Angelici, esa pieza de ajedrez imposible de encasillar

Adelanto del libro "El Tano" (Ediciones B Argentina), la investigación de los periodistas Ignacio Damiani y Julián Maradeo.
19 de Agosto de 2016

Conclusión

El poder de influencia de Angelici se expandió a través del tiempo. Si bien su arquitectura era preexistente al macrismo, con él se potenció. El grupo de radicales que lidera, con un recorrido diverso en el que se entremezclan el territorio y la experiencia en la gestión y el ámbito legislativo, representó un aporte de fuste a la plataforma política de Macri. En efecto, el propio Presidente fue dándole oxígeno al ritmo de las soluciones que el actual presidente de Boca le fue aportando. La relación entre ambos, aunque asimétrica, funciona como una sociedad que va desde lo económico a lo político, incluyendo, especialmente, el campo judicial. El Tano le ofrendó al Presidente su capacidad para moverse con fluidez por espacios disímiles y ríspidos a la vez—como lo son la política y el juego—; la estructura pequeña pero eficaz que significó PROA; su aparente docilidad y la suficiencia como gestor de Boca Juniors —al punto que es el único que perduró tras la salida formal de Macri del club—; su complejo engranaje en el Poder Judicial y varios etcéteras más, que le permitieron ser un actor indiscutible en la mesa chica del mandatario nacional. Tal como se subrayó en la Introducción, no hay acuerdo en cuanto a si Angelici es un títere de Macri o si es alguien con el sentido lo suficientemente aguzado como para saber construir autonomía y acumular poder, aparentando una dependencia relativa. Como en toda sociedad en donde confluyen intereses, ambos sacaron provecho. Si bien en términos de poder es notable la diferencia jerárquica que existe —institucionalmente uno es el presidente de la República mientras que el otro conduce uno de los clubes más importantes de la Argentina—, no puede decirse que Angelici haya sido un mero empleado del Presidente. El Tano resultó funcional a Macri, respondió orgánicamente y respetó su jefatura, por la sencilla razón de que comprende que el hecho de no hacerlo significaría atentar contra su propio poder. Angelici supo definir su estrategia de un modo inteligente y audaz, sobre la base de un profundo conocimiento del sistema político y con la voracidad necesaria para alcanzar lugares estratégicos. Pero a eso —a diferencia de muchos otros dirigentes que se salen de las estructuras tradicionales que marcaron el siglo XX argentino y, casi automáticamente, se refugian en el personalismo— lo hizo junto con su núcleo de lealtades incondicionales. El propio Angelici lo destaca insistentemente: su círculo original está compuesto por el grupo de amigos que comenzó a militar en el radicalismo con la vuelta de la democracia. Estos escalaron con el tiempo hacia importantes puestos, fundamentalmente en los poderes Judicial y Ejecutivo. Además, Angelici realizó con distintas fuerzas políticas los movimientos pendulares necesarios para crecer en el poder. No solo tiene relación con jueces federales signados como funcionales, por caso al kirchnerismo, sino que también ha negociado con el poderoso empresario Cristóbal López, con Juan Manuel Olmos, con otras líneas internas del PRO —como la que lidera Cristian Ritondo—, con el Frente Renovador y con Francisco de Nárvaez, entre otros actores del sistema político. El análisis del personaje, su estudio y profundización, evidenció que Angelici no escapa a los parámetros de cuadro tradicional. Asimismo, El Tano le añadió los “vicios” que suelen tener algunos dirigentes políticos modernos: la condición de empresario, el uso de los vínculos para influir en función de los intereses políticos, la multiplicidad de cargos en distintas instituciones, entre otras. Esto, inevitablemente, desafía los límites que impone la legislación. El Tano sabe jugar a tope y transita por un sistema político que, al parecer, no sabe poner coto al poder de esta clase de actores. El debate sobre cómo funciona el sistema judicial, su real “independencia” y su vulnerabilidad ante el poder de turno — no solo el gubernamental—, amerita un espacio de discusión que excede esta investigación. Sin embargo, en este sentido vale dejar abierta la incógnita acerca de la fusión entre importantes actores de la Justicia, los servicios de Inteligencia y el sistema político argentino. Despreciar su accionar significaría subestimar potenciales apariciones de actores de la talla de Angelici, que intentarán servirse de estas estructuras para ungirse en lugares de poder de dominio real. Ante esta dinámica, muchos sujetos que han sido desplazados por falta de idoneidad, por corrupción, por desidia, por condena popular o por otras razones, tienen la posibilidad de reciclarse y reproducirse. El Tano fue prolijo. Sin descuidar la industria del azar, colaboró ante la aparición de nudos de conflicto que emergieron en la Justicia, y administró Boca respondiendo a casi todas las directivas de su jefe político. Su ambición no le trajo costos al presidente de la República a quien, además de serle orgánico, puso a disposición el armado de peñas del Interior para su campaña y diseñó escenarios de color para que el mandatario nacional se tomara fotos en la Bombonera con pares de otros países. Angelici cuidó y fue garante del viejo deseo de Macri de que la popularidad que irradia Boca no se le escurriese. A cambio, el Presidente retribuyó políticamente.

