Bolivia de facto: el fastuoso Carnaval de Oruro no fue una fiesta

El tradicional festejo carnavalero tuvo sólo un 50% de ocupación hotelera y pérdidas por casi 30 millones de dólares, en el contexto de la crisis política que atraviesa el país andino-amazónico desde el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales.

(Foto: Ministerio de Cultura Bolivia)
27 de febrero de 2020

En la Bolivia de facto no hay ánimo ni para festejar el Carnaval. Así lo señalan los números que dejaron los festejos del fastuoso Carnaval de Oruro, uno de los más importantes de Latinoamérica después del carioca.

¿Las causas? Sin dudas la crisis política que vive el país andino-amazónico desde el pasado noviembre, cuando fue depuesto por un golpe de Estado el gobierno de Evo Morales. La epidemia de coronavirus también es el otro motivo consignado por las cámaras hoteleras y de turismo del departamento de Oruro, la ciudad minera que cobija el tradicional festejo.

Según la Cámara Hotelera del departamento, este año sólo se logró completar el 50% de la capacidad hotelera. Las pérdidas económicas se estiman en casi 30 millones de dólares. Las tribunas callejeras en la ciudad altiplánica estuvieron vacías. 


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(Foto: Ministerio de Cultura Bolivia)

De los 135 centros de hospedaje, con una capacidad total de 6000 camas, sólo albergaron a unos 3000 turistas. Según el ente, en los años anteriores, durante los tiempos prósperos del gobierno del MAS, toda la capacidad hotelera estaba copada meses antes de la entrada de Carnaval, precisaron al diario Los Tiempos desde la Cámara Hotelera.

Según los datos de la Gobernación de Oruro, en 2019, el día de la apertura del Carnaval llegaron 400 mil visitantes, pero este año la Cámara calcula 200 mil. Cada turista gasta en Oruro un mínimo de 200 dólares en hospedaje, comida y transporte. Sólo con las ausencias de 150 mil turistas se dejaron de percibir 30 millones de dólares, calcularon desde el sector turístico local.

En el contexto del gobierno de facto presidido por Jeanine Áñez, los festejos deberán esperar, por lo menos hasta mayo, cuando el pueblo boliviano vaya a las urnas.

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