Causa Ford: avanza el juicio y los relatos siguen apuntando a los gerentes

Otro testigo señaló en el juicio por crímenes de lesa humanidad de San Martín a los dos directivos acusados: Pedro Müller y Héctor Sibila, ex gerentes de Manufactura y Seguridad de la Ford Motors Argentina.
8 de Marzo de 2018

“El 24 de marzo a las 12 de la noche la Ford se tornó en un lugar sitiado por personal militar. Por donde mirara había personal militar”. Carlos Propato volvió a contar en la justicia que después del golpe de Estado de 1976 todo cambió dentro de la planta de la fábrica automotriz Ford Motors de General Pacheco. Esta vez fue ante el Tribunal Oral Federal N°1 de San Martín donde continúa el juicio a esa empresa por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra 24 trabajadores y delegados gremiales de esa fábrica. Propato es uno de esos delegados y fue secuestrado por el Ejército en su puesto de trabajo. En el banquillo de los acusados están sentados dos ex directivos: el ex gerente de Manufactura, Pedro Müller (85 años) y el ex jefe de Seguridad, Héctor Francisco Sibilla (90). También está acusado el ex jefe del Cuerpo IV del Ejército, Santiago Omar Riveros (94).

A Carlos Propato lo secuestraron el 13 de abril de 1976 a las 11.15 de la mañana. Trabajaba en el sector de pintura de la línea de producción de la fábrica y ese día a esa hora estaba en su puesto, cuando el capataz de la cabina de esmalte, Roberto Pettignani, le hizo una seña para que se acercara. “Te buscan”, le dijo apenas llegó. Carlos notó que el espanto había transformado la cara de Pettigiani. Había ocho soldados en el lugar y otro compañero de trabajo.

“Estaba otro compañero que se llamaba Alberto Tordo y le dije: 'me parece que estoy en problemas trata de avisar a mi casa'. Se me acerco una persona vestida de verde con un arma de puño. Me preguntó mi nombre, se fijo en una lista y me dijo en este momento esta detenido por el Poder Ejecutivo Nacional (PEN). En ese momento me estaban secuestrando”, contó Propato.

El sobreviviente dio su testimonio en la tercera audiencia testimonial del juicio que comenzó el 28 de diciembre pasado después de varias suspenciones y demoras, y que llevan adelante los jueces Diego Barroetaveña, Osvaldo Facciano y Mario Gambacorta, con un lento ritmo quincenal: la próxima audiencia será el 15 de marzo.

Propato fue secuestrado dentro de la planta de la fabrica de Ford en General Pacheco junto a otros cinco trabajadores, y fue mantenido secuestrado y fue torturado dentro de un quincho ubicado en el sector de recreación de la empresa. Ahí casi lo mataron con el submarino seco.

Cuarenta años después de los hechos, el testigo puso en palabras ante los jueces un recuerdo que tomó el color de una pesadilla. Recordó que comenzó a trabajar el 5 de septiembre 1970 cuando tenía 27 años y que dos años después se sumó a la actividad gremial, y llegó a ser delegado y congresal de Smata, el gremio de los mecánicos. Contó que después de la muerte del presidente Juan Perón la conflictividad laboral aumentó. Recordó que fue ascendiendo en el trabajo. Contó que antes de la dictadura cívico militar ya había llegado el Ejército a la fábrica y que se llenó de milicos después.

-¿Estuviste presente el 24 de marzo de 1976 en la fabrica?- preguntó el abogado querellante, Tomás Ojea Quintana

-El 24 de marzo a las 12 de la noche la Ford se tornó en un lugar sitiado por personal militar. Por donde mirara había personal militar- recordó Propato

-¿A partir de ese día cómo fue la vida de los operarios dentro de la planta?

-Fue un cambio total, la empresa se puso más dura. El dia 25 que hubo una reunión muy importante con los delegados con un gerente que se llamaba Galarraga (Guilermo Galarraga era gerente de personal imputado en la causa pero murió el año pasado). Les dijo que se acaban los reclamos gremiales, que el sindicato quedaba fuera de lugar. Y fue ahí que dijo una palabra que va resonando a través del tiempo: Galarraga tira un chiste bastante pesado y morboso de que le mandemos saludos a Camps.

El coronel Ramón Camps fue jefe de Policía Bonaerense en la dictadura y desde ese lugar comandó una red de centros clandestinos de detención organizado con personal policial.

