El gran tabú del fútbol

Columna de opinión de Breiller Pires, periodista brasileño.
2 de Abril de 2017

Para aquellos que conocen de cerca el universo fútbol, el abuso sexual en las divisiones juveniles no es exactamente un secreto, pero quizá sea el más grande tabú. Como en Inglaterra y Argentina, que ahora se choca con graves acusaciones en Deportivo Mac Allister, casos de violencia sexual contra niños en Brasil se remontan a la década de 1930, cuando entrenadores cambiaban golosinas y gaseosas por algunos minutos de intimidad con los chicos en las playas de Copacabana. Desde entonces, en docenas de clubes, como Corinthians, Flamengo, Grêmio y Vasco da Gama, se han protagonizado escándalos sin puniciones.

En 2012 propuse una investigación sobre el asunto a la revista Placar. Después de 13 meses, publicamos un dossier que revelaba 22 casos en el fútbol brasileño en un período de dos años. El reportaje motivó investigaciones en las comisiones especiales de Trata de Personas y Explotación Sexual de Niños en el Congreso. Había un dato peculiar: muchos de los acusados, entrenadores y dirigentes, habían trabajado en equipos tradicionales, pero estaban exiliados en clubes pequeños, sin ninguna visibilidad, que, como en el caso argentino de Mac Allister, contribuye para la ocultación de denuncias.

Dejé Placar en 2015, pero todavía sigo investigando casos de abusos sexuales, trata y explotación de niños en el fútbol. El número de casos sigue creciendo de manera alarmante en Brasil después del Mundial 2014. En los últimos cinco años, ya son casi un centenar de registros en tribunales y policía. Un número que puede llegar al millar, ya que, según los datos más recientes, solo el 7% de los episodios de violencia sexual contra niños y adolescentes son denunciados en la Justicia brasileña. Se suma a esto el hecho de que el abuso sexual a niños es todavía más ocultado debido a una distorsión machista que asocia la homosexualidad a prácticas criminales. En verdad, el abuso sexual es la punta del iceberg de un universo extremadamente competitivo que suele tratar a niños como adultos.

Tras la publicación del dossier, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) promovió al Congreso la adopción de diez medidas para prevenir el abuso sexual y la trata de niños. Sin embargo, la CBF simplemente no efectuó ninguno de los compromisos asumidos en la víspera del Mundial 2014. Bajo la indisoluble complicidad de clubes, dirigentes y asociaciones, la mayoría de los niños "invisibles", hijos de familias pobres, siguen violentados por las formas más terribles en nombre del sueño de convertirse en un Neymar. Y eso es mucho más grave que cualquier 7-1.

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