Archipiélago bonaerense, por Julio Burdman

Columna de opinión.
23 de Diciembre de 2017

Una gobernadora Vidal empoderada por el triunfo electoral y la restitución del Fondo del Conurbano tendrá enfrente al peronismo más dividido del país. En las elecciones legislativas recientes, los poseedores del gen peronista se diseminaron en tres listas: Unidad Ciudadana, 1País-Frente Renovador y Cumplir-PJ. Pero en la confirmación de los bloques legislativos provinciales, que se estrenaron días atrás, vemos que hay nuevas escisiones.

En la Cámara Baja de la Legislatura bonaerense, Cambiemos cuenta ya con 43 de los 92 diputados (46% del total). Esta comodidad lo libera de alianzas más estables, como la que tuvo con el Frente Renovador en el primer año de la gestión Vidal. Y además, porque los peronistas están divididos en cinco bloques. El más numeroso del archipiélago panperonista es el de Unidad Ciudadana, con 23 diputados, y liderado por Florencia Saintout. Ese bloque reconoce la jefatura de Cristina Kirchner por encima de cualquier liderazgo local, y la mayoría de ellos conversa directamente con Máximo Kirchner y otros dirigentes de La Cámpora. No obstante, varios de ellos responden, también, a jefaturas locales: dos diputados de UC reportan al matancero Fernando Espinoza, otros dos deben su banca a Daniel Scioli (entre ellos, claro, Marcos Di Palma), uno a Francisco Durañona, otro a Mario Secco, otro a Pablo Bruera, otro a Julián Domínguez, y otros tres a "los intendentes del interior". Es decir que, mientras estos referentes provinciales no entren en contradicción con el Instituto Patria, el bloque UC se mantendrá homogéneo.

Sin embargo, ese bloque sufrió escisiones. Una de ellas es el bloque registrado como "Peronismo Kirchnerista", que contará con dos integrantes: el ex camporista José Ottavis y Rocío Giaccone, diputada de Junín. Se reconocen como kirchneristas -de ahí su denominación, claro- pero reclaman más independencia legislativa respecto de Máximo. Y tal vez tengan algunas diferencias con la jefatura del bloque. La otra, más significativa, es la del bloque PJ - Unidad y Renovación, con 7 integrantes. Algunos son diputados elegidos en 2015 en las listas del Frente para la Victoria -o como el caso del paceño Carlos Urquiaga, reemplazante del recientemente renunciado Horacio González, cumple un mandato que vence en 2019- y otros ingresaron hace pocos días tras haber sido candidatos en 2017 en las listas de Unidad Ciudadana. Pero a diferencia de los "cristinistas", estos 7 responden principalmente a los respectivos intendentes de sus distritos. Salvo el jefe del bloque y ex intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, que responde a sí mismo. Los otros referentes del bloque son Martín Insaurralde, Fernando Grey, Mario Ishii, Osvaldo Cáffaro y algunos más. Finalmente, el bloque PJ (Randazzo y Movimiento Evita) quedó menguado, con sólo dos integrantes.

En el Senado, de 46 integrantes, el bloque Cambiemos llegó a una cómoda mayoría absoluta, con 29 miembros (63% del total). Allí se hizo sentir la superioridad electoral del oficialismo en el interior provincial, ya que en la elección del 22 de octubre se alzó con 16 de las 23 bancas que se renovaban. Allí también habrá un archipiélago peronista, aunque menos pronunciado. Tres bloques: Unidad Ciudadana con 11, Unidad y Renovación con 4, y Frente Renovador con 2. El bloque UC, liderado por Teresa García, responde uniformemente al kirchnerismo, aunque el mencionado Espinosa y Javier Zurro (intendente de Pehuajó) también influyen sobre algunos senadores. En el caso de los intendentes, vemos allí otros nombres de referencia, como Gustavo Menéndez, Leonardo Nardini y Juan Pablo de Jesús (del municipio de La Costa).

Esta subdivisión de los peronismos, además de facilitar la gobernabilidad de Vidal –que solo necesita realizar algunas negociaciones en Diputados- expresa el problema estratégico que enfrenta el peronismo para unificar su liderazgo. Al problema de los alineamientos políticos –kirchnerismo vs antikirchnerismo- y de algunas necesidades negociadoras de los intendentes, se agrega la cuestión electoral. De las elecciones de 2017 no surgió ningún elemento aglutinador.
En alguna columna anterior tratamos acerca del problema que significaba la candidatura de Cristina Kirchner para el peronismo bonaerense. La ex presidenta obtuvo 3,5 millones de votos, y era sin dudas la que tenía mayor intención de voto para enfrentar a un Cambiemos que contaba, además, con el liderado electoral de la gobernadora. Las encuestas de los meses previos a la definición de las candidaturas mostraban que otros nombres alternativos al de CFK rendían menos en la intención de voto. Sin embargo, ella dejaba un problema hacia adelante, y es que no contribuía a reunificar el peronismo bonaerense.

Durante las gobernaciones de Scioli, el peronismo provincial no contaba con un liderazgo demasiado presente, pero la presencia del entonces gobernador –y el alineamiento con el oficialismo nacional- dejaban ese problema sin efecto. El ejercicio del gobierno se transformaba en liderazgo. A partir de la derrota de 2015, el peronismo de la provincia necesitaba reconstituirse. Y Cristina Kirchner, aunque nacida en los alrededores de La Plata, no es una figura provincial. No tiene aspiraciones de ser gobernadora, no tiene –ni quiere tener- cargos partidarios provinciales, no gobernó municipios. Y superada la etapa electoral, esa tensión entre los “peronistas que gobiernan” y el kirchnerismo se está manifestando. Una cierta unidad podrá verse en la oposición común a las decisiones de la gobernadora, pero no tendrá sustento mientras los intendentes y los legisladores no tengan el mismo objetivo político frente a las elecciones de 2019: unos pensarán en la política nacional, y otros en la provincial. «

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