El desapoderamiento de la familia Grassi como parte de la “guerra contra la subversión económica”

Marcela Grassi relató en el juicio oral por la causa Chavanne-Siderúrgicas Grassi lo que vivió junto a su familia cuando su padre, su tío, y varios miembros de la empresa fueron secuestrados. La amenaza de Martínez de Hoz y la transferencia forzada de todos los bienes.

1 de abril de 2021

Cuando su padre René Grassi comenzó a ser apuntado como blanco de la dictadura, Marcela tenía 20 años, por lo que recuerda con mucho detalle la amenaza del entonces ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz si no le vendía el Banco de Hurlingham, y el momento en que se lo llevaron secuestrado la noche del 13 de septiembre de 1976. También revela cómo vaciaron las cuentas y obligaron a su mamá a firmar la sesión de todos los bienes que poseía la familia mientras su padre todavía estaba detenido.

Marcela declaró como testigo este martes ante el Tribunal Oral Federal 5 en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que se le sigue al ex titular de la Comisión Nacional de Valores durante la dictadura cívico militar, Juan Alfredo Etchebarne, y a Raúl Antonio Guglielminetti, alias Mayor Gustavino, exagente civil de Inteligencia del Ejército.

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En la causa se investigan los secuestros y tormentos sufridos por 28 personas entre 1978 y 1979 vinculadas a los grupos económicos Chavanne e Industrias Siderúrgicas Grassi, acusados por la CNV de “subversión económica” tras la compra del Banco de Hurlingham a la familia Graiver.

“El Banco de Hurlingham fue una excusa”, señaló Marcela y agregó: “Esa es la mentira. El armado de una causa en la que luego de unos años quedó demostrado que todos fueron absueltos. Los 28 que usted Etchebarne se cargó, fueron todos absueltos después de unos años y si mi papá no se hubiera muerto en un accidente muy extraño a los 8 meses de haber sido liberado también hubiera sido absuelto”.

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"No te voy a dejar en paz"

Industrias Siderúrgicas Grassi había pasado de una planta de ferroaleaciones fundada en los 50’s que proveía insumos a fábricas de acero a un grupo económico de varias empresas integradas y más de 2000 empleados. René, padre de Marcela, se dedicaba a las finanzas del grupo y su hermano Luis a la parte industrial.

Los hechos se desencadenaron rápido. Marcela recuerda que los Chavanne, con quienes tenían negocios desde 1973, le debían dinero a la empresa y les transfirieron el Banco de Hurlingham como pago, ya que ellos no lo podían gestionar.

En junio de 1978, Martínez de Hoz mandó a llamar a René Grassi durante un congreso de finanzas y le dice: “Queremos comprar el Banco de Hurlingham”. Sorprendido, Grassi le dijo que no estaba a la venta y el ministro le contestó: “No sabés lo que estás haciendo, hasta que no te vea arrastrarte por el piso no te voy a dejar en paz”. “Pasaron 43 años y aún me estremece el sonido de esa frase”, revive Marcela.

Un mes después, escuchó por primera vez el apellido Etchebarne. El funcionario había participado personalmente de un allanamiento a las oficinas de Grassi. “Vino con toda la carga, la policía bancaria, la DGI, todo un alboroto, prepotencia maltrato”, recordó.

El 13 de septiembre de 1978, Industria Siderurgica Grassi saca una solicitad en los diarios nacionales informando que se hacía cargo del Banco de Hurlingham. Esa misma noche, fue secuestrado René Grassi.

“Eran las 21, 21.30, mi papá estaba en pijamas hablando por teléfono con un amigo, contándole lo que le había pasado con Martínez de Hoz, el avance de Etchebarne sobre las oficinas. Y suena el timbre. Era un personaje alto, de campera negra, que me dice: “Soy el Mayor Gustavino y vengo a buscar a su papá de parte del general Suarez Mason”.

René fue el primero en ser secuestrado. Le siguieron directivos de ambos grupos, abogados, familiares y empleados, que fueron llevados a Campo de Mayo, donde, además de militares, había contadores y abogados de la CNV y el Banco Central.

Una semana después, Marcela recuerda otro operativo en su casa. Esta vez buscaban el portafolios de su papa, donde guardaba chequeras y documentos, y a su tío. Como no estaba, se lo llevaron a su hermano como rehén hasta el día siguiente. “En las cuentas después no hubo un peso, desapareció la plata mientras mi papa estuvo desaparecido”, cuenta.

El 21 de diciembre, tras más de dos meses en Campo de Mayo, René Grassi fue legalizado a disposición del PEN. Mientras tanto, personas ajenas a la familia se hacían cargo de la dirección de la empresa. Unos días después, Marcela fue con su mamá a la sede de Rosario. Les hicieron transferir todas las acciones de una sociedad de su padre, donde tenían todos sus bienes: casas, autos, campos. “Nos dicen que habíamos hecho muy bien en firmar, porque nos asegurábamos nuestra vida y la de mi papá”. René Grassi y la mayoría de los detenidos recuperaron la libertad durante 1979.

El juicio

“Mis hijos y sobrinos hoy no pueden creer que esté acá sentada, porque era algo que nunca llegaba. Ellos vivieron esta historia con dos madres quebradas, en estado de shock, temerosas, en pánico, con sentimientos de abuso, injusticia, inequidad, abandono. Crecieron pensando que esta historia era una especie de nube negra sobre nuestras casas y que nunca vendría un viento de justicia para poder ver con claridad lo que había pasado”, dijo emocionada al comienzo de la audiencia.

En varios tramos de su declaración, Marcela le habló a Etchebarne, a quien apuntó como uno de los responsables. “No puedo entender qué fuerza demoniaca lo condujo a armar semejante destrozo de una familia completa, un padre, una madre, cuatro hijos chicos, la más chica 9 años, y todo lo que nos constó recomponernos, y todavía no lo logramos, lo vamos a lograr en el momento en que esto se cierre”, manifestó.

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