Anuncian un acuerdo por el Brexit que deja muchos cabos sueltos

El punto clave de la frontera en Irlanda del Norte estaría solucionado con una aduana en Gran Bretaña, donde en 1998 se firmó un acuerdo de paz. Pero hay sectores que lo rechazan y los escoceses quieren otro referéndum para dejar el Reino Unido. En Bruselas festejan.

(Foto: AFP)
17 de Octubre de 2019

Boris Johnson anunció un acuerdo con la Unión Europea por el que el Reino Unido dejaría la comunidad continental en 14 días, como estaba previsto, y que consiste en resignar Irlanda del Norte a una relación diferenciada del resto de la nación. Pero el pacto está armado con alfileres ya que depende de la aprobación del Parlamento, algo que no está garantizado, y deja cabos sueltos como para generar rispideces con los unionistas norirlandeses y con los escoceses.

En síntesis, el texto que arreglaron el gobierno británico y los representantes de la UE implica que no se vuelta a una frontera dura entre el norte de la isla de Irlanda, bajo control de Londres, y el sur, república independiente de la corona desde 1922 y que no tiene la menor intención de irse de Europa.

El temor de los negociadores y el verdadero grano en el trasero que dejó como resultado el reféremdum de 2016 a favor del Brexit fue que se podría militarizar la frontera, una zona que fue durante décadas foco de una guerra civil entre católicos más cercanos a Dublin y protestantes, aliados a Londres. Los unionistas son partidarios de sellar la fusión indisoluble con el Reino Unido. Los acuerdos de paz de 1998 fueron una trabajosa y comprometida solución a un conflicto que se llevó miles de vidas. Mientras Gran Bretaña e Irlanda formaran parte de la UE, no había pasos aduaneros, pero tras el Brexit puede volver a agitarse una tragedia que parecía clausurada.

"Irlanda del Norte forma parte del territorio aduanero del Reino Unido", aclara el artículo 4 del borrador entre Londres y Bruselas. Pero al mismo tiempo, se indica no habrá frontera física entre la República de Irlanda y la provincia de Irlanda del Norte, conocida también como Ulster. La aduana estaría recién al cruzar los estrechos de Moyle, ese tramo de mar que separa a ambas islas, y sería controlada por el Reino Unido.

De tal manera que Norirlanda estara alineada con las normas de la UE mientras que el resto del RU tendrá una relación de libre comercio pero con reglas aún a convenir. La muestra de que el acuerdo es muy endeble es que se autoriza a norirlandeses a votar cada cuatro años si desean seguir en esas condiciones o volver a una frontera dura.

La unionista Arlene Foster, jefa del partido DUP, ya adelantó que se opone radicalmente al acuerdo. No tanto por razones comerciales y de pragmatismo económico, sino porque entiende, como muchos en ese territorio, que el pacto facilita a largo plazo al desprendimiento de Ulster de la corona.

Otra mujer, Nicola Sturgeon, ministro principal de Escocia, tampoco acepta el acuerdo, aunque con otros argumentos. El famoso referéndum obtuvo mayoría en todo el RU, pero no en Escocia, que dos años antes había votado para no declarase independentiente de Londres por una pequeña mayoría. Allí la votación fue también mayoritaria pero por permanecer con Bruselas. Nuevas encuestas señalan que ahora si hay consenso para independizarse y la jefa de gobierno anunció que estudian la forma de hacer otra consulta popular. Sostienen que los ingleses nunca quieren escuchar a los escoceses, y razones no les faltan.

"Cuando hay voluntad, hay un acuerdo. ¡Tenemos uno! Es un acuerdo justo y equilibrado para la UE y el Reino Unido (...) Recomiendo al Consejo Europeo que lo respalde", se alegró el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al anunciar la novedad.

El jefe de gobierno irlandés Leo Varadkar, reacio en principio al pacto que pretendía Johnson, describió el acuerdo como "bueno" para ambas partes y llamó a respaldarlo.

“Las discusiones fueron en ocasiones difíciles... pero esta solución funciona para la UE, para el Reino Unido y para el pueblo y los negocios de Irlanda del Norte", declaró a su turno el negociador de la UE, Michel Barnier.

Pero el clima en Westminster no parece despejado para la aprobación. La sesión se realizará este sábado y hay europeistas y antieuropeistas en ambos partidos mayoritarios, el conservador y el laborista.

Por lo pronto, todo indica que el plazo del 31 de octubre no se correrá como ya se hizo en dos ocasiones. Y que a principios de 2020 deberá comenzar a desarticualrse la integración del RU a la comunidadd europea, que había iniciado en 1973. Pero nunca se sabe

Esta nota fue posible gracias al apoyo de nuestros lectores.

Su aporte nos permite hacer periodismo sin condicionamientos. El sueño de un medio libre no es solo nuestro.

SEAMOS SOCIOS