía imaginar que un siglo después existirían seis personajes de relevancia internacional que recuerdan la creativa y excéntrica comicidad de la obra de Pirandello. Y, menos aún, que esos personajes sí podían encontrar un autor y era nada menos que en la pluma del “Charles Dickens» español Enrique Jardiel Poncela, nacido a inicios del siglo XX y fallecido prematuramente en 1952.

Jardiel  hizo comedia del absurdo con exquisita brillantez. Y hoy sus personajes están en la palestra política internacional.

Joe Biden encarna la obra del español Amor se escribe sin hache. Con esa obra Jardiel pretendió burlarse de las novelas de amor vigentes en la época. Así parece actuar el presidente de EE UU con sus declaraciones almibaradas de apoyo a Europa, mientras le impone comprar energía más cara de su país en nombre de la adhesión a valores compartidos.

Boris Johnson se identifica en su praxis política con la obra jardeliana Los ladrones somos gente honrada. Jane Stoltenberg, en su condición de Secretario General de la OTAN, es retratado por una frase célebre del escritor español “la experiencia es una cadena de errores”.

Josep Borrel, el Alto Comisionado para Política Exterior de la UE es el anti don juan literario que Enrique Jardiel Poncela creó en su clásica obra ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?

Úrsula von del Leyen, presidenta de la  Comisión Europea, recuerda al personaje de Usted tiene ojos de mujer fatal. Elena, el personaje novelesco,  no cede a los encantos del  irresistible seductor Sergio y lo rechaza. Así la diplomática de madura belleza es irreductible ante cualquier insinuación de flexibilizar su “hegemonismo occidentalista” a ultranza.

Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, recuerda los personajes de Morirse es un error que se vuelven inmortales y luego no pueden soportar el aburrimiento de la inmortalidad. Y cuando se analizan las discusiones y acuerdos de la OTAN en su cumbre de Madrid, Jardiel Poncela nos auxilia con su aguda frase “la estupidez es una asociación internacional”

Dejando las exquisiteces divertidas de los citados escritores italiano y español, el comportamiento de Occidente Colectivo nos avisa que la tragedia griega y su consagración del destino inevitable, por cuya realización todos los actores cumplen sus roles, en una época nuclear e hipersónica, siempre es una amenaza sobre la que hay que meditar con seriedad.

Y luchar en los campos que nos corresponden contra los riesgos de que ocurra una expansión bélica en Europa que confronte directamente a Rusia y la OTAN.