Cuando el pueblo se levanta: un centenar de asambleas defienden la tierra y el agua

Ante la falta de políticas públicas que protejan el ambiente, miles de personas en todo el país ponen un freno a la codicia extractivista.
12 de Diciembre de 2017

"Somos el pueblo”. Laura Ortiz aclara que, al igual que sus compañeros, no tiene un cargo en la Asamblea No a la Mina, de Esquel: “Somos una asamblea horizontal.” La historia de las asambleas populares de la Argentina, multiplicadas en este milenio por causas ambientales, tiene su piedra basal en esta ciudad chubutense al pie de la Cordillera, donde el 82% de sus 40 mil habitantes se manifestó en contra del emprendimiento minero que quería explotar sus tierras. 

Este mes los encuentra celebrando los 15 años de lucha. El 4 de diciembre de 2002, más de 4000 personas salieron a la calle en rechazo al anuncio del gobernador de ese entonces, José Luis Lizurume, quien había augurado que para enero de 2003 iba a estar cortando la cinta de la flamante mina de Esquel. Desde ese entonces, todos los 4 marchan por las calles, como todo ritual, para que quede impregnado en la memoria. “Fue un antes y un después. Todos salimos a defender la vida. Hoy está Yamana Gold, pero no puede ni va a poder explotarla. Somos un ícono histórico, no van a poder”, reafirma Laura. En estos años lograron leyes a favor, como la 5001, aunque la lucha continúa.

El ejemplo de Esquel dio paso a otras diez asambleas en Chubut. En todo el país son casi un centenar. Para recordar la lucha, cada año suben al cerro Calfu Mahuida o Cerro 21, ubicado al noreste de la ciudad, con sus gigantes 2100 metros de altura, observándolos de pie. Cuando llegan, toman el agua pura que la montaña les sigue dando. 

En San Juan no la tienen fácil. Si hasta los libros infantiles que se reparten en las escuelas promocionan la megaminería con personajes como la gota Carlota. Pero la Asamblea Jáchal No Se Toca resiste desde el 15 de septiembre de 2015, cuando quisieron extraer uranio en la zona protegida de La Ciénaga. La figura a defender es el Cerro Veladero, y el actor principal es la Barrick Gold. Entre 2015 y 2016 tuvo tres derrames, lo que motivó causas judiciales aún en proceso.

Desde aquél día, instalaron una carpa frente al municipio. “Tenemos un sólo objetivo: cierre, remediación y prohibición de la mina Veladero. Son muchas las empresas que se quieren instalar en las cuencas de nuestros ríos. Nos quieren dejar sin agua”, remarca Nora Torres, docente y parte de la Asamblea. En estos dos años de gobierno, Cambiemos aumentó los beneficios a las grandes mineras, que ya habían gozado de un buen pasar en la gestión kirchnerista. No sólo les quitó las retenciones y les permitió libre disponibilidad de divisas, sino que en ferias internacionales del sector promueve las bondades de sitios del país para “ser explotados”. Uno de los que figuró en los folletos oficiales es Famatina, La Rioja, cuna de la lucha ciudadana que logró que se prohíba la instalación de mineras.

Malvinas Argentinas es una pequeña localidad ubicada al noreste de Córdoba, casi pegada a la capital provincial. La zona es el epicentro de la soja. El principal capítulo de su historia se escribió hace apenas cuatro años, cuando el 18 de septiembre de 2013 un grupo de vecinos de este pueblo de 12 mil vecinos organizó un acampe bloqueando la construcción de una de las plantas de acondicionamiento de semillas de maíz transgénicas de Monsanto más grandes del mundo. Meses antes se había constituido la Asamblea Malvinas Lucha Por La Vida. El primer paso fue concientizar a la población: “Cuando anunciaron la planta ni yo sabía bien qué era Monsanto. Se trajo al especialista Raúl Montenegro a dar una charla y fueron 300 personas”, cuenta Gastón Mazzalay, que tenía 21 años cuando arrancó el conflicto. “Después lo principal fue el boca en boca”. El mayor ejemplo lo dio el carnicero Gastón, que repartía a sus clientes las copias del documental “La vida según Monsanto”, de la periodista francesa Marie-Monique Robin.

En febrero de 2014 detuvieron por vía legal las obras, que habían llegado a concretarse en un 20 por ciento. Un pequeño poblado se enfrentó a un gigante mundial, hoy fusionado a Bayer. Y le ganó. Este año, la intendenta Silvina González (UCR) confirmó que el predio fue vendido a una empresa de obra. Constituyó el primer caso perdido por la empresa en la Argentina, y un ícono de la resistencia para otros movimientos similares contra la firma en otras latitudes del Planeta. Lo que aún perduran son las marcas de agroquímicos en sangre. La problemática creció tanto en el corazón del país que se constituyó la Asamblea Regional de Pueblos Fumigados, con vecinos de 50 lugares diferentes de la Región Pampeana y el Litoral. 

