La Venus de Botticelli también está en cuarentena

Las redes sociales se han vuelto el lugar privilegiado por el que circulan las fotos intervenidas del fotógrafo español Juan Manuel Ballester en las que los personajes de cuadros famosos han desaparecido para dejar solo el entorno. Varios fotógrafos adhieren a esta particular forma de instar a quedarse en casa en cuarentena.  David Bokeh, de Madrid, es uno de ellos. 

20 de marzo de 2020

¿Qué pasó con los extraños seres que poblaban El jardín de las delicias de El Bosco? ¿A dónde fueron los personajes de los cuadros de Hopper? Según lo informa el portal 20 minutos y lo corroboran otras fuentes, intervenir pinturas famosas puede ser una forma de apoyar el aislamiento durante la pandemia de Coronavirus.

Si los personajes de Hopper y hasta la Gioconda han decidido “guardarse” hasta nuevo aviso, los seres de carne y hueso deberíamos seguir el ejemplo.

Las propuestas de Juan Manuel Ballester circulan en las redes sociales donde tienen mucha aceptación. A él se ha sumado David Bokeh. 

Bokeh se autodefine como un “fotógrafo madrileño apasionado del retrato creativo” y se ha hecho acreedor a diversos premios fotográficos. Además de fotógrafo, es también ilustrador. Ha comenzado recientemente a “desdibujar” famosos cuadros para apoyar la consigna #YoMeQuedoEnCasa. Comenzó el 20 de marzo y planea trabajar cada día con una nueva pintura para instar a cumplir con la cuarentena para  derrotar al Covit 19. De esta forma responde como usuario de las redes sociales a la propuesta de Ballester cuyos seguidores han comenzado a hacer circular sus fotografías de cuadros intervenidos para convertirlas en una llamamiento a no salir del hogar mientras dure la cuarentena

Ballester (1960) es Premio Nacional de fotografía. Los cuadros que se difunden en las redes sociales pertenecen a una exposición anterior que ya tenía armada, Espacios Ocultos. En ella, desde una perspectiva actual dialogaba entre otros, con Botticelli Fra Angélico y Géricault. En una entrevista aparecida en Letra Urbana y firmada por Francine Birbragher, dice acerca de los fundamentos de su trabajo:Uno de los principales motores del proyecto fue la búsqueda de una puerta para dialogar con los clásicos desde una óptica contemporánea. A través de la intervención de obras originales encontré una manera de hacerlo. No es la primera vez que esto se hace. Por ejemplo, Dalí, le puso un bigote a la Mona Lisa. En realidad, ha habido interacciones de este tipo a lo largo de la historia, solo que la provocación no era tan evidente como en la obra de Dalí. Toda intervención era una agresión, un acto de revaloración de lo que representan los grandes íconos de la historia del arte occidental. En mi caso, realizo una intervención distinta, más respetuosa. Al eliminar los aspectos narrativos de las obras seleccionadas entran en escena una serie de espacios secundarios, al convertirse los fondos en protagonistas. En cada una de las obras el fondo adquiere una autonomía. El acto es el mismo pero el resultado varía de acuerdo a la obra. Cada una de ellas tiene su propia transformación y genera un número ilimitado de interpretaciones al presentar al público únicamente el escenario.”

Liberada desde hace mucho de su función exclusivamente testimonial, la fotografía se convirtió en arte y hoy puede, incluso, intervenir en un cuadro sin temor a invadir un terreno que no le es propio. Cuando no tiene la función exclusiva de dar testimonio, e inclusive cuando la tiene, la fotografía es creativa porque, detrás de cada foto, inevitablemente, hay una mirada que dota de un sentido determinado a la imagen que captura.

En Tendencias del Mercado de Arte, Ballester define el tipo de trabajo que lleva a cabo. “Yo hablo de neopicturalismo –dice- que proviene sin duda del picturalismo, el movimiento de un grupo de fotógrafos pioneros que querían equiparar su obra a un trabajo artístico de pintor. Las demás artes, en un principio, no reconocían la fotografía como un arte. Esa rivalidad duró un tiempo. Hubo una obsesión por parte de los fotógrafos de utilizar aspectos, atributos que eran de la pintura, como Edward Steichen. También se les llamo pintorealistas. Ahora, el picturalismo que se está produciendo es diferente. La fotografía se hizo independiente, vino de la mano de las nuevas tecnologías, de la incorporación de materiales nuevos, u otros que se usaban para uso artístico como los siliconados, los metacrilatos, papeles de gran formato o telas. Con el tiempo, llega la fotografía digital y se dispara un nuevo mundo, un nuevo continente visual, photoshop y todo el programa de retoque fotográfico. Estos programas abren la posibilidad de intervenir sobre la obra, como un pintor y un artista. Estos últimos años, ha habido una saturación de la fotografía ortodoxa y, lo curioso, es que esa evolución nos ha acercado al mundo de la plástica, en los resultados y en el aspecto. Hay antecedentes, claro, uno de ellos fue Darío Villalba, pero no es el único. De empezar en casos aislados, ha pasado a ser casi una escuela. La fotografía está ahora más próxima a las características de la pintura. Y eso, de alguna forma, revitaliza también el carácter de la plástica que vuelve a estar presente en el escenario de las artes. Ha habido momentos en los que se la daba por muerta. Incluso la fotografía corre el riesgo de desaparecer con la llegada de la realidad virtual, el 3D, que se aplica al cine y a la fotografía.”

Contra la creencia bastante arraigada en ciertos sectores de que la obra de arte es “intocable” este artistas y sus seguidores demuestran que se puede hacer arte a partir del arte, que la fotografía tiene todavía un campo de experimentación amplísimo y que hacer nuevas versiones de obras consagradas no constituye un sacrilegio artístico, sino una forma de darles un nuevo sentido. Incluso, un sentido práctico, como es lanzar a través de las obras intervenidas un mensaje a favor de cumplir la cuarentena.  

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