Si se analiza su figura desde la técnica antropológica conocida como extrañamiento, puede decirse que su activa presencia en el juego le permite detentar un eje fundamental para la política: el manejo de una caja millonaria. A esto le sumó un aspecto central para cualquier plataforma política: la visibilidad que otorga Boca Juniors. Sin embargo, Angelici reniega de esta consecuencia absolutamente previsible, al punto que, en ocasiones, parece querer regular qué debería mirar y qué omitir la prensa. En la balanza del poder, El Tano comprendió que debía pagar costos para tener mayores beneficios. Con Boca, Angelici, además de popularidad, adquirió una usina de relaciones con jueces y fiscales que permanentemente visitan la Bombonera para disfrutar, con los privilegios del caso, su pasión por el fútbol. Asimismo, Boca le ha dado a Angelici algo no menor: la posibilidad de establecer una estrategia mediática. Es por eso que estereotiparlo simplifica. Binguero, operador judicial y presidente de Boca. En definitiva, Angelici no es únicamente alguno de todos ellos. Es un jugador superestructural que, entre sus aptitudes para la partida política, cuenta con la de hacer pesar sus ramificaciones en el mundo de la Justicia; para la deportiva, sus heterogéneas vinculaciones, y para la del juego, su matriz política. Pero nada de esto significa que pierda de vista las diferentes disputas de las partidas en simultáneo en las que participa. Las preguntas fluyen: ¿Hacia dónde planteará proyectarse? El Tano dio muestras cabales de que dentro del campo de la política el fútbol no está excluido. Tal vez, desde Mauricio Macri, nadie lo vuelva a hacer jamás. Sin necesitar ponerse el traje de presidente de la AFA se mostró como un jugador fuerte y sofisticado a nivel local. Al cierre de esta investigación, lideró la creación de la llamada “Superliga”, en donde se planteó el corrimiento de la presencia estatal, la privatización y profesionalización de todas las áreas de la AFA y la explotación comercial en todos los ámbitos. Para Angelici, es importante hacer nuevos negocios y sacarle rédito económico a cada rincón del fútbol argentino. En los últimos tiempos, cada vez que hubo una disputa concreta de poder en la AFA (elecciones, Fútbol para Todos, posibilidad de que los clubes se conviertan en sociedades anónimas, creación de una liga paralela, venta de derechos de TV, intervención del Estado en la AFA, entre otras) El Tano encabezó las discusiones. Por lo que no es un riesgo afirmar que en las ulteriores definiciones que se den en la sede madre del fútbol argentino el presidente de Boca será, una vez más, un actor preponderante. En este sentido, es importante subrayar que su carácter influyente en la AFA será extensible a las discusiones que se producirán en el seno de la renovada Conmebol. En el mundo de la pelota, Angelici creció sobre la base del apoyo inicial de Macri y de su propia habilidad para moverse, lo que no es menor si se tiene en cuenta que hasta ahora no lo acompañaron los éxitos deportivos. El viraje podría ser contundente si así ocurriese durante su segundo período en el club de la Ribera. ¿Cuáles serán sus próximos pasos en el tablero del juego, la razón de ser de su fortuna? Mientras algunas versiones de su entorno farfullan que, algo agotado, estaría estudiando la posibilidad de abrirse, hay quienes niegan que su ambición tenga techo. Lo cierto es que el juego es una ventaja y un riesgo inigualable a la vez. Mientras garantiza un acceso a liquidez monetaria difícil de comparar, representa coimas, aprietes y negociaciones non sanctas con distintos actores que, para alguien con aspiraciones políticas, se pueden convertir en su talón de Aquiles. Y justamente ahí reside el último punto de cualquier elucubración. Porque desde su ascenso en Boca comenzaron a circular los rumores de su posible candidatura como jefe de Gobierno porteño, a lo que se sumó la posibilidad de ocupar alguna cartera en el Gabinete de Macri. Tal vez por eso empezó a tronar el círculo que rodea al poder. No es casual, en efecto, que se haya deslizado desde distintos sectores que Angelici debería ser desplazado de su supuesto rol de “operador”. Solo el tiempo traerá las respuestas. Mientras tanto, Angelici, todoterreno, negocia y habla con todos y se transforma en un nombre que empieza a sonar cada vez con mayor frecuencia. Aunque él prefiera que lo llamen, simplemente, El Tano.

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