Esquel, un ícono contra la quimera del oro

“Somos una asamblea horizontal, no tenemos autoridades ni representantes”, dice Laura Ortiz, de la Asamblea No A La Mina, de Esquel. “Fuimos los primeros que nos plantamos en el país de esa forma. Sabemos que siempre va a estar latente la posibilidad de que quiera venir una empresa a instalarse, hasta que algo les dé más dinero que el oro. Pero somos un ícono histórico, no van a poder”. Ayudados por las redes sociales, están en contacto permanente con otras asambleas y reciben consultas de todas partes del mundo. “De idiomas que no manejamos, preguntándonos cómo empezar su lucha. Ya no nos sorprende”.

Al igual que gran parte de sus compañeros y vecinos, Laura tiene sangre mapuche de sus antepasados. La actualidad represiva no le es ajena a la asamblea. “Aunque son luchas paralelas, en el fondo es lo mismo. Van a atacar por donde sea. Acá las grandes mineras no pueden entrar, entonces les molestamos, y mucho. Y eso los pone nerviosos. No por nada toda la zona está militarizada. Hasta pusieron un juzgado federal en el mismo lugar físico donde funcionó la primera minera que llegó acá. El problema es que están creando un monstruo con las acusaciones de ‘terrorismo’, y a vecinos que antes te saludaban en el supermercado hoy se los incita a estar de un lado o del otro”.

“El agua es más importante que el oro”, es uno de los lemas de la Asamblea. Completa Laura: “Muchos crecimos sabiendo que había oro en la montaña, se decía como algo normal. No pueden entender que estamos viviendo arriba del oro y no lo queremos explotar”.

Jáchal, en defensa del agua cordillerana

“Todo lo que hacemos es por la venta de canastas familiares. La gente te dice: ‘¿Es para la asamblea? Tome’. No les importa el número, el precio, nada, ahí nos damos cuenta de que la gente está con nosotros”, sostiene Nora Torres, de la Asamblea Jáchal No Se Toca, en la parte cordillerana de San Juan. La lucha principal es contra la Barrick Gold en la mina Veladero, donde se produjeron tres derrames en un año.

Conforme con el reciente fallo del juez Casanello, que procesa a ex funcionarios de Ambiente por incumplir la Ley de Glaciares, Nora recuerda que, según información oficial de la cartera que conduce Sergio Bergman, al menos 44 proyectos mineros se ubican en glaciares, 31 de ellos en San Juan.

La causa por los derrames de la Barrick también sigue su curso judicial, aunque con lentitud previsible. La firma continúa operando. “Acá en Jáchal no nos querían tomar ni siquiera el testimonio, menos aún como querellantes”, continúa Nora. En dos flamantes adquisiciones (Pescado y Yanso), la compañía Golden Arrow ya está haciendo estudios para extraer oro y plata. “En Yanso busca tomar el agua del mismo acueducto del cual nos llega a nosotros. Lo peor es que se han hecho análisis sobre esas aguas subterráneas y comprobamos que están apareciendo metales pesados de forma progresiva, y se empiezan a ver malformaciones en los chicos que nacen. Pero los funcionarios no lo relacionan a la minería y nadie nos escucha, estamos invisibilizados”.


Malvinas Argentinas, un freno a Monsanto

“Desde que supimos lo de la planta de Monsanto definimos un plan de lucha en el plano judicial y político y en la calle. Fue una combinación estratégica que hizo la diferencia para que triunfáramos”, comenta Gastón Mazzalay, miembro de la Asamblea Malvinas Lucha Por La Vida. “Eso fue llevando a desenmascarar las mentiras de la empresa, y al gobierno a tomar la decisión que tomó. La primera mentira eran las falsas promesas de los avances en el pueblo. Iba a ser una planta totalmente automatizada, con pocos puestos de trabajo y sobre todo mano de obra calificada de afuera. La otra mentira era la ambiental. Decían que iban a usar la misma cantidad de agua que cuatro familias tipo, cuando en el estudio de impacto ambiental se comprobó que usaría alrededor de 100 mil litros de agua”.

Inmediatamente empezaron a tener apoyos locales e internacionales, desde el Papa y Adolfo Pérez Esquivel hasta Ricardo Mollo. Mientras tanto, se hicieron análisis de sangre, “porque Malvinas ya era un pueblo fumigado. Y vimos presencia de al menos un pesticida o insecticida en la mayoría de las personas”, denuncia Gastón. “La empresa subestimó al pueblo. Empezó a construir sin un estudio de impacto ambiental, lo que motivó que la justicia nos diera la razón. Lo nuestro representó una victoria para muchos habitantes de la provincia. Y después en Río Cuarto también le prohibieron a Monsanto hacer una planta experimental. La verdad, no logramos dimensionar la magnitud de lo que logramos”.

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