Ya pasaron 29 años del histórico triunfo electoral de Antonio Cafiero, que le arrebató al radicalismo la provincia de Buenos Aires. Esa gesta peronista fue el 6 de septiembre de 1987 pero había empezado unos años antes, cuando el tridente de Cafiero, Carlos Grosso y Carlos Menem, decidió dar un paso al costado y fundar el “Frente Renovador Justicialista”, tras la derrota electoral frente a Raúl Alfonsín.

El futuro inmediato del PJ, allá por el 83′, ya estaba escrito: la fórmula Ítalo Luder y Deolindo Bittel acababa de ser derrotada por Alfonsín y “el movimiento” debía reordenarse.

Cafiero había perdido la interna con Luder. Naturalmente, se esperaba que fuera candidato por la provincia de Buenos Aires. Pero ese espacio fue ocupado por Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel, quienes finalmente cayeron ante el correligionario Alejandro Armendáriz.

Sin muchas más opciones, los dirigentes díscolos del peronismo encabezaron en 1985 la lista del Frente Renovador Justicialista, paralela al PJ tradicional. Si bien hubo desavenencias de parte de Iglesias, la jueza Servini de Cubría dio el visto bueno para su presentación.

Dos años más tarde, en la Semana Santa del 87′, Cafiero se desmarcó del ala más dura del peronismo al mostrarse junto a Alfonsín en uno de los momentos más duros del gobierno radical: el levantamiento carapintada liderado por Aldo Rico, entre otros.

En septiembre del mismo año, la fórmula Cafiero-Luis María Macaya se impuso al radical Juan Manuel Casella en la competencia por la gobernación bonaerense. Ese mismo año, el nuevo mandatario provincial fue elegido presidente del Consejo Nacional del Partido Justicialista, que se reunificaba detrás de su figura.

Hoy el peronismo tiene nuevamente un fuerte debate interno. Se habla de «renovación», aunque no parece fácil comparar este momento con aquel proceso que lideró Don Antonio.