Dos testimonios clave en el juicio del Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y El Infierno de Avellaneda

Ambos testimonios forman parte del registro audiovisual del juicio contra Miguel Etchecolatz, en 2006. Nilda Eloy y Alcides Chiesa quienes contaron el recorrido por centros clandestinos de detención comandados por el represor. 

(Foto: Telam)
18 de noviembre de 2020

Se realizó la cuarta audiencia del juicio que imputa a 19 represores por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y El Infierno de Avellaneda. El proceso que comenzó el 27 de octubre tuvo en esta ocasión la proyección de las exposiciones de Nilda Eloy, sobreviviente quien pasó vejaciones en seis de los Centros Clandestinos y de Alcides Chiesa, quien pudo sobrevivir a su paso por el Pozo de Quilmes. Los testimonios que se proyectaron son parte del registro audiovisual del juicio en 2006 contra Miguel Etchecolatz y el debate denominado Circuito Camps del año 2011.

“Fui secuestrada el 1° de octubre del 76, esa noche en las casas de mis padres irrumpió una patota de más de veinte personas, la cual estaba al mando de Miguel Etchecolatz. Me tabicaron y me subieron a un Dodge 1500, celeste me tiran al piso del auto en la parte trasera, era escoltada por dos personas más, en el asiento de acompañante estaba Etchecolatz, fui trasladada a lo que fue mi primer lugar de detención el Centro Clandestino de Detención La Cacha. Al llegar al lugar, inmediatamente fui ingresada a la sala de torturas y torturada con picana eléctrica cuando termino la primera sesión, yo reconozco entre las voces a un oficial de policía, quien mantenía una relación de amistad con la familia de mi madre, en ese momento lo llamo por el apellido y eso provocó que me volvieran a picanear. El hombre era el oficial Lara”, detalló Eloy.

Días más tarde fue trasladada hacia el Pozo de Quilmes, junto a casi 30 personas, en un camión. Durante el traslado simularon fusilamiento en un lugar que, por la distancia recorrida y el olor a pasto, supusimos que era el Parque Pereyra Iraola. Recordó: “Nos bajaron de a grupos, nos obligaron a arrodillarnos en el suelo y nos gatillaron con un arma descargada en la nuca” dijo.

En el Pozo de Quilmes, permaneció por tres días. “Nos ingresan a través de un garaje por una escalera empinada quedo en primer piso, pero los tres pisos de calabozos estaban llenos, ahí fui conducida primero a un calabozo y después a un baño, donde estaban Emilce Moler Patricia Miranda y otras chicas” describe detalladamente parte de la estructura edilicia de aquel Centro Clandestino. Miranda y Moler, sobrevivientes del horror denomina La Noche de los Lápices en septiembre de 1976 en La Plata.

Nilda luego ser trasladada al Pozo de Arana. A fines de octubre, la trasladaron con un grupo al centro clandestino El Infierno. Las condiciones allí eran durísimas: permanecían todo el tiempo con las manos atadas atrás, tabicados, encapuchados y demás aberraciones.

Con el correr de los días en cautiverio, comenzó para ella la etapa más espantosa. El hecho de ser la única mujer con permanencia estable en el lugar, era aprovechado por los interrogadores para torturarla con el fin de escuchar gritos de mujer. Les hacían creer a los otros detenidos que sus gritos eran de sus madres, hermanas o hijas, como otra forma de tormento. Nilda sufrió abusos sexuales y violaciones, entre otros, de parte del cabo de la Policía Miguel Ángel Ferreyro.

Eloy era una joven estudiante platense, con interés por el arte sufrió la detención ilegal hasta agosto del 77, tras lo cual fue legalizada como presa a disposición del Poder Ejecutivo. En ese periplo sufrió torturas y vejaciones en 6 de los Centros Clandestinos del denominado “Circuito Camps” como La Cacha, el Pozo de Quilmes, el Pozo de Arana, el Vesubio, el Infierno y la Comisaría 3ra de Valentín Alsina. Recuperó su libertad recién a principios de 1979 desde la cárcel de Devoto.

Fue testigo clave para lograr la condena del ex comisario de la Policía bonaerense Miguel Ángel Etchecolatz en el juicio que se realizó en su contra en el 2006 por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar (1976-1983).

Además, fue una de las primeras personas en advertir y denunciar la desaparición de Jorge Julio López, quien también declaró contra Etchecolatz. López desapareció en de septiembre de 2006 en vísperas de que se conociera la sentencia. Aquel 18 de septiembre de 2006 se tenía que leer el alegato de la querella en el juicio contra el represor Miguel Etchecolatz, Director General de Investigaciones de la Policía Bonaerense entre 1976 y 1979, y el principal testigo de la causa: Jorge Julio López, nunca llegó al Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata donde se desarrollaba el juicio. Nunca más se supo de él. Nilda fue parte de quienes lucharon activamente todos estos años por la aparición con vida de López y para que no hubiera un manto de impunidad.

La otra declaración fue la de Alcides Chiesa cuyo testimonio alude a los crímenes cometidos en el Pozo de Quilmes. Alcides Chiesa, era militante de la Juventud Peronista y trabajaba en los barrios carenciados. Fue secuestrado, el 15 de octubre de 1977.

“Me ponen un pulóver en la cabeza y me llevan hacia la Brigada de Quilmes, reconocí el lugar debido al ruido que se oía, al correr un portón. Algunos años antes, había realizado trabajos de carpintería en ese lugar y conocía muy bien ese sonido, debido a una falla en la construcción del mismo recuerda al detalle y continúa. Al llegar me desnudan me recuestan sobre unos elásticos y me empiezan a torturar con picana eléctrica, a las horas traen a mi mujer y me torturan delante de ella, por un tiempo prolongado el cual no recuerdo, me torturaban todos los días”, explica en su relato y agrega: “En varias oportunidades pensé en terminar con la tortura, alguien me había dicho que cuando a uno le pasan picana eléctrica, si toma agua le puede provocar un ataque cardiaco, donde estaba escuchaba que cerca había una canilla la cual estaba floja y goteaba entonces, me acerque a los saltitos ya me encontraba atado de pies y manos y me puse a tomar agua pensaba que lo mejor que me podía pasar en ese momento era sufrir un ataque y que esto termine” afirmó en el registro audiovisual del juicio denominado Circuito Camps.

Lo mantuvieron detenido durante dos meses en la Brigada de Quilmes y en el centro clandestino de detención Puesto Vasco. Lo liberaron, pero un tiempo después volvieron a detenerlo y estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) desde julio de 1978 a enero de 1982 en la Unidad 9 de La Plata y el penal de Rawson hasta que logra irse del país, trabajando desde entonces en Alemania donde continuó vinculado al cine documental. De retorno a la Argentina en 2012 declaró como testigo ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que juzgaba los crímenes del llamado Circuito Camps.

Fue presidente del Consejo Asesor del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales en 2014 y cuando falleció se desempeñaba como prosecretario General de la Comisión Directiva de Directores Argentinos Cinematográficos.

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