Djibril

Opinión
Por Ronen Suarc - desde Nueva York, Estados Unidos
30 de agosto de 2020

Es la historia de un joven afro americano en Nueva York. Como tantas. En su mayoría, los afroamericanos o black guys viven en sectores puntuales de la ciudad. Son como Ghettos: Harlem, Queens, Jamaica. Desde ya, venir de esos sectores designados marca un destino para los niños y jóvenes, acá en los  Estados Unidos. Son las víctimas de New York, una ciudad con mucha más pobreza de la que se imaginan.

Él es Djibril. Es un joven afrodescendiente de 20 años trabaja como profesor de boxeo. Nos conocimos en una movilización de Black Lives Matter. Él lucha por sus derechos desde sus redes sociales expresando ideas concretas de por qué se siente relegado en la sociedad y manipulado por la supremacía blanca. Como otros, como tantos, pero debemos reconocer que esa supremacía blanca la ejercemos los que vivimos aquí, en esta ciudad mágica. Los peores trabajos siempre están disponibles para afroamericanos e hispanos No hay blancos abriendo las puertas de los edificios donde viven los millonarios blancos, sólo black guys e hispanos.

Djibril es un joven con mucha ilusión de cambiar el mundo. Lee mucho e intenta tomar acción cada vez que puede contra las injusticias. Sus referentes son Martin Luther King y John Lewis luchadores incansables por el “Black Lives Matter”. Vive en casa de sus padres y el dinero que gana no le va a alcanzar para ir a la Universidad, un lugar al que, por otro lado, rechaza porque, afirma, es una institución que siempre manifiesta una hegemonía blanca en los conocimientos que proporciona.

La discriminación y la situación de hartazgo de la comunidad negra en Nueva York es insostenible y todos los días se padecen situaciones de violencia por parte de la policía, de las autoridades y la supremacía blanca, o sea de todos nosotros. Esto solo cambiará el día que Djibril pueda tener libertad de vivir donde quiera y pueda acceder a las oportunidades que están reservadas para los privilegiados blancos. No será sencillo. Aunque esa utopía parezca ahora un poco más factible. 

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