Dujovne va a Washington para pedirle al FMI mayor flexibilidad monetaria

Visitará el jueves a Christine Lagarde. Quiere apurar el visto bueno para que Hacienda pueda vender dólares. También verá a empresarios petroleros en busca de inversiones.
(Foto: Mariano Martino)
Por Marcelo Colombres - @econocolombres
10 de Marzo de 2019

Los nervios causados por el renovado empuje del dólar alteraron las prioridades en el ya programado viaje de Nicolás Dujovne a Estados Unidos. El encuentro con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, ganaron protagonismo en la agenda del ministro de Hacienda, que también contempla reuniones con empresarios del sector energético para interesarlos en invertir en el país.

La visita a Lagarde será mucho más que protocolar y se producirá en momentos en que el gobierno tiene dos necesidades urgentes que resolver. La primera es confirmar el envío de los U$S 10.700 millones que el Fondo prometió para el 15 de este mes, en el marco del préstamo stand by acordado en junio del año pasado y ampliado en septiembre. Para eso, el directorio de la entidad debe analizar el informe que elaboró la misión técnica que estuvo en Buenos Aires en febrero. Se descuenta que el texto será aprobado y así se destrabará el tramo, el cuarto de los 13 previstos. Con ese desembolso, Argentina habrá recibido el 69% de los casi U$S 57 mil millones pactados.

Manos libres

La segunda cuestión es mucho más práctica y tiene que ver con la escasa libertad del gobierno para intervenir en el mercado del dólar y calmar el nerviosismo que ya se evidenció esta semana, cuando el billete pasó los $ 43 y tocó su récord histórico. El Fondo, devoto creyente de la libre flotación de la moneda, quiere que las divisas enviadas permanezcan en la bóveda del Banco Central, para capitalizar una entidad cuyas reservas son mayoritariamente encajes de depósitos privados y asientos contables de un intercambio con el Banco de la República Popular de China.

La carta de Dujovne, tal como anticipó este diario la semana pasada, es tener las manos libres para usar los dólares obtenidos por el gobierno a través de la colocación de Letes, que en algún momento deben ser convertidos a pesos para financiar gastos corrientes del Estado. La discusión sobre la manera en que se pondrán a la venta esos dólares se dilata, porque el FMI no quiere que sean tirados a la marchanta a razón de cientos de millones por día. Ese era el método que usaba Luis Caputo (a quien la mesa chica del gobierno llamaba El Messi de las Finanzas) cuando estaba a cargo del Central, sin poder evitar que el tipo de cambio subiera 40% en sus tres meses de gestión. Dujovne, se espera, buscará el visto bueno para disponer ya mismo de ese colchón, cercano a los U$S 10 mil millones, con tal de frenar la incipiente nueva corrida cambiaria.

Hasta que ello no ocurra, el acuerdo con el Fondo establece que la única intervención oficial podrá realizarse a través del Banco Central, sólo cuando la divisa supere el techo de la zona de libre flotación, actualmente pautada en $ 50,23. De ello se desprende que el dólar podría subir otro 20% sin que la autoridad monetaria pueda hacer nada, lo que sería una catástrofe para el plan oficial de mantener la divisa tranquila como ancla para la inflación.

Mientras no cambie el panorama, las únicas herramientas que tendrá el Central para impedir otra corrida serán subir la tasa de interés, que este viernes rozó el 60%, y vender en el mercado de futuros, una práctica de la que el gobierno abjuró públicamente. Más aún, a poco de asumir denunció a la expresidenta Cristina Kirchner y su equipo económico por haberla usado en 2015 con el fin de calmar expectativas de una devaluación que finalmente se consumó bajo la gestión de Cambiemos.

Fotos y Vaca Muerta

Las otras reuniones que Dujovne mantendrá en Washington entre miércoles y jueves también tendrán voltaje político. Allí se verá y sacará fotos con Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro del gobierno de Donald Trump; su segundo David Malpass, quien además es número puesto para ocupar la presidencia del Banco Mundial; y Luis Alberto Moreno, titular del BID. Todos ellos gozan de acceso a billeteras importantes de las que puede salir buena ayuda para la Argentina.

Previamente, el ministro pasará por Houston para participar del Cera Week, un tradicional encuentro de empresarios del sector de la energía. Allí dará una charla organizada por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, en la que se aguarda la presencia de los principales inversores de la industria petrolera para interesarlos en el potencial del yacimiento Vaca Muerta y que inviertan en la región. Entre las empresas con las que tomará contacto se cuentan Chevron, Shell, Americas Total, Exxon, Spectrum y Petronas. De las reuniones participará el secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. «

Efectos de la recesión alertan que por la caída en la recaudación peligra el objetivo del déficit cero

El ambicioso objetivo autoimpuesto por el gobierno de eliminar el déficit fiscal en 2019 corre peligro cierto de no concretarse por el impacto de la recesión en la cobranza de impuestos. Así lo evaluó el IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal), en base a los datos de los dos primeros meses del año.

La entidad, que se especializa en el análisis del sector público, estimó que "teniendo en cuenta el presupuesto y la estacionalidad de la recaudación de los últimos años, para estar en línea con la meta anual según el Presupuesto 2019 la recaudación debiera haber crecido un 41,9% en términos nominales durante el primer bimestre del año". Sin embargo, según informó la Afip, el crecimiento fue sólo del 40,4%. Esta variación significa una baja de $ 11.500 millones con relación a la necesaria para cumplir con el objetivo fiscal. Si la tendencia se mantuviera a lo largo del año, la recaudación estaría $ 78.218 millones por debajo de los gastos presupuestados. Esto significaría un déficit del 0,4% del PBI.

Para el IARAF, la diferencia la marcaron dos ítems: los aportes a la seguridad social, que cayeron un 13% por la rebaja en las contribuciones patronales; y los derechos al comercio exterior, ya que la importación cayó fuertemente tras la devaluación y la exportación no creció todo lo que esperaban las autoridades.

El gobierno se había comprometido ante el FMI a que no habría diferencias entre los ingresos y egresos fiscales (antes del pago de los intereses de la deuda). Sólo se reservó una cláusula de salvaguarda por la cual podría tener un déficit del 0,4% del PBI para atender gastos sociales. La decisión presidencial de anticipar la suba de la Asignación Universal por Hijo ya consumió la mitad de ese margen. «

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