EL CLIMA DE FRUSTRACIÓN AGITA LAS CALLES EN CHILE

Columna de opinión de Nicolás Rojas Scherer.
4 de Junio de 2016

El contexto político chileno se encuentra atravesando un momento histórico particular. Desde hace meses, la prensa hegemónica se ha visto obligada a dar cuenta de una serie de redes de corrupción, que afectarían tanto a los sectores políticos conservadores –personificados por la coalición de derecha maquillada como “Chile Vamos” (ex Alianza por Chile)– como a la centroizquierda de la Nueva Mayoría (ex Concertación).
El holding Penta, cuyo rubro son los servicios financieros, se había convertido en el accionista mayoritario de la UDI, el partido alineado a la derecha más reaccionaria del país. Andrónico Luksic, cuya fortuna escala a las primeras posiciones del ranking Forbes, es financista de la empresa Caval, cuyos sombríos manejos estuvieron a cargo de la nuera de la presidenta Michelle Bachelet, Natalia Compagnon.
La mayor empresa de minería no metálica del mundo, SQM, cuyo origen proviene de las oscuras privatizaciones de la dictadura de Augusto Pinochet y su propietario es nada menos que Julio Ponce Lerou, el ex yerno del dictador, devino en uno de los principales accionistas de ambas coaliciones de gobierno, financiando a políticos del Partido Socialista de Allende como Fulvio Rossi y entregando dinero al Partido Por la Democracia cuando Carolina Tohá, hija del gran dirigente y ministro de la Unidad Popular, era presidenta de ese partido. 
En este contexto de absoluto descrédito del sistema partidario tradicional chileno, la presidenta Bachelet ha convocado a una reforma constitucional que incluye un mecanismo de consulta ciudadana denominada “cabildos”, en el cual la ciudadanía discute derechos, deberes e instituciones que quisiera ver reflejados en la nueva carta magna.
Este procedimiento derivará en un documento que, sin embargo, sólo “será tomado en consideración” por los técnicos de gobierno que (ya) están redactando la Constitución y por tanto, no será vinculante. Lo cual equivale a decir que el documento final que emanará de la participación ciudadana, máxima expresión del poder político en una democracia real, sólo será una “fuente de inspiración” para los redactores reales de la nueva ley fundamental: técnicos y expertos sin legitimidad de base de los cuales nadie sabe nada.
Adicionalmente, la situación internacional no ayuda a un país monoexportador como el chileno. El boom de los precios de los commodities, expresados en el aumento de la demanda de China que provocó un inédito auge para las economías latinoamericanas en la última década, en Chile fue completamente desaprovechado. La falta de perspectivas de desarrollo de largo plazo se ven reflejadas en la actualidad en una complejización del desempleo, que “pareciera” expresar una situación de estabilidad en torno de un 6,4 por ciento. Sin embargo, respecto al año 2015 es 3 décimas mayor, aumentando el trabajo “por cuenta propia” en un 5,3%, lo que refleja mayor comercio informal y precarización. La gran minería del cobre, el “sueldo de Chile”, ha visto descender el precio del metal desde su máximo en 2012 hasta casi la mitad en la actualidad, lo que en las zonas mineras del país se ve representado por el aumento del desempleo y la incertidumbre que genera en la población.
Con estos elementos en juego, se percibe un sentimiento de frustración e inseguridad en la sociedad chilena. Al pesimismo de muchos, el movimiento social responde con acción. La última jugada en esta dirección fue la asumida por los estudiantes, quienes tomando las banderas de la necesidad de una reforma educacional de verdad, que asegure la educación como un derecho y no como un bien de consumo, realizaron el pasado 24 de mayo la más espectacular de las acciones performáticas que se han visto en la política chilena en las últimas décadas: haciéndose pasar por turistas y vistiendo gorros y bolsos naranjas, llevaron a cabo una “toma” de La Moneda, entrando a mansalva al Palacio Presidencial e instalando un lienzo que decía: “Notifíquese. Hoy comienza la ofensiva”.
El ambiente se caldea, especialmente en año de elecciones municipales. Y el movimiento social y los adversarios del neoliberalismo en Chile comienzan a mostrar musculatura.

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