"Decir NO no basta"; por Mónica López Ocón

En su último libro Naomí Klein, la autora de "No logo", habla de las nuevas políticas de shock que lidera Donald Trump y cuyo carácter "surrealista" (sic) resulta devastador. Además de que Argentina figura en el texto, el lector de este país no podrá dejar de sentirse identificado con las situaciones que describe.
3 de Enero de 2018

“Viendo el ascenso de Donald Trump –dice la periodista y escritora canadiense Naomi Klein en su último libro, Decir NO no basta-, he tenido una sensación extraña. No es solo que esté aplicando políticas de shock a la nación más poderosa y con el mayor arsenal armamentístico del mundo. Es más que eso. He registrado en libros, documentales y reportajes de investigación toda una línea de tendencias: el auge de las supermarcas, el poder creciente de la riqueza privada sobre el sistema político, la imposición global del neoliberalismo, valiéndose a menudo del racismo y del miedo ´al otro´ como una herramienta poderosa, el nocivo impacto del libre comercio corporativo y el profundo arraigo de la negación del cambio climático en el ala derecha del espectro político.”

En 2001 Klein se hacía conocida en nuestro país a través de su libro NO Logo, que tuvo también una amplia repercusión en Argentina. Trataba acerca del lado oscuro de las grandes corporaciones empresariales y sus miserias, como la situación más que precaria de sus trabajadores. Era también su gran manifiesto anti-globalización. Unos años después, en 2007, publicaba La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Hoy vuelve a salir al ruedo con un nuevo libro que Paidós acaba de publicar en Argentina cuyo subtítulo es Contra las nuevas políticas del shock. Por el mundo que queremos. También esta vez su texto se convirtió en bestseller.

Que los libros de Klein tengan tanto éxito en países muy diferentes habla a las claras de que las políticas impuestas desde los centros de poder, desde las grandes corporaciones, repercuten en todo el mundo. Por esta razón resulta casi imposible no sentirse identificado con muchas de las cuestiones que plantea, ya que al hablar de la era Trump como lo hace en su último libro, no está hablando solo de los Estados Unidos, sino de todos los países que orbitan alrededor de esa potencia. Hablar de Trump es hablar también de América Latina. Es hablar de la Argentina donde las políticas neoliberales han vuelto a imponerse a través del voto aunque muchos de los sectores que le dieron su apoyo en las elecciones figuren hoy entre los más perjudicados.

En una entrevista reciente dedicada a su último libro, la autora ha dicho: “La herencia de Reagan consiste en considerar a los directores ejecutivos como fuerza vital de los Estados Unidos, en borrar las fronteras entre el mundo de los negocios y el mundo político. Reagan no inventó este proceso, pero lo aceleró. Trump añadió a este desafío hacia el intervencionismo del Estado, e incluso hacia la sociedad civil, una verdadera diabolización de los poderes públicos, explotando el disgusto a veces legítimo del electorado frente a la corrupción de la esfera política.Por otra parte, comparte con los ´disruptores´, el culto de la innovación brutal, con el desprecio a toda regla y una indiferencia total a toda objeción o acusación. Su postulado es que, llegado a un cierto grado de riqueza, se puede eludir toda pregunta sobre la forma ilegal en que se ha llegado a obtenerla. Es la misma impunidad que reivindican Google, Facebook o Uber.” Cualquier parecido con la realidad argentina no parece mera coincidencia. 

Si en No logo Klein planteaba que los productos empresariales habían perdido importancia en relación con las marcas que imponían y que, por lo tanto, no era importante quiénes los produjeran, lo que “autorizaba” a contratar trabajadores precarizados y sobreexplotarlos, en Decir No no basta, plantea de qué modo este descubrimiento por parte de los empresarios ha dado una siniestra vuelta de tuerca. Lo que creemos parte del folklore político de la Argentina no es sino una prolongación y aplicación a gran escala de criterios perversos concebidos en otro lado. 

