Chanchos traficantes y disputas narco: la nueva apuesta de la ficción española

Ya está disponible en nuestro país Matadero, la comedia negra que pretende sumarse al éxito de La Casa de Papel y Merlí. El actor Ginés García Millán revela los pormenores de una propuesta singular.
Por Diego Gez - @diegogez
17 de Febrero de 2019

La faena de animales es el quehacer cotidiano y una fachada casi perfecta. En los diez capítulos de Matadero (la serie española dirigida por Jordi Frades, Joan Noguera y Salvador García) pasa mucho más de lo que cualquiera podría imaginar. La historia se articula a partir de la relación entre Francisco (Antonio Garrido) y Alfonso (Pepe Viyuela) –uno es el dueño del lugar que le da nombre a la ficción; el otro, el médico veterinario del establecimiento– y desarrolla las particularidades y conflictos que conlleva el tráfico de cocaína.

En ese contexto se destaca el carismático y brutal personaje del actor Ginés García Millán. El murciano encarna a un sicario llamado Pascual, dispuesto a todo, especialmente si lo que le piden se adecua a sus demandas económicas. “Es una gran oportunidad hacer esta serie. Estuve a punto de no poder sumarme porque tenía un compromiso teatral, pero al final pudimos acomodar los tiempos. No haberlo hecho me hubiese dado mucha pena porque mi personaje es muy grato de componer", destaca el actor desde el otro lado del Atlántico, en diálogo telefónico con Tiempo.

Sobre Pascual, su alter ego, agrega: “Es un hombre rudo, oriundo de Zamora. Es la primera vez que en televisión puedo hablar con mi lengua natural. Se trata de un personaje agresivo, lógicamente, pero todavía piensa en el amor que puede dar. Más allá de eso, se trata de un guión muy interesante y eso siempre gratifica. Hay partes de la historia en las que él la pasa bien cuando todo a su alrededor parece derrumbarse: eso también tiene mucho de desafío para uno que trabaja actuando. Tuve que construir una capacidad para reírme de todo, inclusive de mí mismo. Hacer de alguien como Pascual me permitió trabajar con la intuición, pero también con ciertas herramientas del western, que es un género que me encanta”.

García Millán  asegura que Matadero no se trata exclusivamente de narcotráfico y define a la serie como un thriller con elementos de humor. “Esa definitivamente es la manera en la que deberían remitirse a la serie si es que quieren hablar de ella. Si no les gusta eso deberían decir que se trata de una comedia negra con el agregado de haber sido influenciada por otro matiz importante, fundamentalmente relacionado con lo ibérico. Hay una relación entre este tipo de comedia y muchos de los directores españoles de las últimas tres décadas que tiene que ver con el esperpento, los matices oscuros y la España negra”, puntualiza.

Que la historia se desarrolle en un ambiente de faena de animales y que con ellos se realicen maniobras de narcotráfico hace que todo lo que se ve en pantalla resulte algo muy llamativo. Los chanchos que trabajan de mulas que se vieron en el primer capítulo –se estrenó el lunes pasado– son llamativos, pero habrá más sorpresas: “No hay duda alguna que se trata de una propuesta muy particular. Aunque parezca que lo que se ve está por encima de la realidad, yo siempre voy a defender la frase que dice que es la propia realidad la que está por encima de nosotros. Es un enunciado que siempre termina prevaleciendo. Siempre me voy a acordar de una noticia relativa al narcotráfico en la que los implicados introducían drogas por medio de bananas, cosas inimaginables para cualquier hombre que no estuviese metido en eso. Muchas veces la realidad supera a la ficción”.  «


Matadero

Lunes a las 23 por señal Atreseries (Canal 321). Disponible también por Cablevisión Flow y Canal 1 de Cablevisión HD.

En Europa, no se consigue

La relación de Ginés García Millán con nuestro país no es nueva. Más allá de haber trabajado en la Argentina en diversas realizaciones audiovisuales españolas, el actor murciano comparte una profunda amistad con el director teatral Daniel Veronese. Junto a él realizó cuatro obras y no descarta repetir la experiencia en un futuro no muy lejano: "Es que tenemos una relación que se fue haciendo fuerte con el tiempo y que excede ampliamente nuestro trabajo. Más allá de sus cualidades como artista, creo que definitivamente se trata de un gran ser humano con una pasión genuina por el teatro de calidad. Recuerdo que  comencé a trabajar con él en el marco de un texto suyo que se llamaba Mujeres soñaron caballos y terminé conmovido. Daniel tiene una poética del teatro única".

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