“Échale un ojo a Kirchner”

La perspectiva política de Fidel sobre el gobierno de Néstor Kirchner, que recíen comenzaba. Una amistad que fue clave para el avance posterior en las propuestas de integración regional.
13 de Agosto de 2016

Fidel Castro y Néstor Kirchner construyeron una relación de confianza en muy poco tiempo. El vínculo entre ambos, sin embargo, fue una de las primeras señales del cambio de rumbo entre los países de la región.

El fallecido líder venezolano Hugo Chávez contó cómo fue que Fidel le recomendó, mientras participaban de una reunión en Brasil, prestarle atención a Kirchner. “La primera cumbre a la que asistimos Fidel y yo fue en Brasil y él me dijo, como buen lobo de mar, `Chávez, échale un ojo a Kirchner`, pronunciando fuerte la `ch`”.

Fidel ya conocía a Kirchner: había participado de la asunción del argentino, el 26 de mayo de 2003. En ese entonces, Castro entró a la Casa Rosada y fue recibido con todos los honores, en lo que fue su primera visita al país desde 1959. Mantuvo una reunión de una hora con Kirchner. Hablaron sobre la necesidad de que Argentina, Brasil y Venezuela impulsen un cambio en la región. “Cuando quiera está invitado a La Habana, siempre que no le genere problemas”, le dijo entonces Fidel a Kirchner, en alusión al “enojo” que podría causar en el presidente estadounidense George W. Bush una eventual visita del argentino.

Luego, el comandante cubano dio una charla en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA, donde pronunció su único e histórico discurso en el país. "Los soñadores no existen, se lo dice un soñador que ha tenido el privilegio de ver realidades que no fue capaz de soñar. No lo considero un mérito, sino también privilegio y azar afortunado de vivir, a pesar de los cientos de planes por acelerar mi viaje hacia la tumba, con lo cual me han hecho un enorme favor, obligarme a perder todo instinto de preservación y conocer que los valores sí constituyen la verdadera calidad de vida, la suprema calidad de vida, aun por encima de alimento, techo y ropa”, aseguró ante miles de jóvenes que lo ovacionaron. Y cerró su discurso con una frase contundente: “Un mundo mejor es posible”. Se fue encantado de la Argentina, pero a los pocos días se reveló que estaba enfermo y debió resignar paulatinamente sus cargos debido a su estado de salud.

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