El "affaire Jaitt" destapó la vigencia del espionaje paralelo

La denuncia mediática que involucró a famosos y políticos en casos de pedofilia dejó al descubierto a una red clandestina de espionaje ligada a la AFI que conduce Gustavo Arribas. La trama que combina política, negocios y vendetas personales.
7 de Abril de 2018

Ese hombre, un antiguo “orgánico” de la SIDE, ocupaba una mesa en el fondo del bar de Brasil y Defensa. Allí ocurrió su encuentro con Tiempo. 

– Esta es una picardía personal de “Eduardito”. Fue él quien enganchó a la mina para este tema. 

 El diminutivo correspondía al ex agente de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), Eduardo Miragaya. Y “la mina” era Natacha Jaitt, cuyas graves acusaciones en el ciclo sabatino de Mirtha Legrand habían sacudido por igual al mundillo de los espías y a la farándula televisiva. 

–La enganchó para que se incinere. Esa fue la idea –insistió el “servis”, mientras engullía una medialuna. 

–¿Por cuenta de quién? –fue la pregunta. 

El tipo entonces se limitó a soltar dos nombres: Diego y Yanina Latorre, quienes –ya se sabe– sostienen desde el año pasado una agria disputa con la ex stripper. Y agregó los honorarios para el instigador: 70 mil dólares. 

Lástima. La primera parte de sus dichos parecían ajustarse a los hechos. Pero el remate malogró la historia. ¿Acaso su propósito era despegar a la AFI del asunto? 

Lo cierto es que aquella hipótesis ya circulaba en algunos programas de chimentos. Pero junto a otras tantas “certezas” deductivas. “Es una operación contra el gobierno”, supo afirmar la diputada Elisa Carrió. También se habla de una interna en la AFI y hasta se menciona a un empresario de medios muy interesado en adquirir el canal América, no sin antes provocar una caída en su cotización accionaria. Semejante multiplicidad de suposiciones es parte de un fenómeno que bien se podría llamar “efecto rizoma”, en alusión a la estructura de algunas plantas, cuyos brotes pueden ramificarse en cualquier punto, sin importar su forma ni su orden. Una metáfora botánica aplicable a la central de inteligencia más importante del país. De hecho, sus espías son tantos –y con lealtades tan variadas– que en realidad el affaire Jaitt puso al descubierto otro conflicto: su vidriosa autonomía frente a las autoridades políticas de turno. Un problema que ahora salpica a un número impreciso de actores del poder. 

En el plano fáctico, la performance televisiva de la señorita Jaitt fue una vuelta de tuerca en el cúmulo de adversidades que agita a la AFI. A saber: la delicada situación de su director, el traficante de futbolistas, Gustavo Arribas, por los sobornos de la constructora Odebrecht; el escándalo por el espionaje a los diálogos telefónicos de Oscar Parrilli con Cristina Fernández de Kirchner y el incierto destino de la Oficina de Captación de Comunicaciones, a cargo de las pinchaduras, junto con el derrumbe del sueño presidencial de convertirla en el eje de una megaestructura abocada al acopio de información sensible. 

En ese marco se requiere una audacia casi suicida para usar a la voluble Natacha en una operación de inteligencia. Había llegado al set de La noche de Mirtha con una parva de papeles, escoltada por su abogado, una presunta vestuarista y su hermano, Ulises, quien oficiaría como apuntador. Ya es conocido el cariz que tomaron los acontecimientos delante de las cámaras. Y los nombres que ella supo soltar. “A mí me contrató una empresa para investigar al señor que en su momento trabajaba en TN, un tal C.P. (por Carlos Pagni). Yo conozco mucho la noche. Por eso me contrataron”, esgrimió con sumo candor, para así legitimar su pretendido papel de fisgona. 

No contenta con eso, publicó luego en Twitter una foto con la mujer que la acompañaba junto al siguiente epígrafe: “Gracias @PoleroAna, gran amiga de años por couchearme en La noche de ML”. 

Trascendería con rapidez que esa mujer de 66 años era una ex agente de la AFI. En ese punto hay que reconocer que al menos una parte de los datos del veterano de la SIDE que habló con Tiempo era verosímil: la señora Ana es un alfil de Miragaya. 

No está de más reparar en ellos. 

“Eduardito”, un oscuro fiscal bendecido por el menemismo desembarcó en la AFI en junio de 2016 patrocinado por su vicedirectora, Silvia Majdalani. Su cargo: jefe de la Dirección de Inteligencia sobre Delincuencia Económica y Financiera. En su breve paso por el organismo negoció la entrega en Paraguay del “Rey de la Efedrina”, Ibar Pérez Corradi, y manipuló al abogado del hijo de Lázaro Báez para incriminar a CFK, además de no ser ajeno a la maniobra que temporalmente desplazó –con una imputación falsa– al entonces titular de la Dirección General de Aduanas, Juan José Gómez Centurión. 

La agente Polero estaba bajo su ala. Hasta entonces ella había trabajado de correctora en el portal Infobae –por eso suele presentarse como periodista–, y su ingreso al organismo fue fruto de un “pedido especial” de Daniel Haddad a la “Turca” –como le dicen sus allegados a Majdalani–. Entre las tareas a su cargo resalta haber espiado al líder de La Alameda, Gustavo Vera (uno de los tildados de “pedófilo” por Jaitt). 

En abril de 2017, un artículo publicado en el diario La Nación –con el título “El pestilente círculo negro del espionaje”– precipitó la eyección de Miragaya de la AFI. Su autor: Carlos Pagni (otro de los tildados de “pedófilo” por Jaitt). 

La “periodista” de Infobae fue echada tres meses después por la propia Majdalani, tal como ésta insiste ahora en difundir. 

No obstante en el “círculo negro” es un secreto a voces que esa dupla sigue vinculada de modo “inorgánico” a la AFI. Eso desvanece la posibilidad de que hayan actuado por su cuenta. En consecuencia, aún son parte de una cadena de mangos cuyo eslabón jerárquico es la mismísima Majdalani, quien a su vez es voz en el organismo de dos sinuosas personalidades: Daniel Angelici y Antonio Stiuso. 

No hay dudas de que el 30 de marzo se produjo en la mesa de Mirtha un momento inolvidable de la televisión argentina. Entre los invitados se encontraba un silencioso Guillermo Cóppola, cuyo único gesto no pasivo fue alcanzarle a Natacha una hoja que se le había traspapelado en el momento más picante de sus denuncias. 

 “Guillermo, vos estás en todo”, fue su frase de agradecimiento. Era como si él sólo hubiera tenido la misión de contenerla con su presencia. Al día siguiente, por las redes sociales circuló un viejo video grabado a hurtadillas a mediados del año pasado en el restaurante Río Alba, de Palermo; allí se lo ve a “Guillote” con un comensal de lujo: el mismísimo Stiuso. 

 El mundo es un pañuelo. «

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