A partir del mediodía la 9 de julio comenzó a tomar color. Banderas y pecheras verdes fueron colmando la 9 de julio. Los movimientos sociales y los partidos de izquierda fueron ocupando Lima y Bernardo de Irigoyen.

Los globos de camioneros sobrevolaban el escenario en el que poco a poco se iban agrupando los dirigentes.

La seguridad, como suele pasar en las movilizaciones de la CGT estuvo a cargo de Camioneros que sin policías a la vista, por lo menos en la previa, se ocupó de custodiar el ingreso de los dirigentes y de los periodistas.

Los referentes de los movimientos sociales fueron los primeros en llegar con Juan Grabois a la cabeza. Más tarde y de manera paulatina, los dirigentes sindicales tanto de la CGT como de las dos CTA fueron ocupando su lugar.

Casi dos horas antes de que comenzara el acto, la 9 de julio ya estaba colmada en todo su ancho desde Belgrano -donde estaba ubicado el escenario-, hasta avenida San Juan.

Las banderas del Frente Darío Santillán se cruzaban con las del Frente de Izquierda y con las que empuñaban las columnas de camioneros que llegaron de todo el país.

Cuando faltaba menos de una hora para que dirigentes dieran sus discursos, la rama de mujeres de recolectores de residuos, ingresó al palco con una bandera. Todo una revolución simbólica dentro del mundo sindical.  

El rostro de Evita inmortalizado en el ministerio de Desarrollo Social acompañado de una bandera verde con la leyenda de “Unidad contra el ajuste” servían de fondo para la postal de los cientos de miles de trabajadores movilizados.