El quincho

Carlos Propato fue secuestrado en supuesto de la línea de producción el mismo día que otros cinco compañeros. Uno de ellos fue Pedro Troiani, el primer testigo en hablar en el juicio, el martes 20 de febrero pasado. Y como él, contó que el Ejército había instalado un centro clandestino de tortura en uno de los quinchos de la fábrica.

“Lo que ocurrió en el quincho es un cambio total. Es un comienzo de un calvario que hasta el día de hoy lo sigo recordando. Yo antes tenia una vida y a partir de ahí tuve otra -recordó Propato-. Lo que ocurrió fue dantesco”.

“Nos pegan de todas las formas. A mi me metieron una bolsa en la cabeza. Una bolsa de plástico y me estoy quedando sin aire, me estoy ahogando y Pedro me hace un agujero porque sino me hubiera muerto”, contó. Ahi estuvieron todo el día. Secuestrados y torturados.

El quincho estaba ubicado junto al campo de deportes de la planta, en un sector destinado al esparcimiento de los trabajadores, en el que había otros quinchos con parrillas, cancha de fútbol y vestuarios. Ahí donde los empleados de la Ford concurrían con sus compañeros y familias a pasar el día, el Ejército había instalado un chupadero.

“Nos trataban de guerrilleros de mierda, nos decían que éramos los sin dios y sin patria. Y bueno, todos no estábamos preparados para recibir semejante agresión, algunos nos sentíamos muy mal”, contó.

Los imputados, otra vez señalados

“Solamente puedo decirle al Tribunal que la relación que tenia con esta gente era laboral, nunca fui amigo, conocido. Si los he visto, los conozco y trabajé muchos años con esta gente. Los vi cientos de veces en la planta. Nunca me dijo yo soy Pedro Müller, pero lo conocía”. La frase fue lo primero que Propato dijo en el juicio. En las cerca de cuatro horas que llevó su declaración volvió a mencionar a los acusados que en la audiencia anterior había mencionado Troiani.

Cuando los abohados preguntaron por Sibila, el testigo recordó que sabían que era un militar retirado y que actuaba como jefe de seguridad de la planta. “Estaba en todos lados, era una sombra. Se movía algo y él estaba, él sabia todo. Nunca se me presentó y me dijo 'yo soy Sibila, jefe de seguridad', pero todo el mundo lo conocía”, contó.

De Müller sabía que era gerente. “En ese tiempo sabia que era un gerente de alta jerarquía de la planta y hasta llegó a ser el segundo de la empresa. Jamás se dirigía a nosotros de ninguna forma, nunca nos dirigió la palabra. Él estaba en todos lados, miraba todo y de todo se enteraba. Él nos conocía a todos, de eso estoy segurísimo, era una persona muy meticulosa en ese tema”, relató.

Como Troiani, Propato recordó que después de pasar el día en el centro de tortura instalado en el quincho fue llevado a la Comisaría de Tigre (otro centro clandestino) donde se encontró con compañeros de la fábrica y detenidos de otras como los astilleros Astarsa. Allí, como todos, fue interrogado por el teniente coronel Antonio Francisco Molinari -entonces subdirector de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo, fallecido en 2007- y también leyó sus datos en una hoja con el membrete de la Ford.

Pero las responsabilidades no se agotan en el logo de un papel. Para el testigo Sibila no pudo desconocer “bajo ningún concepto” para qué era usado el quincho. “Él era parte, el jefe de seguridad es el que tiene que saber todo y colaborar en todo. Nadie puede tener en su casa un delincuente y no ser coautor”, explicó.

Lo mismo opinó de Müller. “Hay una carta del 13 de mayo del '80 en donde el presidente de la Ford muestra verdaderamente que estaba totalmente de acuerdo con el Terrorismo de Estado. Se llama José Maria Courard. Eso fue para un evento que fue la inauguración de la planta de camiones”, recordó.

Y reiteró un detalle: “Después que me secuestraron (en la fábrica) la Ford se encargo de mandarme un telegrama diciendo que si no me presentaba a trabajar en 24 horas me despedían”.

Después de la comisaría de Tigre, Propato fue enviado a una cárcel. Estuvo en Sierra Chica, en Olavarría, de donde salió un año después. No regresó a la empresa. Solo volvió cuando fue a hacer un reconocimiento judicial en 2010.

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