El gigante que siempre disfrutó de los desafíos

Cuando era chico, Del Potro jugaba con los más grandes. Aunque le costara, daba vuelta partidos imposibles. Lo cuenta el Negro Gómez, su maestro en Tandil. Eso explica también por qué logró cumplir uno de sus sueños: ganar la Copa Davis.
3 de Diciembre de 2016

Juan Martín del Potro sale de la cancha en camilla. Tiene 12 años y acaba de perder una final para Argentina en un Sudamericano. “Estábamos en Porto Alegre jugando la final contra Brasil. Hacía mucho calor y el público lo había hostigado todo el partido. Y en el tercer set se desvaneció ahí, pobrecito, en plena cancha. A partir de ese Sudamericano Juan Martín dejó el fútbol y empezó a jugar de manera más seria al tenis. Decidió su futuro”. Marcelo Gómez lo recuerda bien porque estaba a su lado como siempre: fue el maestro, el formador de Del Potro por más de una década. A los 28 años, Del Potro es el deportista argentino del año. No hay dudas. Su foto levantando la Copa Davis es el sello de su vuelta, de su esfuerzo, de su amor propio para superar el dolor y su cabeza. Y hoy, como quizás no imaginó en este año, se metió en la historia grande del deporte nacional, casi al nivel de Guillermo Vilas. “Fin de la película”, escribió en su Facebook con esa foto, la de él y la Copa. Es cierto que es el fin de una historia que empezó en Tandil con Gómez hace muchos años y con un sueño que en Zagreb se hizo realidad. “Desde chico siempre le gustó competir por el país. La Davis era un sueño para él. Cada vez que representaba al país daba el máximo, le encantaba jugar en equipo, lo disfrutaba mucho. Por eso, cuando no estaba jugando la Davis, yo sabía que él quería estar ahí porque por supuesto la Copa era un objetivo para él. Y este año, en un año tan maravilloso, se le pudo dar. Es un gran tipo, un gran trabajador y sufrió mucho. La Davis era una cosa que se le negaba, no tenía una buena devolución cuando la jugaba, se dijeron muchas cosas que no fueron ciertas. El trabajo y la dedicación hizo que la pueda conseguir”, recuerda desde Estados Unidos el Negro Gómez, un formador de talentos en Tandil. En la Florida, y acompañando a dos chicos en su rol dentro del área de Desarrollo de la AAT (también asumió como capitán de la Fed Cup este año), Gómez siguió la serie contra Croacia y al final pudo cumplir su promesa: se tiró vestido con la camiseta de la Argentina a la pileta del hotel. “Cuando Juan iba 0-2 contra Cilic se me vinieron a la cabeza muchas cosas porque realmente no estaba jugando bien, no podía encontrarle la vuelta al partido. Pero cuando se fue al vestuario y volvió, empezó a jugar, a sentir más el juego. Y cuando le pegan al ball boy y él tiene ese gesto… Yo lo conozco, y cuando hace esas cosas es porque realmente está empezando a disfrutar. También cuando entra el árbitro general y le acaricia la cabeza y bromea con él porque había tardado mucho en un punto. Lo mismo: ahí vi que ya empezaba a sentir el partido y a disfrutarlo. Y cuando disfruta saca lo mejor de él. Ahí empecé a tener fe y lo comenzó a dar vuelta, a tirar los tiros que nos tiene acostumbrados cuando está bien. Esa Gran Willy que quedó registrada son esos puntos que él arma, disfruta y después nos quedan para siempre. Cuando ya ganó el cuarto set les dije a los chicos que ahora la ganaba y me miraron como diciendo que era muy difícil, pero les dije que ya estaba en ritmo, en juego, que no lo soltaba más. Así fue”, cuenta. Esa remontada heroica para Gómez no fue nueva: “Me hizo acordar a cuando era junior, que hacía lo mismo, jugaba partidos con chicos más grandes que él, de dos o cuatro años más y siempre que empezaba había una diferencia física que lo abrumaba, lo tenían de acá para allá, pero se las rebuscaba y daba vuelta partidos imposibles. De chico siempre le gustaba enfrentar a los más grandes, hacerles partido y ganarles. Y si no podía al otro día quería volver a intentarlo. Era muy insistente, muy competitivo”. En esa etapa formativa Gómez tuvo en claro siempre que estaba ante un jugador distinto: “A los 8-10 años ya me daba cuenta de que iba a ser diferente. Si todo se hacía bien y si nosotros, el padre y yo, hacíamos lo correcto y lo desarrollábamos bien, teníamos un futuro top ten”. El futuro del tenis de Del Potro es imposible de delimitar. “Lo que logró, las medallas de los Juegos Olímpicos y esto es lo máximo que puede aspirar un tenista. Creo que todo potencia, esto relaja, esto va hacer que la cabeza no esté pensando tanto en ese sueño que era la Davis sino en que se enfoque en sus objetivos prioritarios. Va a volver a jugar, no va a relajarse, pero estas cosas empujan a que los deportistas de su nivel realicen cosas muy importantes y me parece que eso es lo que va a pasar”.

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