Es seguro que el fragmento del último libro de Klein que se reproduce a continuación repercutirá en el lector como algo conocido. “Trump y su gabinete de ex altos ejecutivos están rehaciendo el Gobierno a un ritmo alarmante para ponerlo al servicio de los intereses de sus propios negocios, empezando por la presión fiscal a la que estaban sujetos. A las pocas horas de tomar posesión, Trump anunció una drástica rebaja de impuestos por las que las corporaciones pagarían sólo un 15% , y prometió una reducción radical de la normativa, del 75%. Sus planes fiscales incluyen toda una serie exenciones tributarias y lagunas legales para los ciudadanos más ricos, como los que pueblan su gabinete (y, ni que decir tiene, como él mismo). Puso a su yerno, Jared Kushner, a la cabeza de una ´fuerza de asalto´ repleta de ejecutivos corporativos con la misión de buscar más normativas que eliminar, más programas que privatizar y más formas de hacer que el Gobierno de Estados Unidos ´funcione como una gran empresa americana´."
Resulta imposible avanzar en el libro de Klein sin sentir que al hablar de Trump no está hablando sólo de él, sino de un modelo de gobierno que se extiende más allá de las fronteras de los Estados Unidos incluso en las características que podrían pensarse como privativas de un país como la Argentina. “Ante la evidencia de su absoluta falta de experiencia –dice Klein refiriéndose a Trump- en tareas de gobierno, Trump se vendió al electorado con un doble argumento un tanto novedoso: Primero: ´Soy tan rico que no necesito que me sobornen´. Y segundo: ´Pueden ustedes confiar en que arreglaré este sistema corrupto, porque lo conozco por dentro; como hombre de negocios, he formado parte de él. He comprado a políticos, he evadido impuestos, he externalizado mi producción. Así que, quién mejor que yo y mis amigos, que son igual de ricos, para drenar la ciénaga´”.Klein nunca aclara si Jaime Durán Barba es también asesor de Trump o si su desprecio por lo latinoamericano lo ha hecho contratar a un doble de Durán Barba en lo conceptual, pero rubio, alto y de ojos celestes. 

Las coincidencias son tantas que es difícil considerarlas como una mera casualidad o coincidencia. Por ejemplo, la autora especifica que las medidas más drásticas y antipopulares de Trump no fueron anunciadas en su campaña electoral. El actor devenido presidente nunca dijo, por ejemplo, que suprimiría el servicio de comidas Meals on Wheels que es vital para ancianos y discapacitados, ni anunció que iba a despojar a millones de estadounidenses de su seguro médico. Más bien anunció todo lo contrario. Sin embargo, dice Klein, “son tantas las crueldades y tan rápidas y sañudas que no es de extrañar que a muchos les cueste mantenerse en pie”. 

Klein no sólo se queda en la descripción de una situación, sino que hace propuestas para cambiarla. Entre ellas dice que sería muy bueno dejar de temerle a dos palabras clave: redistribuciónreparación . Estas dos palabras no le gustan a Trump y tampoco al presidente argentino, al que se lo pudo escuchar diciendo en una entrevista que estaba cansado de la palabra redistribución que era un concepto obsoleto. Es preciso remarcar que en ambos gobiernos se presentan las ideas más conservadoras y retrógradas como una manifestación de lo más nuevo en la forma de hacer política. Las nuevas posibilidades tecnológicas como las redes sociales son utilizadas precisamente para vender como novedoso teorías económicas que ya han demostrado sobradamente su fracaso para mejorar la vida de las grandes mayorías aunque han demostrado también su eficacia para enriquecer a una minoría. 

No basta con decir NO. Es necesario, además, elaborar un programa que se oponga de manera sistemática a las políticas de Trump, constituirse en una oposición activa. Las reivindicaciones que el neoliberalismo desprecia y que ha vendido públicamente como rémoras de un pasado que nos sumía en el estancamiento y como evidencias incontrastables de ingenuidad política, hoy demuestran su plena vigencia y, sobre todo, la necesidad de su aplicación.

  En el último capítulo del libro, “Dar el salto”, Klein asegura que su país natal, Canadá, enfrenta la crisis más severa de su historia reciente. Como ejemplo señala las cicatrices de la pobreza y la desigualdad como consecuencia de la violencia que se ha ejercido en el pasado cercano y dice que sería un buen programa volver al respeto a los derechos de los pueblos indígenas, al internacionalismo, los Derechos Humanos, la diversidad y la gestión ambiental. “Una cosa está clara –afirma- la escasez pública en tiempos de inusitada riqueza privada es una crisis fabricada, diseñada para apagar nuestros sueños antes de que nazcan.”

Hay que recalcar que Argentina figura en el libro de Klein bajo el subtítulo “Cuando Argentina dijo NO” (págs.221-224). La autora  dice que aprendió mucho en la Argentina de fines del 2001 y principios de 2002. Cuenta la ida de De la Rúa en helicóptero con la gente en la calle a pesar de la represión y de los muertos, el “que se vayan todos”, la formación de asambleas barriales muchas de las cuales “tenían tanto de terapia de grupo como de reunión política”. “Desde abajo –dice-  reescribieron la historia de una nación. Los cambios políticos que surgieron del levantamiento de Argentina estaban muy lejos de ser utópicos. El Gobierno que terminó restaurando la democracia, liderado por Néstor Kirchner y luego por su mujer Cristina, leyó a la perfección lo que ocurría en las calles y supo canalizar el espíritu y las exigencias suficientes como para presidirlo por más de una década (aunque perjudicado por los escándalos).”

Sería bueno que Klein volviera hoy a Argentina y pudiera ser testigo de la situación actual. Resultaría útil para Argentina comprobar cómo se ven desde afuera las actitudes de un gobierno cuyas políticas son tan “surrealistas” como las de Trump.

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