Eduardo Levy Yeyati es ingeniero civil pero alcanzó notoriedad por su profesión de economista desde la consultora Elypsis. Hasta hace pocos meses dirigió Argentina 2030, un programa que agrupa a intelectuales cercanos al macrismo y que busca diseñar un camino de crecimiento para el país. Esa ruta parece haberse desviado por la crisis aunque para el decano de la Escuela de Gobierno de la facultad Di Tella, «la estrategia del gobierno es ajustar ahora para evitar una recesión». Levy Yeyati asegura que el de esta semana es «el primer test importante de la coalición Cambiemos» pero se muestra optimista: «Si se reconoce el cambio de situación y la necesidad de un nuevo guión con objetivos y mensajes realistas, superará el examen con creces y llegará fuerte y con buenas chances a 2019».

–Uno de los mayores interrogantes ante este escenario tiene que ver con las estimaciones inflacionarias para los próximos meses, a partir de la suba del dólar. ¿Cómo cree que evolucionará el traslado del impacto de la corrida a los precios?

–A juzgar por las últimas depreciaciones, el traslado debería ser bajo, pero dependerá de que la depreciación se vea como un reacomodamiento natural, y no como un aumento sin techo que dispare una indexación al dólar. También reflejará la fortaleza de la demanda: si la economía desacelera, será menor.

–¿Puede haber un default de las Lebac este año?

–El default suele estar asociado a la incapacidad de pago, típica de la deuda en moneda extranjera, que el Banco Central no puede emitir a discreción. En el caso de las Lebac o, más en general, de la deuda en pesos, a lo sumo lo que puede haber es una renovación parcial que libere pesos que eventualmente se vayan al dólar, pero no un default. En otras palabras, el Banco Central siempre puede emitir lo necesario para pagarlas.

–El proceso de depreciación del peso, que algunos estiman sin control, ¿busca lograr un tipo de cambio más competitivo? ¿Cree que llegará a los 26 pesos, como reclaman los industriales y también el Fondo?

–El tipo de cambio es el precio relativo entre productos nacionales y extranjeros, una medida de la competitividad precio. Pero la moneda es también un activo financiero, que reacciona a las tasas de interés: por eso el inversor redolariza sus ahorros cuando sube la tasa de la Reserva Federal. En un episodio de estrés financiero como el actual, el equilibrio del tipo de cambio es aquel que equilibra la oferta y demanda financiera, independientemente de la competitividad. Por eso es difícil de estimar en base a la competitividad. Dicho esto, un tipo de cambio real (es decir, ajustado por inflación) algo más alto ayudaría a descomprimir el mercado cambiario, y a cerrar el déficit comercial

–Usted sostuvo que el stand by del FMI habla más de la falta de progreso del organismo que de la situación del país. ¿Cuál será el alcance de las condiciones que reclamará el Fondo si prosperan las negociaciones?

–Me refería a que el stand by es un programa de preparación y desembolsos lentos, diseñado para una crisis de cuenta corriente, no para una crisis financiera, mucho más veloz. Las condicionalidades probablemente apunten a la sostenibilidad fiscal (un menor déficit primario) y financiera (preservando las reservas internacionales). Las medidas y ajustes específicos surgirán de la negociación con las autoridades argentinas. 

–Este viernes el gobierno promulgó la Ley de Mercado de Capitales. ¿Por qué sostiene que el final de las crisis de liquidez de dólares es por ahí?

–Porque una de las causas de nuestra dependencia financiera del exterior es la falta de un mercado doméstico en pesos donde financiar el déficit, y esta ley facilita el desarrollo de este mercado, sobre todo en unidades indexadas a la inflación (CER-UVA) que a mi juicio son nuestra mejor chance para combatir nuestra histórica dolarización de ahorros. Por otro lado, un mercado de capitales líquido es esencial para atraer capitales extranjeros menos volátiles que los que solemos frecuentar en períodos de apreciación cambiaria.

–El gobierno explicó que recurre al Fondo para evitar una crisis, pero niega que exista una situación grave en este momento. 

–El acuerdo con el FMI es un seguro que, si es efectivo, debería catalizar capitales privados y no debería ser usado en su totalidad. Creo que el gobierno se anticipó a un potencial problema de financiamiento externo. Esperar a que el problema se manifieste habría sido demasiado riesgoso.

–Con una pobreza del 30% y una economía informal que se expande, ¿puede generarse un ciclo recesivo que aumente el desempleo? 

–El desempleo depende tanto del empleo como del número de trabajadores que buscan, por lo que no siempre es la mejor medida de fortaleza laboral. Por otro lado, no creo que se expanda la informalidad en términos relativos, aunque sí nos cuesta, hace tiempo, crear trabajos asalariados privados. La estrategia del gobierno es ajustar ahora para evitar una recesión; el impacto inmediato del ajuste será contractivo, pero la alternativa no es el gradualismo de los últimos dos años, sino la crisis. El menú de opciones cambió: un ajuste ordenado que nos permita volver rápido al crecimiento es el nuevo gradualismo.

–En medio de la corrida, el gremio de la carne cerró una paritaria anual del 15% y metalúrgicos del 19,5%. La evolución de la inflación, ¿puede activar por anticipado las cláusulas de revisión?

–Es temprano para decirlo, dependerá de los próximos números de inflación y de la situación de la actividad económica. Sí creo que en algún momento se revisarán; no veo margen para que el salario sea el ancla nominal de la economía.

–¿Esa situación puede profundizar una crisis política, más que económica, para Cambiemos?

–Este es el primer test importante de la coalición. Creo que, si se reconoce el cambio de situación y la necesidad de un nuevo guión con objetivos y mensajes realistas, superará el examen con creces y llegará fuerte y con buenas chances a 2019. «