Alicia Stolkiner: "Que los más contagiados sean los jóvenes no los coloca como culpables"

La docente de Psicología de la UBA, asesora del Ministerio de Salud, sostiene que hay descuidos en todos los sectores. Y se muestra preocupada con la idea de encontrar el culpable para "aliviar" la bronca por el presente.
17 de enero de 2021

Cada etapa de la pandemia tuvo sus términos fetiches. En estas semanas, las “fiestas clandestinas” y la noción de “descontrol” estuvieron a tiempo completo en la opinión pública (con el correspondiente incentivo desde los grandes medios), y el combo venía asociado directamente con la juventud, como si quienes atravesaran esa franja etaria fueran los culpables excluyentes del rebrote de Covid. En diálogo con Tiempo, Alicia Stolkiner, docente titular de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y asesora del Ministerio que conduce Ginés González García, relativizó el rol de este grupo social, al que calificó como una masa que no es homogénea, valoró la nueva campaña de comunicación orientada a ellos, y sostuvo que aquellos con actitudes riesgosas no las tienen por ser jóvenes sino por representar "el pensar de un sector de la sociedad".

–¿Los jóvenes son una especie de chivo expiatorio?

–La Epidemiología es una disciplina compleja del ámbito de las Ciencias Sociales. Una parte importante de las respuestas sobre la evolución de una enfermedad infecciosa y contagiosa es el comportamiento de la población. Cuando empezó el rebrote en Europa, la mayor parte de las personas contagiadas a lo largo del verano, dicen los epidemiólogos, fueron los jóvenes, y acá más o menos se repitió. Pero que el grupo más contagiado hayan sido los jóvenes no los coloca en el lugar de ser necesariamente los culpables o responsables de nada.

–¿Y a qué se debe la situación actual?

–Confluyeron varias cosas. Primero, el movimiento de la epidemia no es muy fácil de definir en una relación causa–efecto; y segundo, hubo varias manifestaciones masivas, vinieron las fiestas de fin de año y llegó el verano. La gente empezó de alguna manera a comportarse como si no existiera la pandemia. En el medio, se abrió la posibilidad de ir a las playas y un sector de los jóvenes protagonizó estas fiestas, pero ya había habido fiestas clandestinas antes en otros lugares. Se transformó en un hecho mediático.

–¿Cómo podría impactar en la juventud esta culpabilización?

–Yo me preocuparía por esta circulatoria de que hay que encontrar el culpable porque eso nos "alivia" la bronca que nos produce la situación. Hay un abismo entre la culpa y la responsabilidad. La culpa convoca castigo y expiación; la responsabilidad es otra cosa. Calculo que muchos de los jóvenes no se ven reflejados en los que hacen esas fiestas nocturnas. La juventud nos parece una masa homogénea, pero no lo es. Hay jóvenes que están mucho más preocupados por la violencia institucional que se da en algunas zonas desfavorecidas que en poder hacer una fiesta. Eso no quiere decir que no haya formas de cuidado y de descuido en todos los sectores jóvenes posibles como en toda la sociedad.

–Cualquier generalización resulta injusta…

–Los jóvenes no son distintos a la sociedad a la que pertenecen. Veía que entrevistaban a una jovencita que decía “yo pagué y voy a hacer todo lo que quiera”. Después había otro que decía que “si la gente grande es la que es de riesgo que se cuiden ellos”. Eso no lo dicen por su característica de ser joven, sino que representa el pensar de un sector de la sociedad argentina. Los jóvenes han tenido conductas muy distintas, como toda la población, con respecto al cuidado. La gama de cuidados que desarrollan las personas son muy variadas y hay jóvenes que han sido muy cuidadosos particularmente al convivir con personas de riesgo. Lo que puede tener que ver con el ser joven es la mayor necesidad del contacto, del encuentro de los cuerpos, del erotismo, una menor tolerancia a la frustración, cierta tendencia a la transgresión de las normas. Quizá no hubo mensajes dirigidos específicamente a ellos, pero a mí no me parece que el camino sea culpabilizar a los jóvenes.

–¿Cómo debería haber sido ese mensaje hacia ellos?

–Lo dije en más de un encuentro que tratar de que las medidas de cuidado se tomen exclusivamente por temor o por miedo tenía patas cortas. Se trata de incorporar prácticas nuevas en la vida y eso tiene que ver por un lado con crear normas claras y efectivas con cierto control, porque si no existiera ese control, por ejemplo, no se podría penalizar a alguien por llevar a un bebé en el asiento de adelante. Se entiende que nadie quiere que su bebé corra riesgo, pero al desconocer la norma lo está haciendo. Acá sería lo mismo.

–¿Se falló en el mensaje?

–Surgen distintos factores que van de la negación del riesgo y la necesidad de normas claras hasta la ausencia de un mensaje que diera un sentido, no necesariamente por temor a la incorporación de estas prácticas indebidas. Ahora han aparecido mensajes un poco más divertidos, con un texto de Pedro Saborido, dirigidos a los jóvenes, un punto que es difícil de manejar porque la gente se avergüenza de decirle a los otros que sigan las normas, y en los jóvenes mucho más. Entonces, me parece que se encontró un punto justo. No soy publicista. No sé cómo se genera un mensaje pero me parece que la idea es buena.

De Beatles y el futuro

Si bien prefiere no hacer futurología sobre la post mandemia y los efectos en la juventud, Alicia Stolkiner expresó: “Es cierto que los jóvenes han tenido que renunciar a espacios para ellos importantes. No sé cuáles serán las consecuencias de este episodio tan anómalo en sus vidas”. Sin embargo, inmediatamente después agregó: “al inicio de la pandemia me puse a revisar un texto de Ana Freud –'La guerra y los niños'–, sobre los chicos de Londres durante los bombardeos. Me pregunté por el efecto en ellos y qué fue de esa generación de chicos que los sacaron de la ciudad, lo separaron de los padres y los llevaron a albergues o al campo. Esa, por ejemplo, fue la generación de Los Beatles y los Rolling Stones”.

“Es cierto que se registran casos de jóvenes y adultos a los que les cuesta salir de la casa –acota–, pero eso demuestra una tendencia de esa persona con respecto a su relación con el mundo”.

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