Diego, las Madres y las Abuelas: una costumbre que se sostiene en el tiempo

Maradona, como ya lo había hecho con Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto, recibió a Taty Almeida después de una práctica de Gimnasia. La historia de un 10 que juega de memoria.

(Foto: Eva Pardo)
26 de enero de 2020

-Es Maradona, carajo.

Taty Almeida agarró el bastón con su mano derecha y con la otra gesticuló para intentar transmitir esa sensación que no terminaba de encontrar cómo salir a través de las palabras. Sus ojos apuntaban al verde impecable de una de las canchas de Estancia Chica, el predio de Gimnasia en el que acababa de conocer a Diego Maradona. Haber recorrido el mundo levantando la bandera de la memoria y ser una de las referentes indiscutibles del movimiento de Derechos Humanos en la Argentina no le impidió emocionarse delante de ese mito viviente al que un colaborador del Lobo, parafraseando al cantautor cubano Silvio Rodríguez, definió como "un animal de galaxia". Por eso lo vio irse hacia el entrenamiento en un carrito que oficiaba de auto y soltó una frase de no creer: "Parece mentira el abrazo que nos dimos".

Ya se lo había avisado Diego a su círculo íntimo: "Si es necesario, paro la práctica para saludarla". Taty llegó temprano, acompañada de su hija y de su yerno, y se sentó a esperar en el hall del campus con la estampa de Carlos Timoteo Griguol cuidándole la espalda. Fiel a su estirpe curiosa, atosigó a preguntas sobre la actualidad de Gimnasia a la fotógrafa Eva Pardo, gestora clave del encuentro. Llegado un rato antes directamente desde Venezuela, Maradona estaba terminando de mirar unos videos junto a su cuerpo técnico. Apareció minutos después de las 5, con los anteojos de sol puestos y un aura de calidez que impregnó el ambiente inmediatamente.

–Sos el 10 y lo vas a seguir siendo por siempre.

–Me da mucho placer que estés acá.

El 16 de junio de 2010, en el Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria, en pleno Mundial de Sudáfrica, Maradona interrumpió la rutina de la Selección y recibió a Estela de Carlotto, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo. "Me encantó la ternura de sus palabras", resuimó Estela aquel momento.



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El 2 de noviembre de 2019, en el Estadio Juan Carmelo Zerillo, en la previa al clásico que Gimnasia y Estudiantes disputaron por la duodécima fecha de esta Superliga, Maradona modificó su recorrido hacia el banco de suplentes para saludar a Hebe de Bonafini, tripera, platense y presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Además, le regaló una camiseta del Lobo autografiada por él: "A Hebe con amor".

El 23 de enero de 2020, un día antes del partido que su equipo y Vélez empataron 0 a 0 en El Bosque, Maradona acomodó su agenda para charlar un rato en Estancia Chica con Taty, una de las madres más emblemáticas entre las tantas madres emblemáticas que pelearon –y siguen peleando– por mantener viva la memoria en la Argentina. "Me regaló un libro de poemas que escribió Alejandro, su hijo desaparecido. Muchas gracias Taty, por todo lo que hacés por los derechos humanos", posteó el agasajado en su cuenta de Instagram.

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A Laura, la hija de Estela, la secuestraron en noviembre de 1977. A Jorge y a Raúl, los hijos de Hebe, se los llevaron el 8 de febrero de 1977 y el 6 de diciembre de 1977. Y a Alejandro, el hijo de Taty, lo desaparecieron el 17 de junio de 1975. Los cuatro son parte de esa porción de la sociedad a la que el genocidio buscó eliminar a través de un plan sistemático de exterminio. Los cuatro son parte de una generación que, entre tantas cosas que el terror le arrebató, no pudo disfrutar de los momentos más encumbrados de la carrera de Maradona como futbolista profesional. A su manera, Diego también se las arregló para gambetear el olvido: se abrazó con Estela, Hebe y Taty y los 30 mil.

Maravilla que forma parte de esa cadena de maravillas, el contacto del último jueves incluyó una excepción histórica: justo en un escenario de fútbol, Diego no vio venir una jugada. Es que Taty abrió su cartera, sacó el libro que contiene los 24 poemas que escribió su hijo Alejandro y se lo entregó en mano y con un mensaje potente: "Ale es uno de los 30.000 agujeros que tenemos como sociedad". Diego levantó las cejas, le acarició el antebrazo y se puso a hojearlo. "Ya vas a tener tiempo de leerlos", agregó uno de los emblemas de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, quien aclaró que la visita era de carácter personal y no institucional.

Militante a toda hora, Taty aprovechó el ida y vuelta repleto de afecto para lanzarle una invitación: "No te olvides de venir a la casa de las Madres. Te estamos esperando". Lo que no se animó a contarle es el cálculo que había sacado durante el viaje hasta Estancia Chica: Ale, el autor del conmovedor poema que dice "quisiera decirte mamá / que parte de lo que fui / lo vas a encontrar / en mis compañeros", no alcanzó a verlo jugar a Diego en Primera porque lo secuestraron 491 días antes de que Maradona debutara en Argentinos ante Talleres de Córdoba.

Diego sintetizó el encuentro con una foto en su Instagram. "Te llevo en el corazón" es la oración que cierra el texto asociado a esa imagen.

Se puede leer también de otra forma: es Taty, carajo.

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